En el MetLife Stadium de Nueva Jersey, la selección de Francia debutó con una victoria trabajada por 3-1 frente a Senegal en la primera jornada del Grupo I del Mundial 2026. Si bien es cierto que el resultado final refleja la superioridad técnica de los europeos, durante buena parte del encuentro los africanos lograron incomodar a uno de los máximos favoritos al título.
Senegal generó ocasiones suficientes para adelantarse en el marcador, pero careció de contundencia en los metros finales. Francia, en cambio, convirtió prácticamente cada momento de superioridad en una oportunidad clara de gol. Esa capacidad para castigar errores sigue siendo una de las principales virtudes del equipo francés.
El primer tiempo mostró una versión incómoda de Francia. Senegal presionó alto, ganó los duelos físicos y generó las mejores oportunidades mediante las apariciones del legendario Sadio Mané, Nicolas Jackson e Ismaïla Sarr. La defensa francesa cometió errores poco habituales y el arquero Mike Maignan tuvo intervenciones decisivas para evitar la caída de su arco, una figura determinante que le dio cierta seguridad a la defensa.
Durante los primeros 45 minutos, Senegal consiguió neutralizar la circulación francesa mediante una presión intensa sobre el mediocampo, ese corto circuito en la creación del “Les Bleus” (azules). La movilidad de Mané y Jackson generó incertidumbre en la defensa europea y obligó a Francia a jugar más directo y vertical de lo habitual.
El ajuste de Deschamps fue decisivo
Sin embargo, el partido cambió después del descanso. El seleccionador Didier Deschamps ajustó el funcionamiento táctico ofensivo y Francia comenzó a encontrar espacios entre líneas. A los 66 minutos apareció el hombre esperado: Kylian Mbappé recibió una asistencia de Michael Olise y definió con precisión para abrir el marcador.
La reubicación de Olise en zonas más interiores permitió conectar mejor con Mbappé y aumentar la velocidad de los ataques franceses. A partir de ese momento, Francia encontró superioridades entre líneas y comenzó a dominar territorialmente el encuentro.
Con Senegal obligado a adelantar sus líneas, Francia explotó los contragolpes. A los 82 minutos, el recién ingresado Bradley Barcola amplió la ventaja y pareció liquidar el encuentro. No obstante, el conjunto africano no bajó los brazos y encontró el descuento a través de Ibrahim Mbaye en tiempo añadido. La actitud de los senegaleses es digna de destacar, podrá ser un “equipo humilde” pero no bajo jamás la cabeza; elemento clave que animó el match. La ilusión, sin embargo, duró apenas segundos: Mbappé respondió con un espectacular remate de larga distancia para establecer el definitivo 3-1.
Senegal no pudo mantener la línea futbolística y ajustar su funcionamiento y disciplina táctica que le permitió cierto dominio de territorio y posesión del balón durante la primera parte del partido. En la segunda mitad cedieron la iniciativa a los franceses y afloraron la serie de errores y desconexión en las líneas de la selección africana.
Mbappé volvió a marcar diferencias
Más allá del doblete, Mbappé fue el jugador que desequilibró emocionalmente el partido. Cuando Francia necesitó liderazgo y soluciones ofensivas, apareció su capitán. Además, los dos goles le permitieron convertirse en el máximo goleador histórico de la selección francesa, superando a Olivier Giroud.
Apuntes
Francia confirmó por qué figura entre las principales candidatas al título mundial.
Senegal dejó una imagen competitiva y demostró que puede pelear por la clasificación a octavos.
El resultado fue más amplio que la diferencia observada durante gran parte del encuentro.
Mbappé inició el torneo en un nivel sobresaliente y volvió a aparecer en los momentos decisivos del partido, es y será una de las figuras de la Copa del Mundo 2026.
