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Valores femeninos

Meltem Güney: “Las mujeres bolivianas me han impresionado por su compromiso e iniciativas”

- A casi cuatro meses de asumir sus funciones en La Paz, la diplomática turca repasa su trayectoria, los lazos culturales entre Bolivia y Türkiye, y la importancia crucial del liderazgo femenino

Por Susana Gutiérrez

Meltem Güney, Jefa de Misión de la Embajada de Türkiye, asumió sus funciones en Bolivia el 15 de junio de 2026. Inició su carrera diplomática en 1997 y ha desempeñado funciones en Abu Dabi, Moscú y Budapest. También fue directora ejecutiva de la Secretaría Internacional Permanente de la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro. Políglota, graduada en Ciencias Políticas por la Universidad de Ankara y con estudios en la Universidad Nacional de Singapur, la diplomática repasa su transición a la vida en Bolivia y las sorprendentes similitudes culturales que ha encontrado entre ambas naciones.

En entrevista con Femenina, la diplomática Güney profundiza en el papel transformador de las mujeres en la sociedad, los proyectos conjuntos de cooperación en salud y educación —como el respaldo brindado al Hospital Materno Infantil de Tarija a través de TİKA— y deja un inspirador mensaje para las nuevas generaciones que sueñan en grande, demostrando cómo los puentes invisibles entre Türkiye y Bolivia se construyen día a día desde la empatía y el trabajo compartido.

A casi cuatro meses de haber asumido sus funciones diplomáticas en Bolivia, ¿cómo ha vivido esta transición y cuáles son sus primeras impresiones sobre las mujeres bolivianas?

Ha sido un período de descubrimiento, tanto en lo profesional como en lo personal. Asumí mis funciones en junio y Bolivia me ha ofrecido mucho que aprender y apreciar. La Paz causa una primera impresión impactante por su entorno montañoso y su extraordinario paisaje urbano. Sin embargo, lo que más ha significado para mí es la calidez con la que me han recibido y la disposición de las personas a explorar lo que nuestros países pueden lograr juntos.

Las mujeres bolivianas que he conocido en la administración pública, las universidades, el sector de la salud y el ámbito empresarial me han impresionado por su compromiso e iniciativa. Aportan conocimientos y experiencia a su trabajo, a menudo acompañados de un profundo sentido de responsabilidad hacia sus comunidades. Todavía estoy conociendo el país y deseo seguir escuchando las experiencias de mujeres de sus distintas regiones y generaciones.

Como mujer turca, reconozco algo familiar en esa combinación de aspiraciones profesionales y calidez humana. En Türkiye también damos importancia a los vínculos personales, y dedicar tiempo a conocer a alguien puede ser el comienzo de una colaboración duradera.

Haberme trasladado aquí con mi hija también da una dimensión personal a esta misión. Un nuevo país pasa a formar parte de la vida cotidiana de la familia a través de la escuela, el idioma y las amistades. Valoro la oportunidad de que ella descubra Bolivia con curiosidad y respeto. Para mí, representar a Türkiye significa ayudar a que esa misma curiosidad crezca en ambas direcciones, para que nuestros pueblos se conozcan cada vez mejor.

Türkiye y Bolivia son dos países con culturas muy ricas y diversas. Durante sus primeros meses en Bolivia, ¿qué similitudes ha observado en la fortaleza, la resiliencia y el papel de las mujeres en ambas sociedades?

En mis primeros meses en Bolivia, me ha llamado la atención algo que también reconozco en Türkiye: la capacidad de las mujeres para mantener los vínculos familiares y comunitarios mientras abren nuevos caminos para sí mismas y para la siguiente generación. En ambas sociedades, las mujeres contribuyen a mantener vivas las tradiciones, pero también las reinterpretan a través de la educación, la vida profesional y el emprendimiento.

Los kilims de Anatolia y los textiles andinos son un hermoso ejemplo. Ambos preservan la memoria mediante el color, los diseños y el trabajo artesanal, y las mujeres desempeñan un papel importante en la transmisión de esos saberes de una generación a otra. Cuando una mujer convierte esos conocimientos en un emprendimiento de diseño, también crea oportunidades para generar ingresos y alcanzar independencia. El patrimonio cultural se convierte así en un recurso para construir su propio futuro.

