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Cold o hot wallet: uso y abuso de las “criptoescondidas”

Raul Palza Zeballos

Hay palabras que hasta hace poco parecían pertenecer exclusivamente al lenguaje de los expertos en informática y finanzas: blockchain, bitcoin, criptomonedas, wallet. Hoy forman parte de la conversación cotidiana y, cada vez más, del bolsillo, aunque sea virtual de miles de personas. Pero estamos frente a una tecnología más desconocida que conocida, que a veces termina convertida en un verdadero manto de misterio.

Detrás de palabras como blockchain, bitcoin, criptomonedas, cold wallet y hot wallet existe un universo tecnológico que todavía resulta desconocido para buena parte de la población. Y cuando aquello que no conocemos comienza a manejar dinero, el misterio puede convertirse fácilmente en terreno fértil para la especulación, el engaño y el abuso.

Las criptomonedas, o más correctamente activos virtuales, han dejado de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en un fenómeno económico que despierta entusiasmo, esperanza y también preocupación.

Bolivia ya ingresó plenamente en este nuevo escenario. El Banco Central de Bolivia informó que, desde la habilitación de canales e instrumentos electrónicos de pago para operaciones con activos virtuales, las transacciones pasaron de $us 46,5 millones en el primer semestre de 2024 a $us 294 millones en similar período de 2025, un crecimiento superior al 630%, con un acumulado de $us 430 millones.

Pero detrás de esas cifras existe una pregunta que muchos usuarios quizá nunca se hicieron: ¿Dónde está realmente mi dinero digital?

Ahí aparecen las famosas wallets, o billeteras digitales.

 

COLD WALLET Y HOT WALLET

Una hot wallet, billetera caliente, permanece conectada a Internet y normalmente funciona mediante una aplicación en el teléfono, computadora o navegador. Su ventaja principal es la facilidad para comprar, vender y transferir activos virtuales.

La cold wallet, billetera fría, mantiene las claves privadas fuera de Internet, generalmente mediante un dispositivo físico. Puede ofrecer mayor protección frente a determinados ataques digitales, aunque tampoco elimina todos los riesgos.

Dicho en lenguaje sencillo: La hot wallet sirve para moverse; la cold wallet sirve para guardar, pero ninguna convierte las criptomonedas en dinero mágico ni en dinero invulnerable.

 

LA CLAVE ES LA CLAVE

En el universo de las criptomonedas existe una paradoja extraordinaria: podemos perder físicamente un billete y todavía existe la posibilidad de recuperarlo; pero perder la clave privada o la frase semilla de una billetera puede significar perder para siempre el acceso a los activos.

El verdadero tesoro, por tanto, no necesariamente está en el teléfono, la computadora o el dispositivo físico. Está en la clave,  precisamente es aquí donde comienza también el problema del abuso.

 

ENTRE LA INVERSIÓN Y LA ILUSIÓN

El atractivo de las criptomonedas es comprensible, para algunas personas representan una nueva forma de inversión, transferencia de valor y acceso a instrumentos financieros. Pero alrededor de ellas también ha crecido una industria de promesas: “gane dinero rápidamente”, “duplique su inversión”, “invierta sin riesgo”. Cuando aparece la palabra “garantizado”, debería encenderse inmediatamente una luz roja.

Una cosa es invertir en un activo volátil y otra muy distinta entregar los ahorros de toda una vida a alguien que promete multiplicarlos en pocos días.

El problema no es solamente tecnológico, es humano, la codicia, la ingenuidad y la desesperación económica son vulnerabilidades mucho más antiguas que el blockchain.

 

CRIPTOESCONDIDAS

Quizá por eso podríamos hablar, con cierta ironía, de las “criptoescondidas”. Dinero escondido en una billetera digital, claves escondidas en un papel, contraseñas escondidas en un teléfono y, eventualmente, patrimonio cuya existencia puede resultar difícil de conocer para terceros. Pero privacidad no significa impunidad, una economía moderna necesita innovación, pero también transparencia, regulación y responsabilidad.

 

EL CASO CERIMEDO: CUANDO LA WALLET ENTRA EN LA INVESTIGACIÓN

Un caso que actualmente ocupa la atención pública en Bolivia permite comprender hasta dónde puede llegar la importancia de una billetera digital cuando aparece dentro de una investigación.

Se trata del caso de Fernando Cerimedo. Durante el peritaje de su teléfono habría aparecido anotada una dirección correspondiente a una billetera de criptomonedas. El senador Leonardo Roca afirmó haber seguido sus movimientos en la red TRON a partir de esa información. Aquí, sin embargo, corresponde hacer una precisión fundamental: Encontrar una dirección de una wallet en un teléfono no demuestra, por sí solo, quién es su propietario ni quién la controla.

La blockchain permite conocer movimientos, fechas, montos y direcciones de origen y destino. Pero una dirección de criptomonedas no lleva necesariamente el nombre de una persona. La vinculación con un individuo requiere elementos adicionales de investigación.

Por ello, este artículo no pretende emitir ningún juicio de valor sobre Cerimedo ni anticipar responsabilidades porque Investigar no es condenar.

Según informaciones difundidas recientemente, la dirección anotada en el teléfono habría registrado determinados movimientos durante varios meses. A partir de esa dirección también se han realizado rastreos hacia otras billeteras y operaciones de mayor volumen.

