Carolina Berdeja del Canal Youtube EDI TV BOLIVIA
Para construir una empresa energética sostenible no se necesita esperar a que el país tenga todo resuelto, esa es una de las conclusiones de la entrevista con Mauricio Ríos Roca, actual líder de Prosetec, la consultora de ingeniería especializada en gas natural fundada en 1993 por Álvaro Ríos, quien hoy se dedica a la consultoría internacional.
Prosetec fue fundada el 23 de abril de 1993 en la ciudad de La Paz, cuando Álvaro Ríos y un par de socios decidieron crear una empresa enfocada en instalaciones de gas natural para el sector comercial e industrial.
Los primeros trabajos de esta empresa fueron concretos y modestos: tendidos de redes, acometidas de gas natural y conexiones para hornos, cocinas, saunas y pequeñas industrias en la ciudad de El Alto y en la capital paceña.
Mauricio Ríos se incorporó a la empresa en 1997, recién egresado de la carrera de ingeniería. «Llegué a apoyar a Álvaro (su hermano fundador) con trabajos de ingeniero junior, con tareas muy básicas, aprendiendo desde adentro todo el desarrollo que ya existía en La Paz», recuerda.
Lo que comenzó como una empresa pequeña con actividades locales se convertiría, con los años, en una firma con presencia en tres países, más de tres décadas de historia y una cartera de proyectos que abarca desde la medición de gas hasta los sistemas de despacho de combustibles y los parques solares fotovoltaicos.
El primer punto de inflexión llegó con la capitalización, el proceso de apertura e inversión privada en las empresas estatales bolivianas de mediados de los años noventa. La reestructuración del sector hidrocarburífero en producción, transporte, refinación y distribución generó una demanda nueva y técnicamente exigente de servicios especializados.
Las empresas capitalizadas, muchas de ellas extranjeras, traían estándares internacionales y necesitaban socios locales capaces de cumplirlos, en ese contexto, la oportunidad decisiva llegó con Transredes, la empresa de transporte de hidrocarburos que lanzó una licitación nacional e internacional para auditar técnicamente más de 120 puntos de medición de gas natural en todo el país.
De las dos empresas bolivianas que se presentaron, Prosetec se adjudicó el contrato. «Fue el primer proyecto importante en la ciudad de Santa Cruz y cambió nuestro destino», según Ríos. El trabajo se ejecutó entre 1997 y los primeros meses de 1998, y constituyó la punta de lanza para establecer una sucursal cruceña que en 1999 se convirtió en el domicilio legal de la empresa.
La oficina de La Paz continuó operando como satélite, pero la apuesta estratégica estaba clara: donde estaba el gas, tenía que estar Prosetec.
A lo largo de los años siguientes, la empresa fue consolidando tres líneas de servicio que definirían su identidad en el mercado energético: la primera fue la ingeniería de proyectos: el desarrollo de cálculos hidráulicos, diseños, dimensionamientos y estudios de capacidad para instalaciones vinculadas a hidrocarburos líquidos y gaseosos, desde la ingeniería conceptual hasta la ingeniería de detalle; la segunda fue la integración de soluciones tecnológicas: el ensamblaje y puesta en marcha de sistemas completos como estaciones de medición de transferencia de combustible, estaciones de regulación y medición de gas, y sistemas de recepción y despacho de hidrocarburos; la tercera fue la representación comercial de fabricantes internacionales: a través de los años, Prosetec fue consolidando acuerdos con fabricantes extranjeros de instrumentos, dispositivos de control y sistemas de medición para comercializarlos directamente cuando un cliente necesitaba equipamiento especializado hecho a la medida.
«Hemos acompañado el desarrollo de toda la infraestructura que hoy existe en Bolivia desde nuestro punto de actuación. No éramos una empresa grande, pero sí una empresa mediana que fue parte de todo lo que se construyó desde 1997, incluso cuando vino la nacionalización de 2006.
La visión de Prosetec nunca estuvo limitada a las fronteras bolivianas, pues en los años 2003 y 2004, la empresa hizo su primer intento de ingresar al mercado peruano en sociedad con otra firma boliviana, justo cuando comenzaban las actividades del campo de Camisea, el gran proyecto gasífero del sur del Perú.
