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La producción de Codigo Negro

Desde que se conocieron hace 30 años, Steven Soderbergh y David Koepp se han vuelto dos de los cineastas más exitosos de Hollywood, con una serie de éxitos de la crítica y éxitos comerciales que rara vez ha sido igualada. En esta última película, Código Negro, es la tercera vez que hacen equipo como director y escritor respectivamente, es un drama de espionaje poco convencional que lleva al público tras los bastidores de una búsqueda ultrasecreta de un doble agente y en las vidas personales de dos agentes de espionaje de élite, que además están apasionadamente enamorados.
La clave del éxito de sus colaboraciones es lo que Soderbergh describe como la misma cantidad de respeto y falta de respeto que hay entre ellos. “Obviamente, David es muy bueno en su trabajo y creo que en general le gusta cómo dirijo”, explica. “Sabiendo eso, nos sentimos cómodos siendo honestamente críticos el uno con el otro. Ninguno de los dos siente la necesidad de ofuscarse”.
La idea para Código Negro se le ocurrió a Koepp mientras hacía trabajo de investigación para el primer capítulo de la taquillera franquicia de Misión: Imposible. Entrevistó a varios agentes de inteligencia y quedó fascinado por sus vidas personales. “Todo el asunto del espionaje era muy cool, pero aprendí más de lo que esperaba sobre la gente”, expresa. “Una mujer me dijo que su trabajo le impedía mantener una relación amarosa. Una frase de la película está inspirada en mis conversaciones con ella: ‘Cuando puedes mentir sobre todo, ¿cómo puedes decir la verdad sobre algo?’”.
Esa idea se le quedó grabada. “Piénsalo: Si quieres tener una aventura amorosa, no podría ser más fácil. Sólo tienes que decir: ‘Estaré fuera tres días y no puedes preguntarme adónde voy, porque no tienes autorización’. No puedes confiar en la gente y la gente no puede confiar en ti. Para George y Kathryn, la información confidencial que no pueden compartir va a parar a lo que ellos llaman su ‘Código Negro’”.
Soderbergh siempre está buscando un guion que sea inteligente y tenga el potencial de ser una película comercial impulsada por las estrellas de cine. “Me encanta que sea inteligente, como muchos de los guiones de David. Y quiero que mi trabajo lo vea el mayor número de gente posible. Código Negro parecía ser el mismo tipo de oportunidad que presentaron las películas de Ocean’s”.
Una de las mejores cualidades de Soderbergh como director es, en opinión de Koepp, que es muy decidido. “De lo contrario, podría ahogarse en posibilidades. Tampoco le asustan las contradicciones. En el mundo del espionaje, todo es ambiguo: todo es un rompecabezas”.
El cambio más significativo que Soderbergh sugirió durante el desarrollo fue trasladar la historia de Estados Unidos al Reino Unido, donde todos los personajes principales trabajan para el Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad (NCSC, por sus siglas en inglés). El NCSC, una división del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ por sus siglas en inglés), se centra en la inteligencia extraída de la tecnología, a diferencia de sus socios, el MI5 y el MI6 (este último, famoso por ser el hogar de James Bond), que recopila información de las personas. “Me pareció un lugar más fresco para esta historia, aunque sólo fuera porque parece que hay muchas series y películas ambientadas en el mundo de la inteligencia estadounidense”, afirma. “Londres es una ciudad que me parece muy cinematográfica. Y David estuvo de acuerdo con eso”.
Al principio de la película, a George le dan una lista con cinco nombres, todos ellos sospechosos de ser el traidor. Todos ellos provienen de los rangos más elitistas de la agencia. “Cada uno de ellos está al tanto de Severus”, dice Soderbergh. “Cada uno de ellos tiene el permiso de seguridad que les permite el acceso. Nadie más lo sabe. Ellos son sospechosos simplemente porque tienen conocimiento de ello”.
“Hay un traidor en la cima de la organización”, añade Koepp. “Nadie está libre de sospecha. Sorprendentemente, una de las sospechosas es Kathryn. Yo nunca había visto una historia igual. Quería saber cómo dos personas que sienten una gran devoción el uno por el otro podrían enfrentarse a eso”.
Ambos miembros de la pareja se mantienen esquivos, incluso misteriosos entre ellos, lo que alimenta su pasión. “Es un contexto interesante para explorar la idea de la traición”, comenta el director. “La fuente de la mayoría de los conflictos en el mundo es alguien que se siente traicionado o que se ha roto la confianza. En esta situación, ambos personajes principales tienen una especie de carta de libertad, porque no sólo no están obligados a compartirlo todo, sino que en algunos casos tienen prohibido hacerlo”.
El centro de la conspiración que George debe investigar es Severus, un programa maligno capaz de desestabilizar por completo una instalación nuclear. “Severus es un truco sucio que la agencia quiere mantener en secreto”, explica Koepp. “De hecho, muchos países ya han desarrollado software destructivo que puede introducirse en la infraestructura de un enemigo con resultados devastadores. Tal vez el más famoso sea el gusano llamado Stuxnet, que se introdujo en los reactores nucleares iraníes y generó fallas en algunos de sus componentes”.
Los thrillers políticos convencionales suelen situar un posible incidente de gran escala en el centro de la historia, como señala Soderbergh. “Severus funciona como un incidente provocador, pero lo más importante es que es una forma de hablar de lo que haces si crees que tu cónyuge está violando el acuerdo tácito que hicieron el uno con el otro”, añade.
Koepp admite sin reservas que las películas de espías están entre sus géneros favoritos a la hora de escribir. “La gente miente”, expresa. “Lo que está en juego es impresionante; no hay nada más divertido de lo que escribir, que eso. Tenemos toda la acción, el suspenso y la tensión que el público quiere de una historia de espías, además de unos personajes convincentes y complejos. Por momentos, Código Negro de vuelve algo más parecido a Who’s Afraid of Virginia Woolf? que a Mission: Impossible. En gran parte, eso es a lo que responderá el público. Me recordó a algunas de las grandes películas de los setenta como Klute y All the Persident’s Men, que estaban impregnadas de paranoia y engaño. La sensación de que te estaban mintiendo era muy fuerte en aquella época, y también lo es en esta historia”.

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