Pero aquí aparece un aspecto fundamental: El volumen de una red de transacciones no puede atribuirse automáticamente al patrimonio de una persona. Una billetera puede recibir y transferir recursos pertenecientes a diferentes usuarios, casas de cambio u operadores. Por eso, seguir el movimiento de los fondos es una cosa y demostrar quién los controla es otra muy diferente.

El caso deberá ser esclarecido por las autoridades competentes y dentro del debido proceso. Mientras tanto, cualquier conclusión definitiva sería prematura.

 

DEL CÓDIGO AL NOMBRE

La pregunta fundamental para las autoridades no debería ser solamente: ¿Cuánto dinero se movió?

Debería ser: ¿Quién controlaba la billetera?

Para responderla son requeridos otros elementos: pericias sobre dispositivos, identificación de las claves, información de proveedores de servicios de activos virtuales, casas de cambio, registros financieros y, eventualmente, cooperación internacional.

La blockchain puede mostrar el camino, pero la investigación debe determinar quién caminaba por ese camino.

En el caso Cerimedo, serán las autoridades competentes las que deberán establecer qué significado jurídico tienen los datos encontrados y si existe o no una relación entre determinadas billeteras y las personas investigadas. Mientras tanto, debemos evitar convertir una dirección digital en una sentencia anticipada.

 

EL ESTADO NO PUEDE MIRAR PARA OTRO LADO

El crecimiento de los activos virtuales obliga al Estado boliviano a encontrar un delicado equilibrio, ni prohibir por miedo a la innovación ni permitirlo todo en nombre de la modernidad.

Se necesita regulación inteligente, educación financiera, prevención del fraude, mecanismos eficaces contra el lavado de dinero y protección del consumidor,  también corresponde al ciudadano asumir su parte de responsabilidad.

Antes de invertir debería hacerse una pregunta elemental: ¿Entiendo realmente lo que estoy comprando? Si la respuesta es no, quizá la mejor inversión sea primero comprar conocimiento.

 

NO TODO LO DIGITAL ES MODERNO, NI TODO LO MODERNO ES SEGURO

Existe una peligrosa fascinación por la tecnología, si algo tiene una aplicación, un código QR, una palabra en inglés y una apariencia sofisticada, algunos parecen asumir que automáticamente es seguro. No es así, una hot wallet puede estar expuesta a ataques digitales. Una cold wallet puede reducir determinados riesgos, pero puede perderse, dañarse o ser utilizada incorrectamente.

La tecnología ofrece herramientas. No ofrece irresponsabilidad sin consecuencias.

 

LA NUEVA FRONTERA DEL DINERO

El efectivo estuvo en el bolsillo. Después llegó la tarjeta. Luego la banca electrónica. Ahora aparecen las billeteras digitales y los activos virtuales. La transformación continuará.

Bolivia ya está participando de ella y las cifras del Banco Central demuestran que no se trata de un fenómeno marginal. Precisamente por eso, necesitamos aprender a convivir con esta nueva realidad antes de que la realidad nos obligue a aprender a golpes.

Las criptomonedas pueden servir para invertir, transferir recursos y desarrollar nuevas formas de actividad económica. Pero también pueden ser utilizadas indebidamente. La tecnología no es culpable ni inocente: son las personas quienes deben responder por el uso que hacen de ella.

 

LA WALLET NO TIENE LA CULPA

El caso Cerimedo, independientemente de cuál sea finalmente su desenlace judicial, deja una lección que trasciende a una persona y a una investigación. Una pequeña anotación de letras y números puede abrir una enorme ventana hacia el mundo financiero digital, una billetera puede parecer invisible, pero sus operaciones pueden quedar registradas.

Una transferencia puede viajar en segundos de un continente a otro, una investigación puede seguir ese rastro mucho tiempo después.

Por eso, quizá el verdadero debate no sea cold o hot wallet, el verdadero debate es: ¿Estamos preparados para una economía en la que el dinero puede esconderse en un código, viajar sin fronteras y, al mismo tiempo, dejar una huella permanente?

Las “criptoescondidas” ya están entre nosotros, ahora corresponde aprender a distinguir entre innovación y especulación, privacidad y opacidad, inversión y abuso. Porque una cold wallet puede estar fría, una hot wallet puede estar caliente y el mercado puede estar revolucionado. Pero lo que nunca debería perderse es el sentido común.

 

UNA ACLARACIÓN NECESARIA

Este artículo no pretende ser la opinión de un experto en criptomonedas, blockchain o ingeniería financiera, es simplemente, una mirada de quien observa cómo una tecnología todavía más desconocida que conocida comienza a ocupar un espacio cada vez mayor en nuestra economía y en nuestra vida cotidiana.

No se trata de condenar las criptomonedas ni de convertirlas en una amenaza, tampoco de idealizarlas, se trata de preguntar, reflexionar y advertir. Porque cuando una tecnología puede mover millones de dólares con apenas unos cuantos clics, nadie debería sentirse obligado a entenderlo todo, pero tampoco debería aventurarse a utilizarla sin entender nada.

La tecnología puede ser compleja; la responsabilidad no debería serlo y quizá esa sea la mejor conclusión para nuestras criptoescondidas: Cuando no conocemos aquello que estamos utilizando, el misterio puede terminar costándonos muy caro.

 

El autor es diplomático  de carrera y  politólogo.

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