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Aumentan riesgos de inundaciones e incendios

> Las lluvias podrían provocar inundaciones en la Amazonía y los valles, mientras que las condiciones de sequía en el oriente y en el sur del país preocupa los incendios forestales.

Bolivia enfrenta un escenario de riesgos ambientales asociado a los efectos del fenómeno del Súper Niño 2026-2027, la deforestación y la creciente vulnerabilidad de sus ecosistemas, según el director de Conservación Internacional, Eduardo Forno.
En declaraciones a Erbol, el especialista advierte que las lluvias intensas podrían provocar inundaciones en la Amazonía y los valles, en tanto que las condiciones de sequía en el oriente y el sur del país elevan la preocupación por la propagación de incendios forestales.
Frente a esos riesgos, plantea la necesidad de fortalecer las medidas de prevención y recuperar las capacidades institucionales para anticiparse a los desastres, en lugar de concentrar los esfuerzos cuando las emergencias ya han adquirido grandes dimensiones.
Al referirse a los posibles efectos del Súper Niño en el altiplano, Forno recuerda el impacto del fenómeno registrado en 1983. “Tuvimos un fenómeno del Niño brutal, que causó, yo creo, el efecto más grande de pobreza en el altiplano boliviano”, señala, al advertir que podrían presentarse condiciones similares.
Sin embargo, considera que la sociedad boliviana tiene hoy mayores posibilidades de afrontar una crisis de esa naturaleza. “La sociedad boliviana es mucho más resiliente ahora que el 83”, apuntó. Atribuye esa capacidad a una economía más diversificada y a una sociedad menos pobre que entonces, aunque reconoce que persisten profundas dificultades sociales.
DEFORESTACIÓN AGRAVA RIESGOS DE INUNDACIONES
En la Amazonía y los valles, Forno identifica un escenario más impredecible, debido a la posibilidad de lluvias intensas en las zonas cordilleranas orientadas hacia la región amazónica. Estas precipitaciones podrían generar inundaciones y desastres en territorios cada vez más expuestos por la pérdida de cobertura vegetal.
“Porque la cobertura vegetal no es la que teníamos en el pasado y el agua va a arrastrar lo que encuentre a su paso”, explica.
Desde esa perspectiva, la protección de los bosques y las cuencas no constituye solamente una medida de conservación ambiental, sino también una estrategia para proteger a las poblaciones y las actividades productivas ubicadas aguas abajo.
Forno advierte sobre la magnitud de la deforestación en Bolivia y sus causas estructurales. En su análisis, los incentivos económicos que favorecen la destrucción de los bosques, la falta de transparencia y las debilidades institucionales contribuyen a perpetuar el problema.
“Somos el segundo país en el mundo con más deforestación después de Brasil, per cápita de lejos el primero en bosques tropicales”, sostiene.
LA PREVENCIÓN PUEDE REDUCIR LOS INCENDIOS
En el sur de Bolivia, particularmente en Roboré -el sur de la Chiquitania y el Chaco- existe la posibilidad de que vuelvan a registrarse incendios de gran magnitud porque, según Forno, las zonas afectadas anteriormente por el fuego mantienen materia seca que puede favorecer nuevos focos durante los períodos de sequía.
La experiencia de 2023, cuando un frente de fuego avanzó por el norte de la Chiquitania, ilustra las dificultades para controlar incendios que adquieren una escala extraordinaria.
“Una vez que el fuego avanza poco se puede hacer”, dijo, al destacar que las principales pérdidas recaen sobre los productores, los animales y los ecosistemas que proporcionan agua.
Ante ese escenario, identifica experiencias de coordinación local que muestran resultados alentadores. Menciona el trabajo desarrollado en Roboré, San José de Chiquitos y Charagua, donde municipios, actores locales, las Fuerzas Armadas y organizaciones ambientales articularon esfuerzos para enfrentar el fuego. (Erbol)

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