Hubo un gobierno, en el pasado inmediato, que hizo de las suyas, con el destino nacional. Que creía ser dueño de Bolivia y de los bolivianos. Que atizó el regionalismo, con fines políticos, enemistando a oriente y occidente. Con el ruin argumento de que había dueños e inquilinos del territorio patrio. Que los últimos deberían irse a su país de origen. Utilizó términos xenofóbicos, inaceptables. Con un desmedido odio contra quienes invertían en la producción nacional. Actividad que ha permitido atraer dólares, en tiempos de pandemia y crisis económica. Ha favorecido, asimismo, a pequeños productores, que son muchos. Descalificó a sus empresarios, sin tomar en cuenta que ellos generaron empleo. Bienestar social, en particular, para los trabajadores y sus familiares. Han mejorado la calidad de vida.
Hechos que fragmentaron la unidad de los bolivianos. Dispersaron esfuerzos y pospusieron la posibilidad de avanzar. Permitieron que se imponga la ideología socialista excluyente. Que Bolivia pierda el rumbo del crecimiento con desarrollo sostenible. La suspicacia, en consecuencia, se apoderó de orientales y occidentales. Se avivó la animadversión, en desmedro de una Bolivia integrada.
La población mayoritaria sueña con un país integrado y consolidado, capaz de aceptar los retos de la historia, en inquebrantable unidad. Obviando todo prejuicio regionalista. Que la consigna sea siempre Bolivia única y unida, como un referente en la región. Con incuestionable sentimiento nacional, como signo de amor profundo a la Patria. En el que la discriminación racial no tenga cabida. Donde se imponga la tolerancia cultural, religiosa e ideológica, a favor de la integración del país. Actitudes que permitirían nuevos derroteros de crecimiento.
Pero los políticos, de todos los bandos, están enfrascados en altercados improductivos, posponiendo el histórico emprendimiento, de construir una Patria integrada y fortalecida. Con base en la voluntad política de todos los que aman a Bolivia. Acusaciones de toda índole, vienen y van, distrayendo a la opinión pública interna y externa. Parece que fuera una parodia, para distraer los efectos del elevado costo de vida. De ello quizá están conscientes quienes practican política.
Debiéramos incentivar, en definitiva, la integración nacional, a fin de lograr la reconstrucción de la Patria, devastada por quienes pretendieron perpetuarse en el Poder, dividiendo a las regiones en media luna o luna entera. En collas y cambas, en dueños e inquilinos. Pero los intereses políticos, empresariales, religiosos, sindicales y cívicos, debieran ser relegados y sumarnos todos al histórico objetivo de reconstruir la Patria, para un promisorio destino nacional. Es necesario superar los prejuicios étnicos, sociales y regionalistas, en la perspectiva de construir una Bolivia competitiva, en el marco de los tiempos que se imponen.
En suma: los bolivianos debemos promover la integración nacional, para avanzar hacia un futuro mejor.
De cara a la historia
Severo Cruz Selaez
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