Un nosocomio que goza de mucho prestigio y que cuenta con excelentes profesionales bolivianos de la salud, al que acuden pacientes de todo el país, es el Hospital Obrero de La Paz, sobre el cual antiguos trabajadores de diversos sectores suelen exclamar: “fuimos nosotros los que lo hicimos”. No se sabe con exactitud cuántos enfermos han sido atendidos en esas instalaciones desde su inauguración, pero se puede afirmar que gracias al mismo, muchas vidas de bolivianos han sido salvadas. Entre urgencias y carencias, el personal de este gran centro médico, de un modo u otro pone de manifiesto su amplio compromiso de servicio a la sociedad, atendiendo de manera diligente a toda persona que acude hasta dicho sanatorio en busca de cura para diversas enfermedades.
Así lo demuestran, por ejemplo, en el piso 6, donde se realizan las internaciones, cirugías, terapia intensiva, y otros, a cargo de los doctores Juan Carlos Mamani Sullca, Parrado, Fadhy Nabil, Antonio Flores, Milagros R. Balderrama; así como de la Lic. Matilde Flores, jefa de piso; enfermeras Wilma Nariño, Janeth Foronda, Rosmery Kantuta, Ada Maldonado, Cristina Poma; personal de servicio, y funcionarios de distintos turnos.
La población del país tiene que saber que el Obrero tiene bajo su cobertura a 1.3 millones de asegurados y cada año atiende cerca de 60 mil pacientes en todas sus especialidades. Y en esa intensa e incansable labor diaria, “Emergencias” se constituye en un servicio continuo, llegando a atender a más de cien pacientes cada día. También es menester tomar en cuenta las intervenciones quirúrgicas que se hacen, que, según se ha dicho, pasan de las 500 mensualmente. Lo anterior, a groso modo, es para que se entienda que el Hospital Obrero, se constituye como el más importante del país.
Ente otras cosas, cabe destacar que, evidentemente, fueron las retenciones económicas de los salarios de los trabajadores, en forma mensual y con cifras asequibles, lo que permitió ya a partir de las décadas de los treinta, acumular grandes cantidades de fondos para lograr las infraestructuras médicas pertinentes que hoy vemos, que comenzaron a ser edificadas por el año 1948. Y, finalmente, un 31 de octubre de 1955, en el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, fue inaugurado el Hospital Obrero.
Demás está decir que los obreros con sus aportes salariales hicieron posible dicha obra monumental, aunque ellos mismos no la hayan construido. Pero, como bien recuerdan hasta hoy: “fuimos los trabajadores los que hicimos posible esto, somos los dueños”, culminando de esa manera con sus sueños y demandas para poder contar con un hospital en el que puedan recibir atención médica especializada, ya que hasta entonces se hallaban carentes de ese vital servicio.
Hoy, el Hospital Obrero no solamente es para trabajadores, sino para personas de diversos estratos sociales, que acuden allí buscando soluciones para sus problemas de salud. Por ello siempre exclaman: “si no hubiese el Obrero, ¿qué sería de nosotros?”.
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