Cuando se conocen los resultados de PISA, el mundo mira los rankings de lectura, matemática y ciencias. Bolivia no participa en esta evaluación de la OCDE; su referente regional es el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE), impulsado por el LLECE. No rendir PISA no significa que sus preguntas sean ajenas a nuestra realidad.
En Bolivia, hablar de educación sin considerar las diferencias entre unidades educativas sería desconocer una dificultad central. No tienen las mismas condiciones una escuela urbana con acceso a tecnología y conectividad y otra rural donde los estudiantes recorren largas distancias o carecen de recursos suficientes. Por eso, los resultados no pueden atribuirse únicamente al maestro ni al esfuerzo individual del estudiante: también importan las condiciones en las que se enseña y se aprende.
Pero el contexto tampoco debe convertirse en excusa para evitar preguntas incómodas. ¿Puede comprender un texto, reconocer la intención de su autor y argumentar una opinión? ¿Utiliza la matemática para resolver situaciones cotidianas? Un estudiante puede memorizar una definición o aplicar una fórmula conocida y, aun así, tener dificultades para enfrentar una situación nueva. Este es uno de los aportes de evaluaciones como PISA: examinar no solo lo que los estudiantes saben, sino cómo utilizan sus conocimientos. Se trata de preguntarnos si la escuela está formando personas capaces de comprender, razonar, escribir, investigar y tomar decisiones fundamentadas.
Desde la perspectiva del maestro boliviano, mejorar estos aprendizajes requiere más que exigir resultados. Hace falta fortalecer la formación docente, asegurar materiales y bibliotecas, atender las brechas de conectividad, promover la lectura comprensiva y dar tiempo y condiciones para planificar, acompañar y evaluar. En primaria deben fortalecerse la lectura, la escritura y el razonamiento matemático; en secundaria, la argumentación, la resolución de problemas y el análisis crítico de la información.
También es necesario revisar nuestras prácticas pedagógicas. Cumplir el avance curricular es importante, pero no suficiente si los contenidos no se traducen en aprendizajes significativos. El diálogo, la investigación, la producción escrita y la resolución de problemas vinculados con la vida cotidiana deben formar parte del trabajo escolar, sin descuidar la diversidad cultural y lingüística del país.
El ERCE ofrece a Bolivia una oportunidad para conocer mejor los aprendizajes de estudiantes de educación primaria. Pero una evaluación solo cobra sentido cuando sus resultados se analizan y se convierten en acciones concretas en las aulas. La información no debe quedarse en informes ni servir únicamente para comparar cifras: debe orientar decisiones, apoyar a los docentes y atender a los estudiantes que más lo necesitan.
Bolivia no necesita copiar a otros países ni conformarse con sus propias dificultades. Necesita evaluar con seriedad, reconocer las desigualdades y actuar sobre ellas, sin renunciar a una educación exigente y pertinente a nuestra diversidad cultural y lingüística.
La pregunta no es solamente qué lugar ocuparía Bolivia en PISA. La pregunta urgente es si nuestras escuelas están dando a cada niño y joven, viva en una ciudad o en una comunidad rural, las herramientas para comprender su realidad, pensar críticamente y transformarla.
PISA, una prueba que Bolivia no rinde, pero que debería hacernos pensar
Franz Cori Carvajal
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