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La producción de Sensatez y Sentimiento

Fotos: Universal Pictures
Para Sensatez y Sentimiento, la directora Georgia Oakley y sus socios de producción tenían un gran interés en dar vida al mundo de Jane Austen de una forma que resultara auténtica y con la que el público actual pudiera identificarse fácilmente. “De verdad intentaba imaginar cómo se habría vivido en Devon hace 200 años, alejándome de esa idea preconcebida que tenemos sobre Austen, de que todo transcurre en un salón sofocante”, explica Oakley. “Las locaciones el diseño de los sets y el vestuario transmitieran una sensación de soltura y desenfado formaban sin duda parte de mi visión general”.
Con ese fin, buscó colaboradores que pudieran preservar los rasgos propios de la Inglaterra de la Regencia de la novela de una manera que resultara vibrante y fresca. Su equipo contaba con el director de fotografía Arnaud Potier (Dead Man’s Wire), la diseñadora de producción Francesca Di Mottola (I Am Love, The Great), la diseñadora de vestuario Grace Snell (Pillion), y la diseñadora de peluquería y maquillaje Nadia Stacey (Cruella). Un elemento clave de la visión de Oakley fue visitar locaciones reales como Dorset, Knebworth y Devonshire, y plasmarlos en la película.
“Llevo mucho tiempo trabajando exclusivamente con película física”, señala Oakley. “Forma parte de mi proceso como directora. La película de 35 mm te ofrece una estética concreta; me encanta que sea imperfecta. Es algo vivo, que respira. Eso lo que diferencia al cine de los pequeños videos que grabamos a diario con nuestros teléfonos celulares. Me encanta cómo queda, precisamente por eso. También me encanta el proceso de trabajar con película física con los actores. Aumenta la intensidad de lo que está en juego. Los actores saben que quizá sólo tengan tres tomas para rodar la escena. Cuando saben eso, hay cierta presión, y se parece un poco más al teatro”.
Al conocer a Potier, conocido por proyectos recientes como la película de Gus Van Sant de 2025 Dead Man’s Wire, Oakley descubrió que ambos se sentían atraídos por el mismo tipo de imágenes —rápidamente se generó un clima de confianza entre ellos. “Soy muy exigente en lo que respecta al aspecto de las cosas, así que encontrar a alguien con ese tipo de sensibilidad es más fácil de decir que hacer”, comenta Oakley. Potier añade: “Queríamos evitar los colores excesivamente saturados y el fuerte contraste que suelen verse en las películas contemporáneas y, en su lugar, crear una imagen que se sintiera más conectada con las pinturas de la época”.
Para evocar una cualidad pictórica, Potier llevó a cabo numerosas pruebas con el fin de encontrar el lenguaje visual adecuado para la película, y finalmente eligió lentes Panavision, concretamente la serie Panavision Vintage. “Aportaron a la imagen una textura y una suavidad hermosas, lo que nos ayudó a alejarnos de una apariencia moderna y excesivamente nítida para acercarnos a algo que se asemejara más a las pinturas de la época. La película física tiene una forma muy particular de gestionar tanto las luces como las sombras, y confiere a la imagen una calidad mucho más orgánica, sobre todo cuando se trabaja con luz de velas”.
En términos de iluminación, Oakley y Potier querían conservar la sensación de las escenas lo más natural posible. “Lo principal siempre fue estar lo más cerca posible de los personajes y de sus emociones. En realidad, es una película sobre el personaje, el sentimiento y la textura”, explica Potier.
Tras cuatro días de ensayos, el rodaje inició en la Kingston Russell House, una mansión y finca cerca de la población de Long Bredy, en West Dorset. La casa data del siglo XVII —aunque en 1730 estaba revestida con una fachada de piedra georgiana blanca— y se convirtió en el escenario ideal para representar Norland Park, la querida casa de la familia Dashwood. A pesar de su belleza histórica, la Kingston Russell House nunca se había utilizado como locación de rodaje.
Dicha locación dotó a la película de un auténtico sentido del lugar —“el peso del pasado era palpable y conmovedor”, señala Potier. “Esa historia se traslada de forma natural a la pantalla y aporta a las imágenes una sensación de profundidad”, añade. “Tener acceso a este tipo de locaciones es un recurso visual y artístico increíble. Ya encierran una historia en sí mismas, y eso te aporta una riqueza que es muy difícil de recrear artificialmente”.
Si bien Kingston Russell House era perfecta tal y como estaba, encontrar un equivalente real para Barton Cottage resultó más complicado.
El contraste entre las casas de las Dashwood se vio aún más acentuado gracias a la fotografía de Potier. “En la primera locación, en Norland, la cámara se mueve con mayor fluidez y expresividad”, afirma.

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