China ha puesto en marcha el primer centro de datos submarino comercial del planeta, ubicado frente a la costa de Lingang, Shanghái. El proyecto, desarrollado por HiCloud Technology, representa una apuesta estratégica para reducir el consumo energético desbordado de la computación moderna y aprovechar el océano como sistema de refrigeración natural. Con una inversión de 226 millones de dólares, la instalación marca un hito en la industria tecnológica global.
Energía renovable y servidores bajo el mar
Los módulos submarinos, resistentes a la presión del océano, albergan cerca de 2.000 servidores conectados directamente a aerogeneradores del parque eólico marino de Lingang. Esta integración permite que los equipos funcionen con energía limpia, sin necesidad de recurrir a la red eléctrica terrestre.
El proyecto comenzó como un prototipo de 2,3 MW y ha escalado hasta alcanzar una capacidad total de 24 MW, suficiente para alimentar grupos de GPUs utilizadas por clientes como China Telecom y LinkWise. Estas unidades de procesamiento gráfico están orientadas a acelerar tareas de inteligencia artificial, anotación de grandes volúmenes de datos y desarrollo de modelos de lenguaje de gran escala.
La clave: refrigeración pasiva
Uno de los mayores desafíos de los centros de datos tradicionales es el gasto energético en climatización. Mantener los servidores fríos requiere sistemas industriales que consumen tanto como los propios equipos. En el caso del centro submarino, el océano realiza ese trabajo de manera gratuita.
HiCloud Technology explica que el sistema utiliza un ciclo pasivo: el calor generado por los servidores convierte el refrigerante en gas, que asciende por flotabilidad hasta la capa superior del módulo, donde intercambia calor con el agua del mar. Luego, el líquido regresa por gravedad a la sala de servidores, formando un circuito cerrado sin bombas ni compresores.
El resultado es un ahorro energético del 22,8%, la eliminación del uso de agua dulce y una reducción del espacio terrestre superior al 90%. Según medios chinos, el centro opera con un PUE (Power Usage Effectiveness) de 1,15, situándose entre los más eficientes del mundo a gran escala.
Antecedentes y retos
Aunque China es la primera en llevar este modelo a explotación comercial, no es pionera en la idea. Microsoft probó cápsulas de servidores sumergidas en 2015 frente a California y en 2018 en Escocia con su proyecto Natick, obteniendo resultados prometedores en fiabilidad del hardware. Sin embargo, la compañía cerró el proyecto en 2024 sin dar el salto comercial.
China ha decidido avanzar, aunque los retos son considerables: la corrosión por agua salada, el sellado contra la presión, la fiabilidad de los cables submarinos y el acceso físico a los servidores en caso de fallo son desafíos que solo el tiempo confirmará si pueden superarse.
Alternativas futuristas
El centro submarino no es la única propuesta para reducir el consumo energético de los centros de datos. En Estados Unidos, figuras como Jeff Bezos y Elon Musk plantean la creación de centros orbitales en el espacio, alimentados por energía solar continua. Aunque la idea promete eficiencia, enfrenta obstáculos como el coste de lanzamientos y el mantenimiento en órbita.
China también explora soluciones más ligeras en el terreno de la inteligencia artificial. Modelos como Deepseek consumen casi la mitad de energía que sistemas como ChatGPT, manteniendo un rendimiento similar. Por su parte, el Instituto de Automatización de la Academia China de Ciencias ha desarrollado SpikingBrain 1.0, inspirado en el cerebro humano, que procesa información solo cuando recibe estímulos, reduciendo drásticamente el consumo energético.
Un paso hacia la sostenibilidad digital
El centro de datos submarino de Shanghái simboliza la búsqueda de alternativas sostenibles para una industria que consume cantidades crecientes de energía. Con la combinación de energía eólica, refrigeración oceánica y diseño pasivo, China se posiciona como pionera en un modelo que podría redefinir el futuro de la infraestructura digital.
