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Salud mental

Ganar la meta sin perder la paz

Por: Yara Alejandra Calderón Pereyra

Un sabio y antiguo proverbio suele advertir: “Cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad”. Más allá del cliché romántico de la vida soñada, del clásico “tú puedes” o de aquellas publicaciones digitales que fragmentan la realidad sobre el verdadero proceso hacia los objetivos, esta frase nos invita a reflexionar críticamente sobre el mundo actual.

Vivimos en una era en la que el ser CEO, emprender, convertirse en una figura influyente o seguir la tendencia del momento se ha transformado en el prototipo del estilo de vida ideal. Tomar matcha, ir a pilates o asistir al coffee party de la semana se perciben hoy como rutinas que otorgan cierto estatus o pertenencia. En un entorno, donde el éxito parece medirse únicamente por gráficos con flechas ascendentes y por el dictamen del algoritmo de la felicidad, contrasta la realidad implícita de cada proceso: el costo personal, la inversión requerida y la compleja toma de decisiones tras cada meta proyectada.

En medio de este panorama, también existen personas que eligen vivir sin exponerse en redes sociales, sin perseguir estándares ajenos ni buscar reconocimiento externo. Y eso también es totalmente válido.

Desde el coaching tradicional se suele hablar de procesos: de transitar desde un estado actual hacia un estado deseado mediante la introspección y la formulación de preguntas cuya respuesta reside en nuestro interior. De manera intuitive y ancestral, nuestro cuerpo, compuesto por energía y espíritu, posee una sabiduría innata capaz de ofrecer respuestas antes que la propia lógica. Sin embargo, las frases motivacionales en las que muchos hemos incurrido nos han convencido de que la distancia entre dónde estamos y dónde queremos llegar es únicamente una cuestión de disciplina, habit trackers y fuerza de voluntad.

Aquí es donde debemos romper el paradigma: ¿qué ocurre cuando la voluntad empuja en una dirección, pero una fuerza invisible frena el vehículo por completo?

Desde diversas herramientas de desarrollo personal esto podría etiquetarse como miedo o autosabotaje. No obstante, si lo abordamos desde la ecología del bienestar mental, entendemos que el inconsciente rara vez actúa por maldad. La Programación Neurolingüística (PNL) sostiene como principio fundamental que todo comportamiento tiene una intención positiva.

Bajo esta premisa, cabe preguntarse: ¿qué tal si detrás de un camino no recorrido o de una meta postergada existe un beneficio secundario, una ganancia oculta que el sistema inconsciente intenta proteger? Esta reflexión no busca justificar lo que no se logró o lo que no salió como se esperaba, sino encontrar la causa raíz de ese verdadero “gato encerrado”.

Quizás no ascender en el trabajo nos mantiene a salvo de la exposición pública; tal vez no concretar determinado proyecto protege nuestro tiempo en familia. En aquel momento, esa decisión —aparentemente fallida— resguardaba algo que para el inconsciente era una prioridad. Descubrir ese secreto oculto tras el camino interrumpido es lo que verdaderamente nos permite avanzar. Comprender que en un instante determinado algo prioritario limitó el siguiente paso resulta profundamente revelador.

Esta perspectiva nos permite proyectar metas futuras de forma más consciente. Y ante las limitantes que surjan en el trayecto, antes de forzarnos a cruzar la línea de meta a cualquier costo, vale la pena reflexionar: ¿qué parte de mí se siente amenazada si lo logro?

Como planteaba el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi en su teoría del flujo: la monotonía de un reto bajo nos aburre, pero la sobreexigencia de un reto desmedido nos paraliza. Por ello, a veces también es necesario reconocer que hoy es un buen momento para elegir la paz, reordenar lo que realmente importa y no frenarnos por aquellas prioridades invisibles que el inconsciente, en su afán de protegernos, utiliza para guiar nuestras decisiones hacia rumbos distintos o mantenernos donde estamos. Después de todo, entender nuestras prioridades profundas nos recuerda que todo sucede a su debido tiempo.

La autora es Comunicadora Social, Coach Empresarial, Consultora Tech, Especialista en Marketing Digital y Contenidos Multimedia; y Terapeuta Holística e Integrativa.

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