Desafiando los acuerdos con el Ejecutivo y argumentando un desgaste en la dependencia de insumos estatales, la Federación de Panificadores de El Alto ratificó que el precio del pan de batalla se incrementará de 0,80 a 1 boliviano a partir del lunes.
La medida fue asumida tras un ampliado de emergencia que se extendió por más de tres horas, en el cual las bases del sector determinaron modificar, de manera unilateral, la estructura de comercialización del producto básico.
Al respecto, el ejecutivo de los panificadores alteños, Marcelo Condori, explicó que el nuevo costo regirá como parámetro de referencia hasta finalizar la presente gestión: “En este ampliado la base es la que ha definido a partir del día lunes el incremento del precio del pan a un boliviano como referencia hasta fin de gestión”.
El dirigente detalló que más de 850 panificadores participaron en la votación, consolidando un rechazo rotundo a continuar supeditados a las disposiciones del Gobierno central respecto a la provisión y control del quintal de harina subvencionada, cotizado en 310 bolivianos. Según el sector, las experiencias previas han generado insostenibilidad en la producción artesanal.
“Ya no queremos estar sometidos tanto al Gobierno, porque ya tenemos una experiencia con la anterior gestión. Nosotros ya no queremos depender de ellos, que la población es la que nos señale”, manifestó Condori, precisando que a la fecha no se ha suscrito ningún acuerdo formal ni con las autoridades nacionales ni con el gobierno municipal para mantener el precio anterior.
La decisión unilateral del sector panificador desató una ola de indignación en la población alteña, que no solo cuestiona el impacto directo en la economía familiar, sino la absoluta falta de control e inspección por parte de las autoridades municipales respecto al peso del producto.
Los vecinos denuncian que las panaderías comercializan unidades progresivamente más pequeñas y de deficiente calidad, incluso descritas como duras o mal elaboradas, sin respetar un gramaje mínimo.
Ante esta situación, surge un fuerte malestar por lo que se percibe como un abuso arbitrario de los productores, acompañado por un clamor ciudadano que exige la venta obligatoria por kilo, un control estricto en los puestos de expendio o, en su defecto, el inicio de un boicot de compra para forzar la rebaja del producto.
“Es un robo de frente a los vecinos. Si van a subir el precio a un boliviano, por lo menos que la Alcaldía controle las tiendas y obligue a vender por kilo o a respetar un gramaje justo. Ahora los panes son chiquitines, parecen juguetes y salen duros como ladrillo por no ponerle buenos ingredientes. Para eso, mejor no les compramos nada para que se les quede su producto o nos hacemos pan casero en la casa”, declaró con indignación Virginia Chuquimia, vecina del Distrito 3 de El Alto.
“Estos panificadores se aprovechan de la necesidad de la gente y encima ya no quieren rendirse ni cumplir ningún acuerdo. La harina, la sal y la levadura no justifican que nos den un pan tan pequeño; sale más a cuenta comprar un huevo duro que da más proteína que su pan. Si el municipio no sale a hacer inspecciones a las tiendas, la misma población va a tener que dejar de comprar para hacer que rebaje el precio”, añadió Miguel Apaza, vecino de la zona Ciudad Satélite.
Finalmente, la dirigencia advirtió que el escenario económico del sector continuará en revisión. El representante indicaba que, de registrarse posibles modificaciones o incrementos en los precios de los carburantes, como la gasolina o el gas licuado de petróleo (GLP), los productores realizarán un nuevo análisis técnico de sus hojas de costos para definir las proyecciones y tarifas aplicables de cara al próximo año.