También percibo una valoración compartida de las madres como pilares de la familia y primeras maestras de sus hijos. Incluso la expresión «lengua materna» evoca su temprana influencia en nuestra comprensión del mundo. Cuando las madres tienen acceso a la educación, a una buena atención de salud y a oportunidades para realizar sus propias aspiraciones, los beneficios llegan a la siguiente generación. Los padres, las familias y las instituciones públicas comparten la responsabilidad de brindar ese apoyo.

Estas conexiones también me hacen reflexionar sobre la larga historia de la representación femenina en Anatolia: las figurillas de Çatalhöyük, la diosa madre Cibeles y las leyendas que sitúan a las amazonas cerca de la actual Terme, en Samsun, en la costa de Türkiye sobre el mar Negro. Sus significados son distintos y las amazonas pertenecen a la mitología, pero cada uno de estos ejemplos ofrece una manera fascinante de explorar cómo se ha representado a las mujeres en el arte y los relatos a lo largo de los siglos.

Lo más importante hoy es traducir el respeto por la contribución de las mujeres en oportunidades. En ambos países, su resiliencia merece un apoyo concreto mediante la educación, las redes profesionales y la libertad de perseguir sus aspiraciones. Me gustaría ver vínculos más estrechos entre empresarias, artistas, docentes y académicas turcas y bolivianas. Sus experiencias son diferentes, y precisamente por eso tienen tanto que aprender unas de otras.

Tanto a escala mundial como en la política exterior de Türkiye, ¿qué lugar ocupan la igualdad de género y la protección de los derechos de las mujeres en la agenda diplomática actual?

Los derechos de las mujeres deben estar en el centro de una agenda diplomática comprometida con la dignidad humana, el desarrollo y la paz. Las decisiones sobre educación, empleo, tecnología y seguridad afectan sus oportunidades. Por ello, las mujeres necesitan una participación efectiva en la toma de decisiones y los recursos necesarios para contribuir a su aplicación.

Para Türkiye, el avance de las mujeres está estrechamente vinculado con la visión fundacional de nuestra República y con las reformas impulsadas por Mustafa Kemal Atatürk, fundador de la República de Türkiye. El 5 de diciembre de 1934, las mujeres turcas obtuvieron el derecho a votar y a ser elegidas en las elecciones parlamentarias, mucho antes que las mujeres de varios países europeos. Para dimensionar ese logro, esos derechos fueron reconocidos en Francia en 1944, en Grecia en 1952 y en Suiza, a nivel federal, en 1971. Fue un compromiso visionario con la participación de las mujeres en la construcción del futuro del país. Honramos ese legado al seguir ampliando las oportunidades para cada nueva generación.

Hoy, Türkiye trabaja con socios internacionales en marcos como la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y mediante la cooperación con ONU Mujeres, cuya oficina regional para Europa y Asia Central tiene su sede en Estambul. Nuestra Estrategia y Plan de Acción para el Empoderamiento de las Mujeres 2024–2028 abarca ámbitos como la educación, la salud, la participación económica y el liderazgo. En última instancia, el valor de estos esfuerzos debe medirse por su impacto en la vida cotidiana de las mujeres.

El cambio climático es uno de los desafíos globales y humanitarios más apremiantes de nuestro tiempo: afecta a las comunidades, las economías, los medios de vida y las generaciones futuras. Afrontarlo exige liderazgo en todos los niveles, y las mujeres deben estar en el centro de ese esfuerzo.

La primera dama de Türkiye, la señora Emine Erdoğan, ofrece un valioso ejemplo de liderazgo femenino a través de su compromiso sostenido con la responsabilidad ambiental y de la iniciativa Cero Desechos, puesta en marcha bajo su liderazgo en 2017. La iniciativa alienta a las personas y a las instituciones a prevenir la generación de desechos, conservar los recursos e incorporar la reutilización y el reciclaje a la vida cotidiana. A raíz de una iniciativa encabezada por Türkiye, las Naciones Unidas designaron el 30 de marzo como Día Internacional de Cero Desechos. La señora Erdoğan preside, además, la Junta Consultiva del Secretario General de las Naciones Unidas sobre Cero Desechos.

