La mala racha

Severo Cruz Selaez

Mientras la mala racha ha recaído sobre nosotros, tenemos vecinos que alardean de su prosperidad. Tienen economía sólida y envidiable, pese a sus problemas internos. Aquellos que no tenían gas, ahora tienen de sobra. Utilizarán nuestros gasoductos para exportar su producto. Viviremos del alquiler de esos gasoductos. Ya no somos el potencial exportador de hidrocarburos. Posiblemente más adelante el país se convierta en mercado de los nuevos exportadores de gas. ¡Qué suerte la nuestra!
Vivimos en un país devastado por intereses particulares, por la adversidad económica, resultado del agotamiento del gas. Por el despilfarro y la irresponsabilidad asumida en tiempos de bonanza económica. Por la angurria de Poder, de ciertos elementos. Por la ausencia de divisas, debido a los reducidos ingresos. Por la escasez de diésel, porque el Estado carece de recursos. Un país en retroceso en materia de política alimentaria, debido a que artículos de la canasta familiar van desapareciendo. Con el agio y la especulación incontrolables, que atentan en contra la población. Esa realidad nadie puede negarla.
Los bolivianos deberíamos despojarnos del falso orgullo y contribuir con producción y exportación, al desarrollo del país. El propósito es atraer dólares, que tanta falta nos hacen. Promover la paz y el entendimiento. Deponer el bloqueo salvaje, para que fluya la economía nacional. Sin ideologizar nuestros actos, ni intentando sofocar al sector privado. Sin intervenciones que mellen la seguridad jurídica. Sin estigmatizar con términos regionalistas a nadie. Acciones que nos permitirían avanzar hacia un futuro más llevadero.
El reto será poner en orden la casa. De cara al venidero, obviamente. Tarea que demandará mucho apego a los supremos intereses nacionales. Muchísimo esfuerzo, sabiduría y vocación de servicio a la Patria. Tal objetivo no se logrará de manera inmediata. Indudablemente que surgirán medidas paliativas. Medidas de fondo se aplicarán en cuanto estén dadas las condiciones objetivas y subjetivas. Dependerá de la decisión y la voluntad política de los futuros gobernantes. La tarea será difícil y enorme.
No podemos seguir siendo la Bolivia pobre, teniendo suficientes recursos naturales. No podemos seguir haciendo ricos a otros países, con la exportación de aquellos. Que despiertan la codicia de ciertas potencias cercanas y lejanas. Queremos ser una nación digna y progresista con todo lo que tiene. No solo en el occidente, sino en el oriente. Que atraen divisas, en tiempos adversos. Sin que los aprovechadores y los angurrientos de Poder hagan de las suyas. Por ello deberíamos superar malentendidos, suspicacias y rencores. Asumir señales de reconciliación, entendimiento y unidad, priorizando los objetivos de crecimiento. La coyuntura que atravesamos no es halagüeña. La desesperación puede conspirar contra la buena salud del Estado boliviano. Inclusive causar la división entre regiones.
En suma: construyamos la Patria pensando en nuestros hijos y nietos. Nosotros ya pasaremos a la historia marcados por aciertos y desaciertos, por avances y retrocesos.

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