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Un banco con rostro de mujer

Sergio Pablo Garnica Pantoja

Deysi se despierta antes de que salga el sol. En la penumbra de su cocina, mientras el agua empieza a hervir, revisa su cuaderno de cuentas: lo que vendió ayer, lo que debe comprar hoy, lo que todavía no alcanza. Afuera, la ciudad apenas respira; adentro, su jornada ya comenzó hace horas. No hay salario fijo, no hay aguinaldo, no hay descanso formal, pero hay algo más persistente que todo eso: la responsabilidad de sostener un hogar.
El día despunta como tantos otros, el minibús pasó lleno como siempre, el sol despierta los puestos, y las manos comienzan a trabajar con prisa, pero para Deysi no es un día cualquiera, anoche le informaron que su crédito para ampliar su producción de papas fritas fue aprobado.
El crédito hacia mujeres tiene un efecto multiplicador que va más allá del negocio financiado. Investigaciones como las de Esther Duflo (premio Nobel de Economía 2019) muestran que el impacto del acceso a recursos financieros en mujeres no es lineal ni inmediato, pero sí profundo y persistente.
En varios de sus estudios, encuentra patrones consistentes:
• Cuando las mujeres controlan recursos, aumenta la inversión en educación, nutrición y salud de los hijos.
• El gasto del hogar se vuelve más estable y menos vulnerable a shocks.
• Son priorizadas decisiones de mediano y largo plazo por encima de la urgencia inmediata.
Es decir, el crédito en manos de mujeres no solo financia actividades económicas: reconfigura la función objetivo del hogar.
En Bolivia, este enfoque ha encontrado una expresión concreta en BancoSol, particularmente a través de sus bonos temáticos Avanza Mujer.
Los bonos Avanza Mujer funcionan como instrumentos de deuda emitidos por el banco en el mercado de valores, cuyos recursos están destinados exclusivamente a financiar actividades económicas lideradas por mujeres. Esto introduce varias capas de análisis interesantes:
1. Segmentación eficiente del crédito. A diferencia del crédito tradicional (neutral en apariencia, pero sesgado en la práctica) estos bonos permiten canalizar recursos hacia un segmento históricamente subatendido.
2. Trazabilidad del impacto. Al tratarse de bonos temáticos, existe un compromiso explícito de seguimiento del destino de los fondos. Esto no solo mejora la transparencia para inversionistas, sino que introduce métricas de impacto: número de beneficiarias, sectores financiados, crecimiento de negocios, etc.
3. Reducción de asimetrías de información. Muchas mujeres, especialmente en sectores informales, no tienen historial crediticio formal. Programas como Avanza Mujer suelen venir acompañados de metodologías de evaluación más adaptadas, basadas en flujos, comportamiento y conocimiento del cliente, reduciendo el riesgo percibido por la entidad financiera.
4. Efecto demostración. Quizás uno de los aspectos más interesantes es el efecto sistémico. Cuando un banco estructura instrumentos exitosos en este segmento, otros actores del sistema financiero empiezan a replicar o adaptar estas iniciativas. Se genera competencia en inclusión.
Cuando una mujer accede a crédito, no solo crece su negocio, crece su voz, se ensancha su mundo, se reorganiza su hogar, se reescribe su historia.
El cielo bermejo de otoño ilumina la autopista, Deysi retorna en su moto con las bolsas vacías de las papas fritas vendidas, al llegar a casa alimenta y hace dormir a sus niños, vuelve a su cuaderno, pero ya no cuenta monedas, ahora dibuja ideas, anota planes; se permite, por primera vez en mucho tiempo, ponerse audífonos, siente que se está gestando algo nuevo, algo que se mueve al ritmo que suena en su celular: Muévanse, muévanse, muévanse con…

El autor es Economista, Magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Chile.

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