Hace meses escribí un artículo titulado “El MAS perdió la elección, pero su calma preocupa”, en el cual me mostraba bastante preocupado por las acciones del masismo luego de perder las elecciones en nuestro país. Para mí, era inadmisible pensar que los socialistas del Siglo XXI iban a entregar el poder tranquilamente y adoptar posturas democráticas.
En el artículo mencionado, barajé dos escenarios, el primero: entregar el poder y convulsionar el país para recuperarlo en tiempo récord. Mientras que el segundo era que ambos candidatos participantes de la segunda vuelta no iban a lograr poner orden en el país y pactarían con el MAS. Siempre me decanté más por el primer escenario y tristemente estamos viviéndolo actualmente. Lo que a mí me asombra es que el evismo y las organizaciones sociales ni siquiera esperaron que el gobierno realizase los cambios económicos estructurales necesarios para sanear la economía del país y, con una excusa burda, como incrementos salariales o incapacidad gubernamental, han decidido tumbar al gobierno.
¿Por qué sostengo que las movilizaciones son un golpe de Estado y no una insurrección popular como afirman Gustavo Petro y otros líderes de extrema izquierda? La razón es simple, las protestas no están justificadas y no tienen una “razón de ser” creíble, pues si bien el gobierno ha cometido muchos errores en estos últimos meses, no se puede alegar que seis meses son suficientes para dictaminar “incapacidad gubernamental”. De igual forma, los aumentos de incremento salarial de la COB no son reivindicaciones válidas, es mera “mala leche”.
Los sectores movilizados dicen sentirse engañados por el “binomio” Paz-Lara y que, al ver su incapacidad, es necesario llamar a elecciones, esto en un contexto que le conviene a la extrema izquierda, pues se está reunificando y rearmando electoralmente. Empero, ¿por qué hablar de incapacidad por seis meses si durante cinco años aguantaron y defendieron el gobierno pusilánime de Luis Arce, que llevó la inflación a niveles muy preocupantes? ¿Por qué defendieron a un gobierno en el cual no solo la economía entró a un colapso total, sino también la situación política y la dignidad de Bolivia? No se puede pasar por alto el bochornoso evento del “autogolpe”. ¿Por qué aguantar a un gobierno que por meses no pudo satisfacer la demanda de combustibles y que, si lo hacía, éstos venían en mal estado? El gobierno de Paz no es una maravilla, pero decir que es incapaz y haberle tenido paciencia a la gestión de Luchito es una terrible hipocresía y muestra cómo los pedidos de renuncia solo buscan el acortamiento de mandato.
De igual forma, es curioso cómo organizaciones sociales que por 20 años vivieron a costas del Estado, hoy salgan a pedir “dignidad para los trabajadores” y el saneamiento de la economía. Lo que hay detrás de las intenciones de estas organizaciones sociales es retomar el poder y seguir llevando el país al abismo. Una vez más reitero que las protestas no están justificadas, hay intención de atentar contra la democracia y se ve que este plan fue trazado por el chavismo y castrismo.
El plan está muy bien diseñado, pues no solo participan organizaciones sociales, sino también la izquierda internacional, limpiando la cara de la sedición y también gente en nuestro parlamento. El infame senador Condori y su propuesta de rebajar salarios es parte de este intento de golpe, no por nada se lo ha visto liderando protestas.
La unidad nacional, la soberanía y la paz están en riesgo en Bolivia, el gobierno tiene la obligación de instaurar orden y frenar esta sedición financiada por gobiernos foráneos. Bolivia quiere soberanía, orden y paz, y aquellos que atenten en contra de la nación deben ser castigados de manera ejemplar. El futuro de la nación está en juego y se debe ser contundente con aquellos que buscan destruirla.
