El 75% de la matrícula en la Educación Técnica Alternativa está compuesta por mujeres que enfrentan la “triple jornada”: estudian, trabajan e impactan severamente su salud dedicando casi el doble de tiempo que los hombres a las tareas del hogar.
Mientras miles de mujeres en Bolivia buscan en la Educación Técnica Alternativa (ETA) un horizonte para salir adelante, la carga desproporcionada de las labores del hogar y el cuidado de dependientes se consolidan como barreras invisibles pero devastadoras. Una reciente investigación de alcance nacional realizada en 14 Centros de Educación Alternativa (CEA) de 7 departamentos del país, revela cifras alarmantes sobre la desigualdad de género que enfrentan las estudiantes bolivianas.
La investigación ha sido coordinada por Fundación InteRed en consorcio con Entreculturas, con el financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), en el marco del convenio “Formación técnica de jóvenes de contextos vulnerados, especialmente mujeres, que genera oportunidades laborales y medios de vida en Bolivia”.
Los resultados muestran que, aunque las mujeres representan aproximadamente tres cuartas partes del estudiantado de la ETA, continúan enfrentando mayores obstáculos para permanecer y concluir sus estudios. Muchas deben combinar simultáneamente su formación, el trabajo remunerado y las responsabilidades de cuidado de hijas e hijos, personas mayores, familiares enfermos y tareas domésticas.
La investigación identifica que esa distribución desigual del cuidado genera una importante «pobreza de tiempo», afectando el rendimiento académico, la asistencia a clases y las oportunidades de desarrollo profesional. Asimismo, una proporción significativa de las estudiantes señala que las responsabilidades familiares han influido en la interrupción o retraso de sus procesos formativos.
«Las mujeres no solo estudian; también sostienen gran parte del trabajo de cuidado que permite el funcionamiento cotidiano de los hogares. Esta carga tiene efectos directos sobre sus oportunidades educativas y laborales», señala el informe.
En el estudio también se encontró que persisten patrones de segregación de género en la formación técnica. Las mujeres continúan concentrándose principalmente en especialidades tradicionalmente asociadas a roles femeninos, mientras que su participación en áreas técnicas con mayores oportunidades económicas sigue siendo limitada.
Las desigualdades se profundizan cuando se combinan con condiciones de pobreza, ruralidad, pertenencia a pueblos indígenas o procesos migratorios. En estos contextos, las estudiantes enfrentan barreras adicionales para sostener sus estudios y mejorar sus condiciones de vida.
Mujeres dedican
doble de tiempo
La investigación evidencia que las mujeres dedican casi el doble de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado: un promedio de 9,4 horas diarias frente a 5,3 horas.
Esa sobrecarga genera una situación de pobreza de tiempo que limita sus oportunidades educativas, laborales y personales: 42% de las mujeres afirma que las responsabilidades de cuidado afectan o limitan sus posibilidades de estudio, frente al 24% de los hombres; 48% de las estudiantes ha tenido que renunciar a actividades personales, formativas o laborales para atender responsabilidades del hogar y de cuidado; 17% de las mujeres abandonó sus estudios debido a labores de cuidado; y 22% por responsabilidades familiares.
En contraste, entre los hombres, la principal causa de abandono es el trabajo remunerado (44%).
Esos datos muestran que, para muchas mujeres, estudiar implica compatibilizar simultáneamente la formación, el trabajo y las tareas de cuidado, una realidad que condiciona sus trayectorias educativas y limita el ejercicio pleno de su derecho a la educación.
Aula como espacio
de resistencia e
independencia
A pesar de las adversidades, la investigación destaca que los Centros de Educación Alternativa emergen como verdaderos refugios y espacios de resistencia. Para miles de mujeres, la formación técnica no solo representa una herramienta para alcanzar mayor independencia económica, sino también un ejemplo de superación para sus hijas e hijos, un espacio de sororidad y el descubrimiento público de sus propias capacidades.
Frente a esa realidad, las organizaciones impulsoras de la investigación plantean la urgencia de reconfigurar la educación y las políticas públicas en Bolivia: crear un Sistema Público de Cuidados con financiamiento sostenido y servicios de apoyo para estudiantes con responsabilidades de cuidado; promover la corresponsabilidad de hombres y mujeres en las tareas domésticas y de cuidado; y garantizar una educación técnica libre de sesgos de género y ampliar la participación de las mujeres en todas las especialidades.
La investigación concluye que garantizar el derecho a la educación de las mujeres requiere reconocer el cuidado como una responsabilidad social compartida. Mientras las tareas continúen recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres, persistirán barreras que limitan su permanencia educativa, su autonomía económica y el ejercicio pleno de sus derechos.
Testimonio
«El año 2021 yo me vi sola con mis tres hijas, me las vi negras. Me puse a trabajar, me puse a emprender, me puse a estudiar y eso me ayudó a superarme. El CEA a mí me motivó seguir, aprender más cosas. O sea, salir con un título profesional, que tu familia, que tus hijas te reconozcan, que sepan que tú puedes seguir estudiando, a pesar de las adversidades, que tú tienes esa motivación, esa fuerza para seguir y a mí ¡me encanta estudiar!», dijo Mariluz, 35 años, CEA Domingo Savio, Sucre.
