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Sin odio ni discriminación

Severo Cruz Selaez

Grupos aleccionados originaron inestabilidad política, exigieron la renuncia del presidente Paz. Pero otros, posiblemente conscientes del momento histórico, se manifestaron a favor de la continuidad del gobernante electo. Asumieron tales actitudes, en el marco del pluralismo político. Acá no hubo cortapisas. Todos, sin distinción alguna, tuvieron la opción de usar la palabra. Solo el autoritarismo, infiltrado en la democracia, perseguía a quienes pensaban diferente. A quienes asumían actitudes contestatarias. En democracia, recuperada con alto costo por el pueblo boliviano, hace 44 años, el diálogo fue la piedra angular, para solucionar los problemas más intrincados del país. Para lograr acuerdos y consensos hubo puntos de coincidencia, en algunos casos, por el bien de la Patria.
La democracia permite coincidir o disentir a los actores políticos, a formalizar pactos o alianzas, definitivas o circunstanciales, que en su momento generan expectativa. Pero objetivos sectoriales e intereses particulares, muchas veces marcaron posiciones inesperadas, que rompieron, en consecuencia, esquemas tan publicitados. Recordemos que algunos, en el pasado, cruzaron ríos de sangre, con el propósito de llegar al Poder. Otros se reconciliaron, flanqueando a una figura uniformada.
Recientemente, ciertos políticos, celebraron la paralización del país, en democracia. Celebraron que se haya cumplido exitosamente sus medidas de presión, como el “bloqueo” de caminos, que causaron inmensas pérdidas al sector productor, en particular. Asimismo, a los transportistas que prestan servicios a larga distancia. Que motivaron la inestabilidad política y empañaron la imagen del país, en el exterior. Que elevaron precios de artículos de consumo. Que atentaron contra los bolsillos de las personas de menores recursos. Que inmovilizaron, al ciudadano de a pie. Al extremo que muchos pueblos y gobiernos que nos rodean, expresaron preocupación.
Así no se construye país. Así no habrá mejores días para futuras generaciones. País se construye con trabajo, voluntad y patriotismo. Levantando puentes de amistad y entendimiento, entre orientales y occidentales, por la unidad. Entre las regiones productoras y consumidoras. Sin adjetivar ni menospreciar a ningún boliviano por su color o descendencia. Todos los nacidos en esta tierra, tienen deberes y obligaciones con la Patria. Por lo tanto, no pueden ser cuestionados. Asumamos la tarea sin odio ni discriminación, sino con reconciliación. Redoblando esfuerzos, en los momentos más críticos, por una Bolivia engrandecida, con desarrollo sostenible. Ese será el legado que dejaremos, a quienes vienen detrás de nosotros. Y no debiéramos entregarles el desastre que ocasionaron los gobiernos de turno.
En suma: los bolivianos debemos conducirnos sin imponer a gobernantes ni a gobernados. Sin olvidar que le debemos mucho a la Patria, que desfallece por los despropósitos del pasado inmediato.

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