Investigadores del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington, encabezados por la científica Melinda Webster, confirmaron en un reciente estudio publicado en Nature Reviews Earth & Environment que la temporada de congelamiento del hielo marino en el Ártico se ha reducido drásticamente, prolongando el deshielo aproximadamente siete días y medio más que en 1979 debido al aumento de las temperaturas globales provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
ANÁLISIS DEL HIELO
El análisis, que actualiza las tendencias observadas durante el último medio siglo, destaca que el principal motivo de este fenómeno es el retraso en la formación del hielo durante el otoño. Al postergarse la congelación, la superficie marina permanece expuesta por más tiempo, lo que incrementa sustancialmente la absorción de radiación solar por parte del océano.
Este proceso genera un ciclo de retroalimentación térmica que dificulta la consolidación de capas heladas resistentes para las estaciones posteriores.
Los datos incorporados en la investigación abarcan entre 15 y 20 años adicionales de registros detallados sobre las propiedades físicas de la capa helada. El informe hace especial énfasis en el deterioro del hielo perenne, es decir, aquel que logra sobrevivir a las altas temperaturas del verano.
La pérdida de esta cobertura estructural altera la capacidad reflectante del ecosistema polar, fenómeno conocido como albedo.
Mientras que el hielo marino refleja entre el 60% y el 90% de la luz solar, el agua abierta del océano únicamente devuelve un 7%. Esta disparidad provoca que el mar abierto acumule grandes cantidades de energía térmica, ralentizando aún más la formación de nuevas capas en la época fría y derivando en capas de hielo estacional mucho más delgadas y vulnerables.
ALTERACIONES DEL
HÁBITAt
Además de los cambios térmicos, la investigación identificó una disminución considerable en el espesor de la capa de nieve que cubre el hielo marino, así como una textura notablemente más lisa en la superficie. Estas condiciones representan una amenaza directa para especies clave como los osos polares y las focas, que dependen de la nieve y de estructuras rugosas para construir madrigueras protectoras y criar a sus descendientes.
El impacto ambiental se extiende hacia la base de la cadena trófica marina. La reducción del hielo y de la cubierta nival incrementa la filtración de luz solar en el agua, afectando drásticamente a las algas adaptadas a entornos de baja luminosidad. Según explicó Webster, las algas sufren un efecto equivalente a quemaduras solares por la exposición excesiva a la radiación.
La alteración en las poblaciones de microalgas interrumpe el suministro de alimento para diversas especies marinas, repercutiendo de manera directa en los niveles superiores de la red alimentaria y planteando serias dudas sobre la sostenibilidad de la actividad pesquera en las regiones ártica y subártica.
PROYECCIONES
CIENTÍFICAS
El estudio también aborda las marcadas diferencias físicas entre ambos polos terrestres. Mientras el Ártico constituye un océano rodeado de masas continentales, la Antártida es un continente cubierto de hielo rodeado por océano. Aunque históricamente el hielo marino antártico no mostraba una pérdida tan acelerada, en los últimos cuatro años se registraron cifras récord de reducción de cobertura en el polo sur. (El Diario Ecuador)
Según investigadores
Pérdida de hielo marino amenaza con equilibrio
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