Insatisfecha con las barbaridades de la nota Ciudad tóxica, publicada en este mismo medio el 19 de abril de 2024, ahora resulta que la toxicidad no solo se halla en el uso y abuso de las veredas, sino también en el uso y abuso de las calzadas de la ciudad de La Paz.
El uso es amplio: marchas y protestas con dinamitazos o sin ellos, entradas folklóricas, desfiles cívicos, y el abuso no es la expresión en sí misma sino la sorpresa: servidores públicos que salen de sus oficinas y quedan sorprendidos porque “había habido” desfile navideño, estudiantes que salen de la universidad y se sorprenden porque “había habido” alfombra humana hecha por los trabajadores de la caja tal o cual, niños que salen de los colegios y quedan sorprendidos ya que “había habido” marcha de los mineros o de unos deudores morosos.
En la era de las TICs necesitamos una App que anuncie las sorpresas de la calzada un par de horas antes de que ocurran, la ruta de la expresión democrática y por dónde cuernos podemos ir los que no participamos de ella para llegar a nuestro destino.
¿Quién autoriza, programa y/o supervisa los desfiles, marchas, entradas, bloqueos de mil esquinas, instalación de carpas y otras vainas? Sea quien sea, no hace el trabajo muy bien, pues no conoce que donde comienza la libertad de unos, termina la de los otros. Mientras los administradores de la ciudad no caigan en cuenta de eso, quienes viven, visitan o son la flotante población que sube y baja a diario, deberán soportar hasta el cansancio el salir de la oficina, del colegio, de la universidad o instituto, del consultorio médico o del buffet de abogados y encontrar carpas de los trabajadores de tal o cual caja, desfile navideño, marcha de protesta democrática, que, además, disputan el espacio –vereda, calzada y gradas y pasillos de inmuebles privados– a vendedores de un sinfín de cachivaches, limosneros y rateros.
Por el momento solo cabe hacer algunas recomendaciones orientadas a la minimización del riesgo: ante el riesgo de no encontrar el vehículo de transporte público, use zapatos planos y cómodos; ante el riesgo de encontrar expresiones agitadas, manténgase en estado atlético para correr tras el carro o huir de los gases en cualquier momento; ante el riesgo de tomas de inmuebles, tenga cargado su celular para pedir auxilio o llamar un radiotaxi. Adquiera una mochila resistente y una docena de tapones de oído: siempre tenga listo un par para usarlo ante cualquier expresión con cohetillo, petardo o dinamita. No desestime contar en su oficina, negocio o local con un casco listo e, incluso, una máscara anti-gas, sobre todo si es trabajador de la prensa.
La ciudad tóxica está llena de sorpresas. Ante una de ellas, mantenga la calma, busque una vía más o menos expedita y huya pronto. Cuando se entere antes, evite llevar cosas pesadas, menos niños pequeños o ancianos: No los ponga en riesgo.
La autora es antropóloga.