Una primera dama ocupa una posición singular para reunir a las personas en torno a causas compartidas e inspirar la acción colectiva. Mediante su labor en favor del medioambiente, la señora Erdoğan demuestra cómo las mujeres pueden ejercer el liderazgo y aprovechar su proyección pública para impulsar soluciones a desafíos globales, al tiempo que inspiran a otras mujeres y niñas a contribuir a sus comunidades y construir un futuro más sostenible.

Esta labor cobra especial relevancia mientras Türkiye se prepara para acoger la COP31, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebrará en Antalya del 9 al 20 de noviembre de 2026. Prevenir la generación de desechos y prolongar el uso de los materiales puede contribuir a reducir las emisiones y construir sociedades más sostenibles. Las mujeres contribuyen a diseñar estas soluciones como científicas, empresarias, responsables de políticas públicas y líderes comunitarias. El futuro que se debate en las conferencias sobre el clima terminará siendo la realidad cotidiana de nuestros hijos.

Türkiye concede gran importancia a la salud maternoinfantil. En Bolivia, ese compromiso se ha concretado mediante la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación, TİKA, que instaló un quirófano completamente equipado y donó incubadoras neonatales al Hospital Materno Infantil Dr. Juan Manuel Jijena Durán de Tarija. Esta contribución reforzó la capacidad quirúrgica del hospital, incluida la atención ginecológica de pacientes de Tarija y zonas aledañas, así como su capacidad para atender a recién nacidos prematuros. Como madre, esta contribución tiene para mí un significado especial: una buena atención puede marcar una profunda diferencia en la vida de toda una familia. También he estado conversando con la dirección del hospital sobre nuevas posibilidades de cooperación.

Asimismo, estamos trabajando en un proyecto para apoyar al sector educativo de Bolivia. A través de la salud y la educación, nuestra amistad puede ayudar a que los niños comiencen la vida en mejores condiciones y desarrollen sus capacidades a medida que crecen.

A escala mundial, la diplomacia debe prestar especial atención a las mujeres y niñas afectadas por conflictos y desplazamientos. Su seguridad, su acceso a la salud y la educación, y su participación en las decisiones sobre la recuperación merecen una atención sostenida. Cuando hablamos de paz, deberíamos poder explicar qué significará para la vida cotidiana y el futuro de una mujer que atraviesa una crisis.

Türkiye tiene una larga historia de mujeres pioneras en ámbitos como la política, la academia y las artes. ¿Qué mujeres turcas la inspiran personalmente en su carrera diplomática?

Sabiha Gökçen es una de las mujeres turcas que más me inspiran. Reconocida como la primera mujer piloto de combate del mundo, ingresó en la década de 1930 a una profesión que entonces pocos imaginaban que una mujer pudiera ejercer. Hoy, mujeres turcas pilotean aviones de combate F-16 en nuestra Fuerza Aérea. Cuando una niña ve a una mujer en la cabina de un avión, también puede empezar a imaginarse en ese lugar.

Filiz Dinçmen ocupa un lugar especial en nuestra profesión. En 1982 se convirtió en la primera embajadora de Türkiye y ayudó a que las mujeres más jóvenes pudieran imaginarse representando a su país al más alto nivel. Una pionera transforma las expectativas mucho más allá de su propio nombramiento.

También rindo homenaje a las mujeres que contribuyeron a nuestra Guerra de Independencia, transportando suministros, atendiendo a los heridos y participando activamente en la lucha. La escritora Halide Edip Adıvar ayudó a movilizar apoyo mediante sus discursos y su propia participación. Su ejemplo muestra la fuerza de la voz y la determinación de una mujer en un momento decisivo de la historia de su país.

Aquí, en Bolivia, Juana Azurduy también me inspira. Su valentía y liderazgo en la lucha por la independencia crean un vínculo conmovedor con las mujeres que ayudaron a asegurar la libertad de Türkiye. Honrarla es también una expresión de mi respeto por la historia boliviana.

Safiye Ali, la primera médica turca, ofrece otro ejemplo notable. Estudió medicina en el extranjero cuando ese camino estaba cerrado a las mujeres en su país y luego puso su formación al servicio de los demás, con especial atención a la salud de las mujeres y los niños. Su determinación tuvo un propósito duradero que trascendió su propio logro.

