En Bolivia todos andan casi ciegos, las situaciones y las instituciones están desbordadas, nadie se atreve a hablar, no sé por qué no pueden, no quieren o esperan algo. Lo cierto es que los días van pasando, se acerca octubre, muchos amenazan, pocos piensan, todos andan preocupados por los efectos de la crisis, muchos no venden, otros venden cargos públicos, como en YPFB y la supuesta intervención estatal. Al parecer la fiesta continúa y en Bolivia nos enteramos que no hay profesionales petroleros y siguen reciclando y contratando gente muy allegada al antiguo régimen. Mientras que nuestros jóvenes profesionales petroleros, se aventuran a abrir un negocio o trabajan como taxistas. Cada uno de nosotros velando por nuestros propios intereses particulares, mientras el país se va por el caño.
El presidente Rodrigo Paz, hace un mal gobierno, tolerante con la corrupción y el abuso de poder, pero de aquí a diez años, todos lo habrán olvidado completamente, ese será el legado de su presidencia. Así es Bolivia, un país que no tiene memoria. Estoy seguro de que al actual gobierno poco le importa el resultado de su triste actuación y lo esencial para él es que nadie diga algo sobre la corrupción gubernamental, que nadie recuerde, por ejemplo, los mandamientos de aprensión en contra del ex presidente cocalero y que todo el mundo olvide el caso Cerimedo. Por eso las redes sociales deben ser “controladas”, bajo el pretexto de que no conviene a la imagen del país mostrar la cara oscura del gobierno de Rodrigo Paz. El presidente para salvar la situación hace todo tipo de concesiones, promesas y mensajes tranquilizadores.
Nadie quiere echar más combustible a la hoguera, pero los enemigos del presidente Rodrigo Paz son muchos y a pulso él se ha ganado nuevas enemistades. Por eso los bolivianos nos preguntamos: ¿hasta cuándo durará esto? ¿El gobierno tendrá la fuerza para mantener esta situación?… Lo dudo. No es bueno el camino del escándalo y del crimen organizado por el que va Bolivia. Muchos se burlan cuando tocamos estos temas. Las nuevas generaciones han quedado podridas por el antiguo régimen, muchos de estos jóvenes están en la función pública, pero lejos de la ley y la moral, pues a muchos les parece normal ocasionar un daño económico al Estado. A ellos les parece una patraña hablar de ética en el servicio público, quieren seguir los malos manejos, con sus caprichos, sus hazañas perversas. Para ellos la corrupción se ha vuelto un modus vivendi, no entienden otra forma de gobernar y dicen “si no lo hago yo, otro lo hará”. Por eso la corrupción y el abuso de poder en Bolivia se han convertido en algo natural.
Los bolivianos somos producto del pasado, estamos hechos para que corruptos y abusivos tomen el poder. Uno de ellos se acostumbró a dominar el país, a punta de bloqueos y violencia. Aquí solo predomina la espiral del silencio, hay un silencio resignado impresionante, terrible. Tan grande es este silencio que, en las calles de Bolivia, se oye resonar el retorno del antiguo régimen, aunque la verdad nunca se fue, sigue gobernando desde las sombras, utilizando a títeres como Rodrigo Paz u otro personaje. Todo es, pues, mentira y si las cosas siguen este ritmo, la misma gestión de gobierno resultará otra mentira, ya que las cosas por dentro andan mal, no hay partidos políticos, hay taxi partidos, no hay corrientes ideológicas, ni jefes de partidos políticos sin tacha, ni hombres de Estado, ni grandes personalidades. Es necesario y conveniente que los jóvenes lleguen a la dirección del país, es hora para que las nuevas generaciones se hagan cargo de los asuntos públicos. Es hora de nosotros, los jóvenes.
Hay, eso sí, politiqueros, que se agitan, que manipulan, que se afanan, que van y vienen, tornan y retornan como moscas, buscando cargos públicos que comprar, que vender, es todo un negocio, por cierto muy rentable, pero son inútiles para la patria, viven de los negocios del Estado, viven de los negociados con el Estado, su único deseo en enriquecerse ilícitamente a costillas del Estado. Pero a esos politiqueros que ya han actuado se los conoce, ellos nunca reconocerán sus faltas y errores, jamás serán responsables de sus actos. Pretenden a todos mostrar que se han enmendado, pero ahora muchos de los ciudadanos libres de este país ya no creen en ellos, esa es su desgracia. Es que todo tiene consecuencias, muchos de ellos todavía tendrán el cinismo de presentarse para las próximas elecciones, Quienes los siguen, solo lo hacen por interés. Muchos de ellos ya deberían jubilarse, porque ninguno de nosotros les tiene fe. Ellos mismos cavaron su tumba y encaminaron su propio suicidio político.
El nuevo liderazgo se viene manifestando, con los jóvenes, que desean dirigir los destinos de la patria, apoyados por la gente de experiencia, bien intencionada. Por eso el rol de la universidad es muy importante, queremos jóvenes muy preparados, con la moral alta, con iniciativa y ambición de mejorar cada día. Muchos de estos jóvenes hoy están descarriados, sin rumbo, piensan más en folklore, vino y fiesta, pero no todos son así, hay jóvenes rescatables. A ese pequeño grupo de jóvenes generosos, desprendidos, desinteresados y honestos hay que salvarlo, para salvar el país, o lo poco que nos queda como país. Con jóvenes motivados por principios e ideales, se puede realizar muchas cosas y los cambios estructurales que necesita nuestra Bolivia. El gobierno no solo es cuestión de edad o audacia, sino de capacidad.
Jhonny Vargas es Politólogo y Docente de Postgrado.