Sin embargo, esa primera incursión fue efímera: la demanda interna boliviana era tan fuerte que Prosetec decidió replegarse y la empresa socia optó por quedarse en Lima. La segunda apuesta por Perú fue más deliberada.
En 2013, el directorio tomó la decisión estratégica de expandirse formalmente al mercado peruano, y en marzo de 2014 la empresa abrió operaciones en Lima bajo su propio nombre, sin socios locales. «Conocíamos mucho de gas. Era el momento de aprovechar ese conocimiento fuera de Bolivia», recuerda Ríos, quien se trasladó personalmente a la capital peruana para liderar la apertura. Las concesionarias de distribución de gas natural en Lima y Callao, entre ellas Calidad y empresas del grupo Promigas, se convirtieron en clientes regulares. Hoy, la operación peruana de Prosetec funciona de manera autónoma y completa, con su propia dinámica de proyectos y clientes.
La expansión más reciente es Paraguay, donde la empresa dio sus primeros pasos el año pasado. A diferencia de Bolivia y Perú, Paraguay no es un país productor de gas natural, sino un importador y consumidor de combustibles líquidos. Sin embargo, la apuesta de Prosetec en ese mercado responde a una lógica energética de mediano plazo: la posibilidad de que un gasoducto transnacional lleve gas desde el yacimiento argentino de Vaca Muerta hasta el enorme mercado consumidor de São Paulo atravesando el Chaco paraguayo. «Hay estudios e intenciones serias de construir un gasoducto que conecte la producción argentina con Brasil pasando por Paraguay. Y en ese escenario, la infraestructura gasífera boliviana también podría jugar un rol como ruta alternativa o complementaria, dependiendo de las garantías que Bolivia pueda ofrecer a los operadores», explica Ríos.
La presencia en Paraguay, aunque todavía incipiente, es una apuesta de posicionamiento temprano en un corredor energético que podría redefinir la integración gasífera del Cono Sur en los próximos años.
Si hay algo que distingue a Mauricio Ríos en la conversación es su franqueza para describir la situación actual del sector en Bolivia. Sin eufemismos, el empresario dibuja un panorama de declive que afecta directamente a Prosetec y a toda la industria de servicios energéticos del país. «Decir que se avizora un repunte de nuestra actividad como la que teníamos allá por 2007 o 2010, cuando fluía gas por todos lados y en todas las direcciones, sería optimismo injustificado.
Las reservas se han agotado, los contratos de exportación han terminado, y Argentina ya tiene suficiente producción de Vaca Muerta para abastecerse sin necesitar nuestro gas», admite.
La caída de la actividad gasífera no es solo una crisis de volúmenes, sino también institucional. YPFB, la empresa estatal que debería ser el motor del sector, arrastra una estructura que creció desmesuradamente durante los años de bonanza y que necesita reformas profundas para volver a ser competitiva. «Seguimos con una empresa estatal bastante entrampada, bastante voluminosa, ineficiente en muchas de sus oficinas y subsidiarias. Necesita ajustes importantes para retomar una dirección óptima, eficiente y rentable», sostiene Ríos con la solvencia de quien ha trabajado durante décadas al lado de la burocracia estatal petrolera.
A esta crisis estructural se suma el problema cambiario, pues Prosetec importa equipos tecnológicos especializados del exterior y factura sus contratos en bolívares. La inestabilidad del tipo de cambio, con el dólar cotizando muy por encima de la paridad oficial en el mercado paralelo, convirtió la gestión financiera de los contratos en un ejercicio de acrobacia permanente. «Hemos tenido situaciones donde el dólar estaba a 10, a 12 en el mercado real, y teníamos que pagar a nuestros proveedores extranjeros con contratos ya adjudicados que no podían ajustarse. Tuvimos que convertirnos en mandrakes de las finanzas para poder cumplir», dice con una mezcla de humor y cansancio.
Ante un sector gasífero en contracción, Prosetec optó por la diversificación. La primera línea fue el sector industrial convencional: empresas que mueven fluidos, agua, aire y gases industriales como oxígeno y nitrógeno.
