Por Susana Gutiérrez
La Paz es una ciudad que respira intensidad. Sus calles, acostumbradas al eco de las demandas sociales, se convirtieron la pasada semana en el escenario de un laberinto de bloqueos y resguardos policiales que obligaron a la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia (OSNB) a abandonar temporalmente su emblemática sede de la calle Ayacucho, en inmediaciones de una blindada Plaza Murillo. Sin embargo, cuando la geografía urbana paceña parece cerrarse sobre sí misma, el arte suele encontrar una grieta para florecer. Lo que debió ser un contratiempo logístico se convirtió en un acontecimiento inolvidable. El traslado de las fechas al Cine Teatro Municipal 6 de Agosto solo sirvió para demostrar que el público de la sede de Gobierno no entiende de cancelaciones cuando la banda sonora de su vida está en juego.
El marco era inmejorable. El Festival Sinfónica Fusión, una iniciativa de la OSNB que busca dinamitar las fronteras invisibles entre la rigidez académica y los géneros populares, propició el encuentro más esperado por los amantes del rock boliviano. Por primera vez en su historia, Octavia unió sus fuerzas a la institución sinfónica más importante del país. El resultado fue un doblete histórico con un lleno total absoluto en las funciones del miércoles 27 de mayo, donde las largas filas alrededor del teatro recordaron que la nostalgia y la vanguardia pueden convivir en un mismo acorde.
Superar la adversidad
Dirigidos por el maestro invitado Christian Asturizaga, los músicos de la orquesta y los integrantes de Octavia tejieron un puente sonoro que borró cualquier rastro de la tensión que se vivía a solo unas calles de distancia. No es la primera vez que la banda explora la grandilocuencia de una orquesta —ya lo hizo en 2011 junto a la Orquesta Filarmónica de Cochabamba—, pero presentarse ante el público paceño bajo este ropaje institucional, y bajo la tutela del Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, revistió el concierto de una solemnidad única.
El público respondió con una mezcla de paciencia, devoción y entusiasmo. Las butacas agotadas fueron el testimonio de una complicidad inquebrantable. «Queremos agradecer profundamente a todo el público por acompañarnos, por su cariño y también por la paciencia y comprensión ante los cambios de fecha y locación», manifestaba la banda a través de sus redes sociales al concluir las funciones, asombrados por la respuesta de una audiencia que se negó a dejar que los conflictos sociales ensombrecieran la cita.
El Festival Sinfónica Fusión no se detiene. El ciclo de fusiones de la OSNB cerrará con broche de oro el próximo martes 2 de junio, cuando la emblemática agrupación Música de Maestros suba al escenario para clausurar esta temporada de diálogos musicales.
Diálogo transdisciplinar: música, óleo y emoción
El concierto no se limitó a la reinterpretación de los clásicos del grupo. El festival apostó por la sinestesia pura al incorporar las artes plásticas al directo. Mientras los violines dialogaban con los sintetizadores y la inconfundible voz de Omar González llenaba el teatro, la maestra Adda Donato creaba una obra pictórica en tiempo real sobre el escenario. El lienzo se fue tiñendo de trazos y colores a la par de la música, ofreciendo a los asistentes una experiencia inmersiva donde el sonido se podía ver y el color se podía escuchar.
Con más de 36 años de trayectoria ininterrumpida, Octavia demostró por qué es el pilar fundamental del rock-pop boliviano. El repertorio fue un viaje emocional que recorrió himnos intergeneracionales como Ajayu, Eternidad, Seré tu música, La noche y Después de ti. La solemnidad de los arreglos orquestales realzó la melancolía y la fuerza de las composiciones originales, transformando el Cine Teatro 6 de Agosto, en un templo de comunión colectiva donde cada fila coreó las canciones de principio a fin.
«Estuvo hermoso, muchísimas felicidades, que se vuelva a repetir pronto, fue una presentación única», comentaban emocionados asistentes como Adriana Mendoza, Sandra Gutiérrez y Pablo Bolívar al abandonar la sala, reflejando el sentir de una audiencia conmovida.
El éxito de estas dos funciones deja una lección de resistencia cultural. En tiempos donde la realidad social parece imponer la pausa, la Orquesta Sinfónica Nacional y Octavia demostraron que la música es un refugio necesario y un catalizador capaz de unir a toda una ciudad.
