En un año de vida del actual gobierno nacional, presidido por Rodrigo Paz Pereira, se puede decir que, naturalmente, tiene sus luces y sus sombras, por lo que es del interés del pueblo boliviano hacer una evaluación al respecto.
En primer lugar, resulta una labor difícil gobernar, después de los veinte años pasados en los que hubo dos gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) que dejaron a Bolivia en el fondo del abismo por desastrosos manejos de nuestra economía. Por ello no es fácil poner al país en el camino de la normalidad. Es decir que se trata de avanzar en medio de un mar proceloso, lleno de escollos, con cielo de tempestad y sin los necesarios equipos de conducción.
En otras palabras, ante numerosos problemas dejados por los dos gobiernos populistas pasados, es muy complicado reordenar el curso de la historia en poco tiempo, con carencia de recursos humanos y aun monetarios, al encontrar los nuevos gobernantes los caudales públicos agotados, debido a dos décadas de derroche, particularmente para favorecer a sectores afines al masismo con obras y variados beneficios, sin adoptar medidas de previsión para evitar un futuro tenebroso. Y es que los gobiernos masistas han dilapidado, en particular, una enorme cantidad de dinero proveniente de la venta de gas a países vecinos y ahora que los yacimientos de ese energético se agotan, nos quedamos sin la principal fuente de ingresos económicos, lo que coloca en situación crítica al país.
Con el actual gobierno de Rodrigo Paz se ha dado, es cierto, algunos pasos adelante, como con la suspensión de la subvención al diésel, que significaba un considerable gasto de millones de dólares. También se pretende dar un viraje al sentido histórico del país, para pasar del estatismo al desarrollo de la empresa privada. Es decir, hacia un proceso democrático capitalista y salir de la esfera del socialismo del Siglo XXI, que es contrario a todos los movimientos que anhelan progreso verdadero.
Esos y otros avances de tipo general observa la población. Sin embargo, todavía no se ha dado los pasos fundamentales que exige el país, para solucionar problemas tan angustiantes como la escasez de dólares, la crisis energética que se avecina, reducir el déficit fiscal, disminuir el desempleo, regular de mejor manera actividades tan importantes como la agricultura y la minería, reformar la Constitución Política, así como luchar con eficacia contra el contrabando y el narcotráfico, etc. Hay simpáticas ofertas para turismo, construcción de caminos, escuelas y hospitales, pero todavía falta avanzar más.
Es cierto que la historia no espera y pasa por sobre las ofertas, por más bellas que sean. El gobierno de Rodrigo Paz al cumplir un año de vida requiere hacer una profunda reflexión sobre lo prometido y no cumplido, así como hacer conocer medidas para solucionar problemas que intranquilizan a millones de bolivianos. Además, los cuatro años que le quedan de gestión, pasarán como un suspiro y le queda muchísimo por realizar, más aún en difíciles circunstancias internas y externas.
Sombras y luces en un año de gobierno
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