Nuestra selección femenina de voleibol ofrece un ejemplo colectivo de esa misma determinación. Conocidas como las «Sultanas de la Red», sus jugadoras conquistaron dos títulos europeos consecutivos, en 2023 y 2026, y revalidaron su corona en Estambul en septiembre de 2026. Su éxito me llena de orgullo. Para las niñas que las observan, también hace visibles sus propias aspiraciones: mujeres que confían unas en otras, se superan bajo presión y alcanzan el más alto nivel tras años de práctica.

Me gustaría que los lectores bolivianos descubrieran Türkiye a través de los logros de estas mujeres, junto con la historia y los lugares por los que nuestro país ya es conocido.

También siento un profundo respeto por las mujeres cuyos nombres nunca aparecen en los relatos públicos de grandes logros. Una maestra que anima a una niña a continuar sus estudios, o una madre que hace sacrificios por la educación de su hija, puede cambiar el rumbo de una vida. Su contribución también merece reconocimiento.

Desde su perspectiva, ¿cuáles son los mayores obstáculos que todavía enfrentan las mujeres en Türkiye y Bolivia para acceder a puestos de alta dirección o ejercer cargos públicos?

Las mujeres han alcanzado algunos de los cargos más altos de Türkiye en la política, la justicia y la diplomacia. Nuestro país tuvo a su primera mujer al frente del Gobierno en 1993 y a su primera ministra de Relaciones Exteriores en 1996. En 2005, una mujer asumió la presidencia del Tribunal Constitucional. También han ocupado cargos ministeriales y vicepresidencias de la Gran Asamblea Nacional, contribuyendo a dirigir la labor legislativa del país. Estos logros ofrecen a las nuevas generaciones ejemplos concretos de lo que pueden aspirar a alcanzar. Nuestra responsabilidad es hacer que esas oportunidades estén al alcance de más mujeres.

Nuestro presidente, Recep Tayyip Erdoğan, ha subrayado que una sociedad que excluye a las mujeres renuncia a la mitad de su potencial y de su fuerza. Este principio se aplica a la vida económica, la función pública, la ciencia, la cultura y las artes: nuestras instituciones y comunidades se benefician cuando las mujeres pueden contribuir plenamente.

Los obstáculos suelen comenzar mucho antes de que se presente la oportunidad de acceder a un alto cargo. Las desigualdades en el acceso a la educación, las responsabilidades en el hogar y las ideas preconcebidas sobre quién está preparado para liderar pueden determinar quién adquiere la experiencia y recibe el aliento necesario para postularse.

El tiempo es un factor fundamental. Cuando las responsabilidades de cuidado recaen desproporcionadamente sobre las mujeres, resulta más difícil capacitarse, viajar por trabajo o aceptar funciones exigentes. Los servicios asequibles de cuidado infantil, la distribución de responsabilidades dentro de las familias y los entornos laborales que brindan apoyo amplían las posibilidades de desarrollo de las mujeres y ayudan a las instituciones a retener talento.

También importan los procedimientos justos de contratación y promoción, la mentoría eficaz y la protección frente al acoso. Una mujer debería poder aspirar a un cargo público o asumir responsabilidades profesionales sin sufrir intimidación ni violencia, tampoco en el entorno digital.

Como expresó el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan: «No hay herramienta para el desarrollo más eficaz que el empoderamiento de las mujeres». El emprendimiento femenino es esencial para hacer realidad el potencial económico de Türkiye, Bolivia y cualquier sociedad. Cuando las mujeres pueden crear y hacer crecer sus empresas, generan empleo, aportan nuevas ideas al mercado y fortalecen los ingresos familiares. Una economía que desaprovecha sus capacidades deja sin desarrollar parte de su propio potencial.

El apoyo concreto incluye acceso al financiamiento, la capacitación, las herramientas digitales, los mercados y las redes profesionales. Debemos preguntarnos qué ayudará a una mujer a ampliar su empresa, contratar a otras personas y llegar a clientes en el extranjero. Una idea de negocio que nunca recibe una oportunidad también es una oportunidad perdida para el país. Este es un ámbito en el que las empresarias turcas y bolivianas podrían aprender mucho unas de otras.

