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En el inicio del segundo tiempo suplementario, cuando el partido todavía iba 2 a 2, Lionel Messi le pedía a Julián Álvarez un toque corto como para tirar una pared, pero el delantero prefería un pase largo que no llegaba a destino. Después, el capitán se agarraba la cabeza, se secaba el sudor, suspiraba pesado. Algo se sentía trabado, desconectado, una imagen no tan recurrente en la Selección argentina.
Unos minutos después, cuando Cuti Romero metió un fuerte cabezazo que derivaría en el 3 a 2 definitivo ante Cabo Verde, después de un festejo de muchos abrazos y susurros pero casi ninguna corrida, el capitán argentino caminó hasta el defensor y movió los brazos hacia adelante. La indicación era clara: que el equipo saliera a enfrentar los últimos minutos en campo contrario, con balón y presión defensiva, aunque las piernas pesaran demasiado, la cabeza no estuviera del todo clara y la respiración se percibiera agobiante.
Y así fue. No era la versión más reconocible de la Selección argentina, la del control permanente y la circulación paciente. Era otra. La que acepta que hay partidos que primero hay que sobrevivirlos y recién después ganarlos. La Albiceleste disputó los últimos minutos del partido con el corazón en la mano. Muy lejos de brillar, pero muy cerca de saber ganar cuando las cosas no funcionan del todo.
Saber sufrir y seguir en carrera, una virtud que el equipo demostró en varios pasajes del ciclo Scaloni. Esa capacidad para cambiar de registro no apareció de un día para otro. También forma parte de la identidad que construyó este proceso, especialmente en los cuartos de final de Catar 2022, cuando Países Bajos le dio vuelta un 2-0, y con Francia, cuando el equipo europeo le remontó el mismo marcador.
La Selección argentina se explica por la calidad de sus jugadores, el magnetismo de Lionel Messi y el aura ganadora que construyó en los últimos años. Pero también por las pequeñas cicatrices que acumula este plantel, enseñanzas que no fueron en vano.
«En el Mundial pasado quedó claro de que sufrimos. No lo queríamos desde tan temprano, pero si toca sufrir vamos a tener que sufrir para seguir avanzando», dijo a FIFA.com Nicolás Tagliafico.
Esa resiliencia no fue una elección estética. Primero fue una necesidad. Porque durante buena parte del partido Argentina no consiguió sentirse cómoda con la pelota. Con Thiago Almada por dentro y Rodrigo de Paul muy cerca de Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, Argentina intentó progresar por los carriles interiores para encontrar a Messi y Lautaro Martínez de frente al arco. Sin embargo, el orden defensivo y la fortaleza física de Cabo Verde cerraron esos caminos y obligaron al campeón del mundo a jugar un partido mucho más incómodo de lo habitual.
«Fue terrible lo que sufrimos. La verdad que fue un partido muy duro, muy físico, se hizo cuesta arriba», comentó Enzo Fernández
Pero a la falta de fineza el equipo argentino le agregó una cuota de sacrificio, dureza. Con Messi como abanderado en la presión, la Albiceleste corrió para recuperar ante cada pérdida e intentó ahogar cada salida rival. Aún así, Cabo Verde se las ingenió para encontrar oportunidades y herir. Pero Argentina nunca dejó de correr. De ahí la salida de Facundo Medina, el calambre de Enzo Fernández y el agotamiento total de Nahuel Molina, también reemplazado. Jugadores como Alexis Mac Allister mantuvieron el orden aún en situaciones en las que quedó expuesto, como el gol de Sidny López Cabral, cuando, probablemente por su falta de respuesta física, pasó de largo en el tanto del 2 a 2.
«La mayoría de los jugadores estábamos acalambrados porque también estaba pesado el tiempo, pero ninguno se dio por vencido, ninguno pidió el cambio y la verdad que estoy muy feliz y muy orgulloso por este equipo», dijo a FIFA.com Lisandro Martínez, autor del segundo gol.
«Se hizo duro. Habíamos hecho lo más difícil, que era ponernos en ventaja, pero ellos demostraron por qué le habían empatado a España y Uruguay. Nos golpearon cuando nosotros golpeamos y se hizo duro. Se sufrió pero es importante», dijo Messi.
Esa imagen —un equipo lleno de calambres, pero negado a rendirse— explicó tanto la clasificación como la sensación con la que Argentina dejó la cancha. En el sesgo del campeón del mundo parece haber un costado de satisfacción pero también una cuota pendiente. En los octavos de final, la vara estará más alta. El equipo sabe ganar en el sufrimiento, pero con Egipto en la mira, Tagliafico confesó: «Clasificamos pero no fue lo que queríamos». (Foto AFA)
