“Primero los pobres”, decían, en el pasado inmediato, los gobiernos de turno. Pero se olvidaron de aquellos, lamentablemente, y proliferaron los nuevos ricos. Resultado indignante de la corrupción institucionalizada. Ellos solventaron, posiblemente, las movilizaciones recientes, que ocasionaron grandes pérdidas al país. Ahora, ante el ajuste estructural, se debería aplicar verdaderas medidas de protección social a favor de sectores de escasos recursos económicos, que son muchos en el país. Que no sean meros enunciados, sino hechos. Que permitan mitigar el elevado costo de vida. Vivimos tiempos que aceleran el cambio, que debe ir acompañado de ayuda al prójimo. Los gobernantes deben ratificar, ahora más que nunca, su elevada sensibilidad social.
Se presagian tiempos muy conflictivos, debido a las amenazas que provienen de cocaleros del trópico cochabambino. Instan a cercar La Paz, hasta que renuncie Rodrigo Paz. Exigen que retorne la subvención al diésel. Hablaron de plazos, de ultimátum y movilizaciones. Quienes creen tener manos limpias, pusieron énfasis en fusilar a los corruptos. Son los que creen tener la conciencia tranquila. Rechazaron el neoliberalismo, los partidarios del ruinoso estatismo. Aplicaron un modelo que nos dejó la Patria empobrecida, sin recursos energéticos, sin dólares y con empresas públicas deficitarias. He ahí la realidad que transmitieron a la posteridad, quienes gobernaron desde el 2006.
Los que provocaron el desastre nacional, en cuanto se refiere a la debacle económica, se precian hoy de salvadores del país. “Hay que salvar Bolivia”, sostienen, sin rubor. Como si nada hubiera ocurrido durante los últimos veinte años. Como si no hubiesen despilfarrado los recursos de la producción del gas, que, durante esa época, generó unos 250 millones de dólares cada año. La memoria colectiva no olvida tales hechos. Menos los despropósitos cometidos durante los gobiernos de turno, tanto en lo económico como en lo político. La circunstancia critica que viven los bolivianos, es, ciertamente, responsabilidad de ellos.
Para salvar Bolivia, en la coyuntura se impone dialogar, intercambiar ideas, enriquecer propuestas y buscar coincidencias, aprovechando la potabilidad democrática, en unidad. Amenazas, marchas, movilizaciones y bloqueos no contribuirán a salvar Bolivia. Empeorarán su situación, agudizando la crisis económica. Las esperanzas y expectativas de sectores frustrados, en tiempos de quienes detentaron el Poder en el pasado, es avanzar, hacia un futuro más llevadero, en el marco de la apertura económica, asumida por el ejecutivo. Todo ajuste estructural tiene, a su vez, un costo social, que recae sobre la población mayoritaria. Una verdad, desde luego. Por ello que es necesario, urgente e ineludible, reiteramos nuevamente, aplicar políticas de protección social.
En suma: el futuro inmediato de Bolivia, que cobija una población de aproximadamente once millones de habitantes, es crecimiento, con desarrollo sostenible. Esa es y será la perspectiva histórica.
Primero los pobres
Severo Cruz Selaez
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