Antonella Molina, su sobrino Pedro Molina y un grupo de amigos salieron a las 8 de la mañana un sábado reciente, con las manos llenas de volantes, caminando con cuidado entre los escombros que aún quedan por toda La Guaira tras dos terremotos catastróficos consecutivos ocurridos hace 10 semanas.
Su misión es encontrar a Andrés Molina, de 18 años, sobrino de Antonella y primo de Pedro, de quien no tuvieron noticias desde que el doble sismo azotó Venezuela el 24 de junio. Andrés está entre decenas de miles que siguen desaparecidos, según un recuento independiente que está muy por encima de la estimación del gobierno de 1.500.
Semanas antes, Antonella y otros familiares sacaron los cuerpos de la madre y el hermano de Andrés de los restos derrumbados de su edificio de apartamentos de 10 pisos, que colapsó en La Guaira, la zona costera al norte de la capital, Caracas, que fue una de las más golpeadas. El edificio alguna vez albergó a más de 30 personas, pero no había rastro de Andrés, ni siquiera la mochila que siempre llevaba.
Los vecinos le dijeron a la familia que han visto a Andrés deambulando entre la destrucción, recolectando chatarra; mantienen la esperanza de que haya sobrevivido.
“Son muchas cosas que nos dan esperanza”, comentó Antonella. “Una de esas es el amor”.
BUSCANDO SIN AYUDA
Las cifras oficiales de 6.500 muertos y 1.500 desaparecidos fueron ampliamente cuestionadas por la gente en el terreno, aunque el gobierno venezolano afirmó que su respuesta fue rápida y que las estadísticas están “rigurosamente verificadas”.
Con poca confianza en las autoridades, la familia y los amigos de Andrés son quienes están tomando las riendas para obtener las respuestas que necesitan.
“Nunca hemos tenido ese apoyo de parte del gobierno que nos ayude a conseguir las personas desaparecidas. Jamás”, aseguró Antonella.
Asimismo, están decididos a seguir buscando por su cuenta hasta encontrarlo.
En los días posteriores a los sismos, los vecinos señalaron que vieron a Andrés deambulando con una aparente lesión en la cabeza. La familia llamó a refugios, hospitales y morgues, pero no hubo noticias de Andrés.
Recurrieron a pegar volantes por la zona con su foto y un número para llamar. Las llamadas empezaron a llegar, reportando avistamientos en un campo de golf cercano, un parque o un restaurante. Pero Andrés nunca estaba allí cuando ellos llegaban. Cuando preguntaban, la gente les contaba historias de haber visto al joven de la foto, a menudo intentando darle comida a gatos, su animal favorito.
Apenas el día anterior a la búsqueda, la Policía le señaló a Antonella que lo habían visto recolectando material de desecho cerca, lo que alimentó su optimismo. (Independet)
Venezuela
Familia busca a uno de los suyos tras terremoto
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