En medios audiovisuales ha aparecido un grupo de personas, entre ellas mujeres que han desempeñado altas funciones en el largo régimen del populismo al socialismo, e incluso una de ellas en la reunión de la semana pasada en el Chapare, de los seguidores del expresidente Evo Morales. En esa reunión la expresidenta de la Cámara de Senadores, Adriana Salvatierra, ha proclamado la movilización contra el debilitado gobierno constitucional que preside Rodrigo Paz Pereira.
El régimen que gobernó el país por dos décadas –que aún tiene influencia en algún Órgano del Estado–, que se autotituló como de la “revolución del cambio cultural democrático”, con su modelo “social, comunitario, productivo”, como nunca antes en la historia, recibió ingentes recursos originados por la elevación de precios de las materias primas que exportamos (solo por ingresos de la exportación de gas, el Tesoro Público percibió 60 mil millones de dólares). Pero “despilfarró” esos recursos y otros de ingresos corrientes, con inversiones en emprendimientos con sobreprecios, en empresas no rentables, y gastos corrientes elevados que produjeron elevados índices de déficit fiscal, hasta dejar el país en una situación de crisis.
Si aplicamos el modelo de “evaluación por resultados”, a las políticas del régimen del MAS, llegamos a la conclusión de que fue un fracaso, pues el país atraviesa por una profunda crisis económica (con todas sus variables en crisis), social e institucional, de tal manera que el nuevo gobierno ha tenido que acudir al Fondo Monetario Internacional FMI), como única vía de salvataje.
Algunos sectores populares reclaman porque durante el régimen populista, en sus primeros gobiernos, había de todo, hidrocarburos, dólares con valor subvencionado y una situación bonancible. Pero no entienden que se debió a los precios internacionales de nuestros productos (commodities), recursos con los que, bien administrados, no estaríamos en un cuadro de deterioro como el que atravesamos.
Los defensores del populismo, hacen mención a que en ese régimen se incorporó a los sectores populares al poder, lo que ya se hizo en la Revolución Nacional, pues a todos los bolivianos se les dio acceso a la ciudadanía plena, en especial a los indígenas, que dejaron de ser “pongos y mitanis”. Así mismo, tres dirigentes obreros ocuparon las funciones de ministros, en un gabinete de ocho ministros, y estuvieron en el Congreso o Parlamento dirigentes campesinos, como Rojas Guevara, Veizaga y otros. Las mujeres accedieron al voto y también fueron parlamentarias. El secretario Ejecutivo de la COB, Juan Lechín, fue Ministro de Minas, Presidente del Senado y Vicepresidente de la República.
Es cierto que el régimen populista del MAS, empoderó a grupos de sectores populares, otorgándoles funciones de responsabilidad, pero sin tomar en cuenta la preparación e idoneidad para las mismas. Como resultado de ello, aumentaron la corrupción y el prebendalismo, el debilitamiento de las instituciones y el crecimiento del narcotráfico.
Hoy el país se debate en una crisis aguda, no solo económica sino de valores morales, lo que está afectando la vida y porvenir de la sociedad, de tal manera, que urge una suerte de reconstrucción de las instituciones, de la moral pública y privada, del trabajo honesto, de la meritocracia y del buen gobierno.
Una cosa es gobernar cuando las arcas fiscales están llenas, y otra cuando éstas están escasas de recursos. Y es que gobernar el Estado, es buscar el bien común y para conseguirlo se requieren planes y programas ajustados a la realidad nacional, recursos suficientes para que la sociedad obtenga los más necesarios servicios públicos de calidad, y un personal profesional, capacitado y, fundamentalmente, honesto.
El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.
