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La música de La Isla Olvidada

La música juega un rol central en La Isla Olvidada, que rápidamente se ha convertido en una de las fuerzas emocionales y culturales más características de la película. Desde el principio, los cineastas Joel Crawford, Januel Mercado y Mark Swift comprendieron que la banda sonora tendría que ir más allá de intensificar la aventura o subrayar las emociones. Tenía que transportar al público al mundo de Jo y Raissa honrando la historia, la esencia y el espíritu de las influencias filipinas que constituyen el núcleo de la película. Para hacer realidad esa visión, recurrieron al compositor Nathan Matthew David, cuya trayectoria y profunda conexión con el arte filipino lo convirtieron en un colaborador imprescindible.
Nativo de Los Ángeles y de padres filipinos, David ha dedicado gran parte de la última década a estudiar a los artistas filipinos, y abordó La Isla Olvidada con un claro sentido de responsabilidad y posibilidad. “Desde nuestra primera reunión, percibí de inmediato el entusiasmo de Joel y Januel por crear algo único e innovador, lo cual coincidía con mi deseo de incorporar instrumentos indígenas filipinos en la banda sonora, algo que no creo que se haya hecho antes en una película de esta envergadura”, puntualiza David. “No quería que fuera sólo un elemento añadido que creara ‘exotismo’. Quería que los instrumentos se sintieran familiares y que tuvieran un propósito en el mundo de nuestra historia”.
Al igual que los cineastas, David viajó a Filipinas en las primeras fases del proceso en busca de inspiración. Su viaje lo llevó al lago Sebu para visitar a la tribu T’boli y a la cordillera para pasar un tiempo con el pueblo kalinga. “El viaje fue realmente transformador, y todo eso se reflejó en la música que estaba componiendo”, explica David. “En cuanto atravesamos el portal hacia Nakali, el universo sonoro cambia casi por completo mientras exploramos espacios fantásticos con elementos indígenas filipinos, voces y orquesta”.
Ese cambio en el lenguaje musical se convirtió en uno de los rasgos definitorios de la música original. Para Nakali, David invitó al líder cultural talaandig WAWAY SAWAY a crear cánticos inspirados en un tema que él mismo había compuesto para la isla, y luego entretejió esos cánticos en movimientos más amplios a lo largo de toda la música. Para Batiba, colaboró con la cantante t’boli JENNILYN FADA, cuyo trabajo vocal sobre el tema de la memoria se combina con el sludoy, un antiguo instrumento de bambú que rara vez se toca hoy en día. “El sludoy me pareció un gran complemento porque ahora se toca muy poco en la tribu, por lo que evoca mucho poder y memoria”, dice David. El tema de Batiba también incluye el grabador Sloli que interpreta la línea melódica principal, mientras que el órgano de tubos de bambú de Manila aporta tanto vulnerabilidad como grandeza.
David también usó instrumentos indígenas específicos y tradiciones rítmicas para dar forma a la identidad musical de los personajes y grupos clave de la película. Para los Duwende, grabó al percusionista t’boli JOEL GANLAL y a su hijo, AXCEL KENT GANLAL, tocando los tambores tnonggong con un ritmo asociado a una danza tribal que se interpreta para imitar la guerra o la agresión. Para la Manada Salvaje, incorporó ritmos e instrumentos kalinga conocidos como Tongatong. “Las piezas musicales kalinga se tocan en grupo, así que me pareció la opción ideal para la Manada Salvaje”, explica David.
Una de las decisiones más ingeniosas para la música original fue el uso del ensamble de kulintang, un conjunto de gongs y campanas utilizado por el pueblo maguindanao como base de la identidad musical de Manananggal. “En Maguindanao, las tribus usan un conjunto de gongs graves del conjunto de kulintang llamado ‘Gandingan’ como gongs parlantes, que ‘hablarán’ diferentes frases en los gongs, explica David. “Así que, en la película, pedí a nuestro intérprete principal de kulintang, DATU FARID GUINOMLA, que tradujera frases como ‘Ya viene el Manananggal’, o ‘¿Dónde están mis alas?’”.
La melodía vocal principal de Manang, interpretada por Lea Salonga, también se inspira en un canto maguindanao asociado a la sanación y la reconciliación, una elección que David consideró especialmente adecuada para un personaje definido por la pérdida, la memoria y la recuperación. “Pensé que encajaba bien para su historia, en la que se busca recuperar sus alas y su memoria robada”, expresa David.
En lugar de escribir temas separados para Jo y Raissa, David compuso un tema para su amistad, permitiendo que la relación central evolucionara musicalmente a lo largo de la película. En las primeras escenas, el tema emerge a través de sintetizadores análogos vintage y cajas de ritmos que evocan la calidez del pop de finales de los años ochenta y noventa. A medida que la historia se desarrolla, el motivo musical crece con ella, adoptando una forma orquestal más completa. “Espero que se sienta cálido y cariñoso, pero también desgarrador y, finalmente, triunfal”, indica David.
Para David, la banda sonora se convirtió en un desafío creativo y en un acto de expresión profundamente personal. “En un punto le dije a Joel y a Januel que quería que esta banda sonora abarcara todo lo que yo querría encontrar en una banda sonora”, dice David. “Sentí el inmenso peso de intentar estar a la altura de la responsabilidad de crear música para una película que muestra mi cultura en la gran pantalla y a escala mundial, de una forma que nunca se había hecho antes. Espero que esta música pueda rendir homenaje a nuestros ancestros y a los practicantes indígenas que han mantenido vivas nuestras raíces, y espero que también pueda ser una sencilla carta de amor musical de mi parte a mi cultura”.

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