Una llamada telefónica permitió contactarnos con Jorge Villanueva Suárez, más conocido como “Villas”. Profesor, caricaturista, periodista, dibujante, desde su natal Chulumani, en Los Yungas, donde reside, se animó a hacer conocer, a sus 82 años de edad, aspectos de la vivencia diaria de la sociedad boliviana y en particular la paceña. Comenzó señalando “estoy vendiendo mi computadora y la daré a quien me pague algo más que el otro, porque decidí dejar de escribir artículos de opinión, relatos y otros, pues ya casi me convenzo de que nadie lee en el país, como me dicen muchos diariamente”.
“Pareciera que más les interesa el dinero, el celular, esas redes sociales, WhatsApp y, por otro lado, la plata que pueden ganar con el contrabando, el narcotráfico, la política, etc., pero menos leer los mensajes positivos. De ahí que me di cuenta que escribir columnas de opinión sanos y constructivos de nada sirve, por cuanto vanamente trato de inculcar la lectura, resultando que me dicen no tener tiempo para leer, y que podrían hacerlo los fines de semana, cosa que tampoco cumplen”, deplora a tiempo de sostener que otrora no era así, y que “casi todos leíamos”.
Por mi parte, un buen profesor que tuve, don Guillermo Céspedes Ribera, en los años 70 manifestaba: “un buen periodista debe saber titular bien, y escribir excelentes “lead” que resuman el qué, quién, cómo, dónde, cuándo, pues la gente de hoy no tiene mucho tiempo como hace décadas, cuando se reunía en grupos para comentar una noticia, leyendo en voz alta lo publicado en el periódico, e intercambiar criterios”.
Como fuere, Villas no deja de tener razón, ya que se observa que es raro ver leer diarios a jóvenes e incluso adultos. Es como un consuelo verlos escribir en sus celulares cualquier cosa, quizá intrascendente, o leer de igual manera cosas superficiales.
Villa se puso triste al exclamar “qué país les estamos dejando a nuestros hijos y nietos, pues da la impresión que tener un título profesional ya no sirve para mucho, puesto que más importante resulta ser contrabandista, narco, politiquero, o darle duro al cuero para jugar en la altura y poder ganar a los rivales, lo que parece una trampa y engaño. O ser comerciante, predicador dizque religioso, que un titulado en una universidad”.
Nuevamente no deja de ser atinado en sus apreciaciones. Hace algún tiempo escuché que una señora le decía a su hijo: “Pedrito, tienes que ser como don Pompín, que tiene dos o tres lindos autos, un edificio, y otras dos casas, y anda bien trajeado porque tiene harta plata, y participa en fraternidades caras”. Lo que no sabía esa mamá era que el mentado sujeto era un contrabandista avezado y resulta que paradójicamente “don dinero” le había dado hasta “status” social.
De cualquier modo, que Villas no deje de escribir, porque aún hay gente que cree en aspectos positivos y constructivos, y sabrá apreciar tus comentarios, por lo que no desmayar en el tortuoso camino es una especie de obligación consigo mismo.
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