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El día que se paralizó la Tierra

Ernesto González Valdés

Cuando era muy pequeño, me encantaba conocer por el mundo extraterrestre (ovnis, monstruos, platillos voladores, etc.), y por ello tenía afinidad con el mundo del celuloide (1), del cual sigo siendo un admirador. Diría que soy un verdadero cinéfilo.

La película (2) a la que hago colación se llama justamente como el título de esta nota, cuya síntesis, más o menos, es la siguiente: Llega al planeta Tierra un objeto volante no identificado (OVNI), que aterriza en un parque, hecho que al ser informado por radio y televisión desata el pánico entre los ciudadanos.

Del interior de la nave surge una figura antropomorfa, vestida con una ropa de apariencia metálica, y tras él sale un robot de tres metros de altura, llamado Gort; al parque al cual asisten cientos de militares armados, tanques, se alistan para repeler un posible ataque por parte del extraterrestre. Sin embargo la misión del visitante es impedir que los terrestres inventen armas nucleares más poderosas que la bomba atómica, ya que sería una amenaza para el resto de los planetas habitados, por lo que éstos se verían obligados a destruir la Tierra. Y para confirmar su misión, como advertencia, haría algo muy llamativo, pero sin dañar a los humanos.

¿La misión? Quitar la electricidad del mundo (excepto los sistemas vitales) en coches, trenes, barcos, electrodomésticos, semáforos, todo lo que funcione con electricidad, cuya dirección será por 30 minutos. Transcurrido ese lapso, todo volvería a la normalidad.

¿Qué hacer en 30 minutos, hoy en día sin electricidad? Lo primero: guardar el celular, guardarlo, evitando con ello que estén a la expectativa de si ya vino la luz; lo segundo: dependiendo de la hora, (luz natural o artificial), salir al patio de la casa o área que permita reunirse la familia y conversar e inclusive ingerir alimentos, sencillamente como ¡Dios manda! Con papá y mamá sentados alrededor de la mesa, la cual ha sido alistada con antelación (con cubiertos, vasos, servilletas, etc.), los hijos llevan los alimentos, indagando si lo servido es correcto o no para cada usuario. Decíamos conversar sobre la escuela, los docentes, las relaciones de amistad, planificar alguna actividad conjunta (donde esté toda la familia).

Los padres –dada la alta carga de trabajo laboral de ambos– pueden referirse a la necesidad de hacer una redistribución de los quehaceres domésticos, más allá de la intensidad de estudio que tenga cada uno de ellos e inclusive en función de los tiempos en los que los mayores llevan y traen a los menores a la escuela, así como atenderlos en el hogar. En el caso de los hijos (as) que laboren, asumir costos de ciertas actividades, aunque sean básicas.

Algo importante, que no puede faltar: comuniquémonos más, los problemas que tengamos, conversemos en vivo, nada de celular, que si fuese el caso (extremo) vía internet (zoom, meet, etc.); en busca de soluciones para problemas. Y si no los hubiese, aunque sea por corto tiempo, nos saludemos: ¡buenos días!; ¡mami, no te preocupes, ¡hoy voy a cocinar yo! ¿Qué tal si esta noche, vamos al cine o vemos la película JUNTOS? Nota: No importa, pueden ir los novios.

Nota recibida de un docente: pudieran, por favor, extender el no uso del internet por 23 horas, y en el caso de la hora que falta, para que realicen las tareas. ¡Gracias!

 

Notas

(1) En 1889, Kodak patentó la producción de una película de celuloide recubierta de una emulsión fotográfica que sería el inicio de la fotografía instantánea, y de la cinematografía.

(2) Película estadounidense de 1951 del género de ciencia ficción, basada en el cuento de Harry Bates “El amo ha muerto” (Farewell to the Master, 1940). Considerada una de las obras de ciencia ficción más influyentes de la edad de oro del cine. Fue galardonada con el premio Globo de Oro 1952 a la mejor película promotora del entendimiento internacional.

 

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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