Ante la actual crisis económica de Bolivia, hay quienes recuerdan con nostalgia los años de Evo Morales y sostienen que entonces “había dólares, había trabajo, había obras y había estabilidad”. Esta percepción, repetida principalmente por sectores vinculados al masismo, olvida un aspecto fundamental: la bonanza económica que Bolivia vivió desde 2006 no nació con Evo Morales.
El Movimiento al Socialismo recibió un país con importantes reservas de gas, campos hidrocarburíferos desarrollados durante gobiernos anteriores, una red de ductos para la exportación y contratos de venta de gas con Brasil y Argentina. A ello se sumó un contexto internacional excepcional, caracterizado por elevados precios de las materias primas. Esa combinación permitió al Estado disponer de enormes ingresos durante algunos años.
La bonanza no nació con el MAS
El discurso del MAS suele presentar aquella bonanza como resultado directo de la llegada de Evo Morales al poder. Sin embargo, la mayor parte de los recursos que recibió su gobierno provenía de una estructura hidrocarburífera construida durante décadas anteriores.
La pregunta es sencilla: ¿qué nuevos recursos estructurales fueron generados para reemplazar aquellos heredados?
Durante los años de abundancia se financiaron carreteras, hospitales, unidades educativas, canchas deportivas, bonos sociales y numerosas obras. Pero gastar una renta extraordinaria no es lo mismo que construir una economía productiva capaz de sostenerse cuando esa renta desaparece.
El verdadero desafío de un gobierno responsable consiste en transformar una renta temporal en infraestructura productiva, diversificación económica, industrialización, tecnología, empleo sostenible y nuevas fuentes de ingresos.
Bolivia tuvo una oportunidad histórica. Sin embargo, cuando disminuyeron los ingresos del gas comenzaron a evidenciarse sus debilidades estructurales: menor producción hidrocarburífera, reducción de reservas internacionales, déficit fiscal, endeudamiento, dificultades para obtener divisas y problemas de abastecimiento de combustibles.
Por eso, no basta decir que durante el gobierno de Evo Morales “había plata”. La pregunta fundamental es: ¿de dónde provenía esa plata y qué se hizo para garantizar que siguiera existiendo después de la bonanza?
Obras, bonos y endeudamiento
Los bonos, el doble aguinaldo, las carreteras, hospitales y otras obras forman parte de la memoria de aquellos años. Pero esos beneficios no pueden ser presentados como resultado exclusivo de una capacidad económica extraordinaria del gobierno de turno. Los recursos provenían principalmente de la renta hidrocarburífera, los altos precios internacionales, la recaudación tributaria y también del endeudamiento.
Por ello, el balance de un gobierno no debe medir solamente cuánto gastó, sino qué capacidad productiva dejó después de gastar.
La estabilidad económica tampoco significa únicamente tener dinero durante los años de abundancia. Significa contar, cuando cae el precio de las materias primas, con reservas, producción nacional, divisas, empleo y capacidad fiscal suficientes para enfrentar las dificultades.
El campo y los recursos naturales
Mientras se hablaba de soberanía alimentaria y revolución productiva, Bolivia continuó dependiendo de importaciones para numerosos productos. El campo necesita mucho más que discursos: requiere riego, tecnología, semillas, mecanización, asistencia técnica, almacenamiento, caminos, crédito y mercados.
Si el país quiere reducir su dependencia externa, debe fortalecer seriamente la producción agropecuaria nacional y brindar capacitación tecnológica y asistencia permanente a los productores.
También se debe discutir la expansión de la explotación aurífera y sus consecuencias ambientales. La minería puede generar ingresos y empleo, pero sin controles adecuados provoca contaminación y daños a ríos y ecosistemas. Los recursos naturales pertenecen a todos los bolivianos y deben ser administrados pensando también en las futuras generaciones y no como ocurre actualmente, cuando esos cuantiosos recursos solamente llenan a raudales los bolsillos de unos cuantos supuestos cooperativistas y sus socios extranjeros.
¿Quién creó la bonanza?
La pregunta central no debería ser si durante el gobierno de Evo Morales hubo dinero. Sí lo hubo. Pero gran parte de esa riqueza provenía de la herencia gasífera, de la infraestructura hidrocarburífera construida anteriormente y del auge internacional de las materias primas.
El gobierno del MAS administró esa bonanza, realizó numerosas obras y programas sociales, pero también incrementó el gasto público y el endeudamiento, mientras la economía mantuvo una fuerte dependencia de los hidrocarburos.
Cuando esa fuente de ingresos comenzó a debilitarse, las vulnerabilidades quedaron expuestas.
La memoria no debe convertirse en propaganda
La “Chauchita” de los Pepinos era una expresión tradicional del Carnaval paceño asociada a la alegría y picardía del bufón, que recorría las calles regalando confites y lanzando mixtura al aire. De ahí tomamos la expresión para referirnos, en sentido figurado, a quienes añoran aquellos años simplemente porque recibieron bonos, tuvieron mayor capacidad de consumo o vieron numerosas obras públicas.
Es comprensible que algunas personas recuerden con nostalgia aquella época. Pero una sociedad no puede evaluar un gobierno únicamente por los beneficios recibidos durante una etapa excepcional.
También debe preguntarse qué ocurrió con las reservas, la producción de gas, la deuda, el aparato productivo, el empleo y la capacidad del país para generar divisas una vez terminada la bonanza.
Evo Morales no creó la riqueza hidrocarburífera de la que dispuso su gobierno. La recibió en un momento excepcional y tuvo la oportunidad histórica de transformarla en una economía productiva y sostenible.
Hoy Bolivia no necesita regresar a una bonanza basada principalmente en el gas. Necesita construir una economía sustentada en la producción, la agricultura, la industria, la tecnología, el conocimiento, el turismo y el aprovechamiento responsable de sus recursos naturales.
Gobernar no consiste solamente en inaugurar obras o administrar una caja llena de dinero heredado. Gobernar significa planificar, administrar, invertir, producir, controlar y prever el futuro.
La historia económica de Bolivia debe ser analizada sin propaganda, pero también sin amnesia. La verdadera pregunta no es cuánto se gastó durante la bonanza, sino qué país quedó después de ella.
El autor es comunicador social.
