Después del desembolso de 214 millones de dólares por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), Bolivia debe avanzar en el cumplimiento de los compromisos asumidos con el organismo mundial y que forma parte de la política económico del actual gobierno para que los recursos no paren.
La proyección del Banco Mundial constituye una señal de alerta, particularmente, sería para Bolivia: -2,8% en 2026, -1,4% en 2027 y apenas 0,6% en 2028, el peor desempeño regional en estos horizontes. Sin embargo, el problema no debe interpretarse simplemente como fracaso de las medidas de estabilización, porque varias de ellas buscan corregir desequilibrios acumulados, señala el analista económico Fernando Romero.
Los cambios y los ajustes son compromisos asumidos por el Gobierno, que forma parte del plan gubernamental, pero que tendrá repercusiones sociales. “El verdadero desafío es evitar que el costo de estabilización se convierta en una recesión prolongada. Bolivia necesita simultáneamente disciplina fiscal, estabilidad cambiaria, recuperación de reservas, inversión privada y generación de divisas. El ajuste debe proteger a los sectores sociales vulnerables y preservar la inversión productiva”, sostiene Romero.
La experiencia regional muestra que las reformas creíbles pueden mejorar inversión y confianza. Sin embargo, estabilizar no es suficiente: Bolivia necesita volver a crecer mediante productividad y diversificación. La Inteligencia Artificial (IA) y la digitalización pueden convertirse en nuevos motores, aunque requieren capital humano e instituciones capaces de absorberlas, aseguró.
La prioridad económica debería ser pasar de una economía que administra escasez a una economía que genere inversión, divisas, productividad y crecimiento sostenible, planteó.
El país ahora debe cumplir metas y objetivos con crédito del FMI
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