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Hace 217 años

Chuquisaca encendió en 1809 la lucha libertaria del Alto Perú

> La sublevación del 25 de mayo reunió a universitarios, criollos, mestizos, sectores populares y figuras de la Real Audiencia de Charcas contra el poder colonial. Aunque se proclamó fidelidad a Fernando VII, el movimiento abrió el camino hacia la independencia.

El 25 de mayo de 1809, Chuquisaca fue escenario de una rebelión que marcó el inicio del ciclo emancipador en el Alto Perú. La antigua capital de la Audiencia de Charcas, hoy Sucre, dejó de ser solo un centro administrativo y universitario del régimen colonial para convertirse en símbolo de resistencia frente al dominio español.
El levantamiento no fue un hecho aislado. Surgió en medio de una crisis política provocada por la invasión napoleónica a España, la prisión del rey Fernando VII y el creciente descontento social en Charcas. A las antiguas rebeliones indígenas de Túpac Katari y Túpac Amaru se sumaron luego las demandas de mestizos, criollos, abogados, estudiantes y sectores populares que buscaban justicia, representación y libertad.
En los días previos a la insurrección, las paredes de Chuquisaca amanecieron con pasquines anónimos y circularon escritos políticos elaborados por estudiantes y doctores vinculados a la Universidad de San Francisco Xavier. Desde ese ambiente intelectual surgieron ideas que cuestionaban el orden colonial y alentaban una nueva organización política.
El blanco principal del movimiento fue Ramón García de León y Pizarro, presidente de la Real Audiencia de Charcas, acusado de favorecer intereses contrarios a la población local y de simpatizar con una salida carlotista, ligada a Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII.
La detención de Jaime de Zudáñez encendió la revuelta. Cuando era conducido por la fuerza al Palacio de la Audiencia, pidió auxilio a la población. Sus gritos movilizaron a vecinos, estudiantes y sectores populares, que salieron a las calles para exigir su liberación.
Entonces comenzaron a sonar las campanas. Juan Manuel de Lemoine, Mariano Michel, José Sivilat y otros patriotas tocaron a rebato para convocar al pueblo. La campana de la iglesia de San Francisco quedó como símbolo de aquella jornada, después de rajarse por la fuerza del repique.
La protesta creció rápidamente. Los guardias del palacio intentaron contener a la multitud con disparos, pero no lograron dispersarla. Los sublevados atacaron el edificio, desarmaron a la tropa, tomaron cañones y obligaron a García de León y Pizarro a renunciar. Luego, la autoridad colonial fue apresada y trasladada a la universidad.
La consigna de los insurgentes fue: “¡Viva Fernando VII! ¡Viva la libertad! ¡Abajo el mal gobierno!”. Pero parecía una muestra de fidelidad al rey español, en realidad fue una estrategia política. Al reconocer al monarca cautivo, los revolucionarios buscaban desconocer a las autoridades coloniales locales y abrir paso a una forma de autogobierno.
Entre los protagonistas de la rebelión estuvieron Jaime y Manuel de Zudáñez, José Mariano Serrano, Bernardo José de Monteagudo, José Joaquín de Lemoine, Mariano Michel y Francisco Ríos, conocido como “El Quitacapas”, quien representó la participación popular en las calles.
La insurrección no contó con apoyo externo ni respaldo militar de otros territorios. Su fuerza nació del descontento local, del liderazgo intelectual de los doctores de Charcas y de la decisión de una población cansada del orden colonial.
Meses después Chuquisaca fue sometida por fuerzas realistas bajo el mando de Vicente Nieto, el levantamiento dejó una huella irreversible. La independencia todavía era un objetivo lejano, el pueblo había comprobado que podía desafiar al poder español.
El historiador Estanislao Just Lleó sostuvo que la revolución de Chuquisaca no se redujo al 25 de mayo, sino que formó parte de un proceso más amplio que se extendió durante varios meses. Sus causas combinaron el descontento en Charcas, la crisis de España y el pensamiento político que maduró antes de 1809.
Por ello, los hechos de Chuquisaca se conectan con la revolución de La Paz del 16 de julio de 1809 y con la de Buenos Aires del 25 de mayo de 1810. En conjunto, esos movimientos expresaron la crisis del sistema colonial y el nacimiento de una nueva conciencia política en América.
El 25 de mayo de 1809 quedó inscrito en la historia boliviana como una fecha fundacional. No significó la independencia inmediata, pero sí encendió la chispa de una lucha que, años después, conduciría a la creación de una patria libre y soberana.

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