De pronto, casi como si existiera una máquina del tiempo capaz de unir momentos, Lionel Messi reflejó una reacción calcada a la que tuvo Diego Maradona 40 años atrás. Uno, en el estadio Atlanta, Estados Unidos. El otro, en México. «¡Que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar!», cantaron los miles de hinchas argentinos después de la histórica victoria ante Inglaterra que le dio el pase a la Albiceleste a la final del torneo.
Y el capitán, con la cinta en el brazo izquierdo, con la vestimenta azul tan representativa, repitió el gesto que el otro 10 había tenido. Uno en el campo de juego. El otro, en un vestuario, poco después de quejarse por un golpe en la cabeza y en cuero, sin la camiseta. Messi movió sus brazos de cara a la gente, apuntó a sus compañeros y aclaró: «¡Todos! ¡Somos todos!»
En el partido ante Inglaterra, los puentes del fútbol argentino se unieron definitivamente, con la idea dando vueltas de que el hecho de que Maradona y Messi hayan nacido en esa tierra no puede ser una casualidad. Entre tierra, botines desgastados, matas de pasto y pelotas que pican para cualquier lado, siempre una camiseta 10. Alrededor de ese número, una manera de jugar. Contra Inglaterra, Messi no esquivó a cinco jugadores como Maradona ni marcó un tanto, pero reflejó el mismo amor propio. Ganas de correr, de escurrirse, de quedarse vacío pase lo que pase. Una idea que no cambia por el resultado, la edad ni la instancia. (FIFA)
De 1986 a 2026: 40 AÑOS DEL MISMO AMOR
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