Desde el año 2005 y hasta el 2025, Bolivia vivió una fantasía de precios subvencionados, aunque con un intento de despertar en diciembre de 2010, cuando el Gobierno de entonces intentó un primer ajuste que, si bien fue rechazado por la población e implicó un retroceso en la medida, significó también sumir al país en una crisis energética previsible que llegaría trece años después. Ahora el ajuste es inevitable, pero se debe proteger a las familias vulnerables, de acuerdo al análisis de la Fundación Jubileo.
Un ajuste tardío e inevitable que no puede olvidar a los más pobres
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