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Tito de la Viña deja un legado imperecedero

TRAYECTORIA NOTABLE. Se dedicó a esta profesión por más de 70 años, tiempo en el que hizo varias coberturas, entre ellas 13 copas del mundo. El periodismo boliviano recordará por siempre a su figura icónica.

El periodismo boliviano despidió con un profundo e irremplazable pesar a una de sus figuras más icónicas y respetadas de la historia contemporánea, José Vila de la Viña, eternizado en los corazones de la afición como Tito de la Viña. Partió a la edad de 95 años, dejando tras de sí un legado monumental que trasciende las fronteras de la simple crónica para convertirse en una verdadera escuela de ética y pasión profesional.
Nacido para la comunicación, inició su prolífica andadura radial en 1951 a través de Radio Bolivia, integrando con los años los planteles de más de una veintena de emisoras paceñas. Su voz se consolidó al cofundar la legendaria Cabalgata Deportiva, un espacio en el que permaneció por tres décadas, al mismo tiempo que cimentaba su labor escrita en La Nación, Presencia —donde dirigió Deportes por 30 años y escribió su columna «La Tribuna»—, Hoy Deportivo, Panorama, Criterio y Enfoques.
La pantalla chica también rindió tributo a su talento cuando llevó su crítica frontal y aguda a la televisión durante la década de los ochenta. Condujo el célebre programa Polémica en el Deporte en el Canal 7 y se desempeñó como jefe de Deportes en Paceña de Televisión, marcando un hito en la cobertura audiovisual del país con su inconfundible solvencia y rigor profesional.
Testigo privilegiado de la historia universal del deporte, asistió a seis mundiales de fútbol y dos Juegos Olímpicos. Fue relator en Argentina 78, España 82 y formó parte de la histórica cobertura radial en Estados Unidos 94 junto a Grover Echavarría y Juan Carlos Costas (+). Asimismo, demostró una versatilidad única al narrar «en vivo» la Fórmula Uno en los Grandes Premios de Brasil y Argentina, guardando siempre en la memoria el gol de Marco Antonio Etcheverry en 1993 como el más bello que le tocó cantar.
Como un incansable investigador y guardián de la memoria deportiva nacional, legó a las futuras generaciones obras literarias fundamentales de consulta obligatoria. Entre sus publicaciones destacan títulos tan entrañables como «Hechos y protagonistas del deporte boliviano», «Vivencias de medio siglo», «Historias no contadas» y «De Copa en Copa», concebidos para ensalzar el esfuerzo de los atletas del país.
Gracias a esa trayectoria intachable, la Asociación de Periodistas de La Paz le otorgó en 2008 el Premio Nacional de Periodismo, convirtiéndolo hasta la actualidad en el único comunicador del ámbito deportivo en recibir dicha distinción. En su madurez, su valiosa voz continuó siendo requerida en paneles de radio y televisión, donde compartía su saber como el maestro indiscutible que formó y enlazó a tres generaciones de periodistas bolivianos.
Al rememorar su andar por los caminos de la vida, solía decir con gratitud: «El periodismo me ha dado todo. He enlazado tres generaciones de periodistas. He conocido gente amiga, he viajado por el mundo y presencié muchos eventos deportivos». Hoy el país despide al hombre irrepetible, pero recuerda para siempre la inmortalidad de su enseñanza.

LO DIJO

«LAMENTO DE LA PARTIDA DE LOS COMPAÑEROS QUE TENÍA. ES LA VIDA. MUCHA GENTE SE FORMÓ CON NOSOTROS. Tengo en mi récord siete copas del mundo cubiertas directamente por radio y periódico y seis indirectamente cubiertas por televisión, en total son 13 copas del mundo».

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