Desde el punto de vista técnico, las competencias de la empresa son perfectamente transferibles a estos clientes, porque la ingeniería de fluidos es ingeniería de fluidos, independientemente de si el fluido es gas natural o agua tratada. La segunda fue el sector minero, que en Bolivia vive un momento de auge relativo mientras el gas declina. «Es un segmento pequeño para nosotros todavía, pero importante, porque el sector minero consume muchos recursos que nosotros podemos manejar técnicamente», explica Ríos. La tercera y más disruptiva es la apuesta por las energías renovables: Prosetec ha abierto un área de eficiencia energética orientada a proyectos de parques eólicos y, fundamentalmente, parques solares fotovoltaicos. Aunque hasta ahora la empresa no ha ejecutado la construcción de ningún parque renovable, solo ha realizado ingenierías, cálculos y dimensionamientos para distintos proyectos, la apuesta refleja una comprensión clara de hacia dónde se dirige la energía en la región.
Hay también una oportunidad latente en el sector de importación de combustibles. Uno de los clientes más importantes de Prosetec es YPFB Logística, para quien la empresa ha instalado y equipado sistemas de recepción, medición y despacho de combustibles en plantas de almacenaje. Pero más allá de YPFB, hay un mercado privado que espera: importadores independientes como Discar, Casa y Gravetal que necesitan exactamente el tipo de equipamiento que Prosetec puede proveer. «Hemos tenido en los últimos seis a nueve meses una gran cantidad de cotizaciones y solicitudes de proyectos de importadores privados. Pero ninguno ha dado el paso definitivo. Nos dicen: esperemos a que salga la ley de hidrocarburos. Tenemos propuestas giradas, proyectos listos, pero todo está frenado por la incertidumbre regulatoria», revela el empresario.
En el análisis de Ríos, la nueva ley de hidrocarburos que el sector espera desde hace años aparece como el nudo gordiano de la situación actual. Sin ella, los actores privados no invierten, los importadores no se animan y las señales del Estado siguen siendo, en sus propias palabras, «opacas». «Se dice que hay que privatizar, que hay que traer inversión extranjera, que hay que desarrollar muchas cosas desde el punto de vista privado. Pero las señales se quedan a medias. No hay claridad sobre qué rol va a tener el sector privado en la cadena de hidrocarburos», critica con mesura pero sin ambigüedades. Una de las alternativas que se discuten son los campos marginales o de exploración secundaria, yacimientos pequeños que YPFB no puede operar eficientemente y que podrían abrirse a operadores privados nacionales. Prosetec ha considerado esa opción. «Tenemos capacidades para mantener y operar plantas pequeñas. Creemos que podríamos hacerlo si las condiciones son adecuadas y si el marco legal es claro», dice Ríos.
Más allá de los proyectos y contratos, Ríos destaca con orgullo un legado menos tangible pero igualmente duradero: los profesionales que se formaron en Prosetec. «Muchas personas nos dicen que Prosetec fue una escuela. Ingenieros que trabajaron con nosotros hoy desarrollan proyectos en empresas muy importantes fuera del país. Eso nos llena de satisfacción. Hemos contribuido a formar profesionales tanto desde el punto de vista técnico como desde la perspectiva comercial», afirma. En un país donde la fuga de talento calificado al exterior es un problema crónico, ese legado humano es, quizás, uno de los aportes más significativos de la empresa al desarrollo energético boliviano.
Mauricio Ríos la convicción de que Bolivia tiene todavía un rol que jugar en el mapa energético regional, no necesariamente como productor de gas, sino como país de tránsito con una infraestructura de ductos de primera línea que conecta los mercados productores del sur con los grandes consumidores del norte. «Más temprano que tarde, vamos a tener que mover gas de Argentina hacia Brasil usando nuestra infraestructura. Solo necesitamos dar las garantías de que no habrá interrupciones, manejar tarifas adecuadas de peaje, y tomar decisiones políticas claras sobre el norte de YPFB y la industria de hidrocarburos. Cuando tengamos claro el panorama, el sector va a reactivarse. Mientras tanto, seguimos activos, medimos nuestros esfuerzos y seguimos haciendo lo que sabemos hacer», concluye Ríos, con la serenidad de quien lleva más de un cuarto de siglo navegando entre el auge y la incertidumbre energética de Bolivia.