Como mujeres, también podemos empezar a imponernos límites invisibles. Lo que oímos, vemos y leemos reiteradamente puede enseñarnos, de manera casi imperceptible, que ciertas funciones no son para nosotras. Reconocer esas ideas preconcebidas nos ayuda a dejar de confundirlas con hechos sobre nuestras capacidades. El aliento es importante, al igual que contar con instituciones que eliminen las barreras reales.

Türkiye y Bolivia tienen circunstancias distintas y lecciones que compartir. En ambos países, el progreso debe llegar a las mujeres de las zonas rurales y a quienes enfrentan desventajas económicas o de otra índole. Dentro de nuestras propias instituciones, podemos contribuir con decisiones justas sobre a quién alentamos, cómo distribuimos las responsabilidades y de quién reconocemos el trabajo.

La diplomacia ha sido históricamente un ámbito dominado por los hombres. ¿Cómo ve su evolución hoy? ¿Considera que las embajadoras están cambiando la manera de ejercerla?

La diplomacia está evolucionando, y la creciente presencia de mujeres en posiciones de autoridad amplía las experiencias de las que se nutre. Las mujeres deben poder contribuir a toda la agenda, incluida la seguridad, el comercio y las negociaciones políticas más complejas.

En el Ministerio de Relaciones Exteriores de Türkiye, las mujeres representan el 38 % del personal total y el 40 % de los funcionarios de carrera. Ocupan el 18 % de los cargos de dirección general y constituyen el 29 % del total de embajadores. Me gustaría que esa presencia siguiera creciendo, especialmente en los niveles superiores de dirección. Un servicio diplomático es más fuerte cuando todas las personas con talento tienen la oportunidad de contribuir y progresar.

Las mujeres deberían tener una mayor presencia en el liderazgo a todos los niveles: en la administración pública, la política, las empresas, la sociedad civil y las organizaciones internacionales. Su experiencia puede aportar una valiosa empatía, atención a cuestiones que suelen pasar inadvertidas y nuevas formas de generar confianza. Cada mujer aporta su propio estilo y conocimientos; dar una influencia real a esa diversidad de voces ayuda a las instituciones a tomar decisiones mejor fundamentadas y a ser más resilientes.

En la construcción de la paz, estudios citados por ONU Mujeres relacionan la participación de las mujeres con acuerdos más duraderos. Su presencia puede llevar las necesidades de las comunidades a la mesa de negociación y ayudar a crear las condiciones para que la paz arraigue en la vida cotidiana. Por ello, esa participación debe ir acompañada de una autoridad real para definir políticas, conducir negociaciones y aplicar acuerdos.

Mis años en la Secretaría Internacional Permanente de la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro me enseñaron el valor de la paciencia, la preparación y la búsqueda de puntos de encuentro entre distintas prioridades nacionales. Esa experiencia orienta hoy mi manera de abordar la cooperación entre Türkiye y Bolivia.

Las embajadoras también hacen visible el liderazgo femenino para las nuevas generaciones. Tenemos la responsabilidad de apoyar a quienes nos sucedan en la profesión, asignándoles tareas relevantes y dándoles espacio para desarrollar su criterio. Quiero que ingresen a la diplomacia con la confianza de que su contribución será valorada.

Si pudiera enviar un mensaje directo a las jóvenes y niñas de Bolivia y Türkiye que sueñan con romper techos de cristal y convertirse en líderes, ¿cuál sería?

Tomen en serio sus aspiraciones, incluso antes de que todos a su alrededor lo hagan. La curiosidad de una niña puede convertirse en una profesión, un descubrimiento o una vocación de servicio público. Merece la oportunidad de descubrir hasta dónde puede llevarla.

Esta convicción tiene para mí un significado muy personal. Mi padre, Mehmet Güney, quien falleció en 2024, fue un distinguido diplomático que ejerció como embajador y juez internacional. Nos crio a mis dos hermanas y a mí con una profunda convicción en la igualdad entre mujeres y hombres, dándonos la confianza de que podíamos perseguir aquello que deseáramos en la vida. Ser niñas nunca fue motivo para limitar nuestras aspiraciones. Esa confianza sigue siendo uno de los legados más duraderos que nos dejó y continúa guiándome en mi vida y en mi carrera.

Mi madre también es uno de mis mayores referentes. Hasta el día de hoy acudo a ella en busca de sabiduría, perspectiva y apoyo. Su ejemplo me recuerda que la influencia de una madre no termina cuando sus hijos crecen: continúa en las decisiones que toman, en la fortaleza que encuentran y en los valores que transmiten. Cuando hablo de las madres como pilares de las familias y de las sociedades, pienso en ella. Gran parte de lo que espero darle a mi hija comenzó con lo que mi madre me dio a mí.

Ahora, como madre, intento transmitir la confianza y el apoyo que recibí de ambos. Le digo a mi hija: «Imposible no está en nuestro vocabulario». Quiero que comprenda cuánto puede lograr con esfuerzo, práctica, disciplina, perseverancia y paciencia, y con el valor de volver a intentarlo cuando fracasa. Quiero que vea el fracaso como parte del aprendizaje, nunca como un veredicto sobre sus capacidades o su futuro. Ninguna niña debería tener que reducir sus sueños para ajustarlos a las expectativas de otra persona.

Den a esas aspiraciones una base sólida. Lean sobre temas diversos, aprendan idiomas, desarrollen sus habilidades y hagan preguntas. Busquen personas que les brinden tanto aliento como consejos sinceros. Valoren la orientación de sus padres y de los mayores de su familia: aquello que a veces desestimamos cuando somos jóvenes puede encerrar décadas de sabiduría adquirida con esfuerzo y darnos un mejor punto de partida para encontrar nuestro propio camino.

Midan su progreso comparándose con quienes eran ayer, en lugar de hacerlo con los logros de otra persona. Aprendan de los demás, pero definan sus metas de acuerdo con sus propios valores y aspiraciones. Cada una parte de circunstancias distintas y avanza a un ritmo diferente. Lo importante es que sigan aprendiendo, creciendo y descubriendo de qué son capaces.

Exploren más allá de los caminos que les resultan familiares. La ciencia, la diplomacia, los negocios y las artes necesitan sus ideas. Para las estudiantes bolivianas interesadas en estudiar en el extranjero, el programa Becas Türkiye ofrece oportunidades mediante un proceso de selección competitivo que vale la pena conocer. Estudiar en otro país también puede dar lugar a amistades y vínculos profesionales que perduren durante años.

Y, a medida que adquieran experiencia, compártanla. Recomienden el trabajo de una colega más joven cuando merezca reconocimiento, dediquen tiempo a sus preguntas y ayúdenla a encontrar oportunidades. Su éxito puede dar a otra persona la confianza necesaria para comenzar.

Con motivo del Día de la Mujer Boliviana, que se celebra el 11 de octubre, ¿cuál es su mayor deseo o aspiración para las mujeres del mundo en los próximos años?

Mi mayor deseo es que cada mujer tenga la libertad y los medios para construir su propia vida: estudiar, participar en la vida económica, crear una empresa, ingresar a la función pública, contribuir a la ciencia y las artes, e incidir en las decisiones que la afectan a ella y a su comunidad. Esto también incluye la sencilla libertad de disfrutar de la vida sin miedo.

En Türkiye conmemoramos el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo. El Día de la Mujer Boliviana, el 11 de octubre, honra a la escritora y educadora Adela Zamudio. Su compromiso con la educación nos recuerda cuánto puede cambiar el futuro de una niña cuando tiene la oportunidad de aprender.

Espero avances que las mujeres puedan sentir en su vida cotidiana: acceso a la educación y a la salud, un reconocimiento justo en el trabajo y una protección efectiva frente a la violencia. Las mujeres y niñas que viven situaciones de guerra y desplazamiento deben formar parte de esa promesa.

También deseo que la amistad entre Türkiye y Bolivia genere más oportunidades a través de la educación, la cooperación en salud y el emprendimiento femenino.

Cuando pienso en mi hija y en las niñas de su generación, espero que crezcan sabiendo que sus voces importan y que su contribución será bienvenida. Para mí, transmitir esa confianza es uno de los significados más personales de la igualdad.

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