El pasado fin de semana en Cochabamba, el presidente Rodrigo Paz Pereira hizo un ofrecimiento muy importante, en un discurso que era esperado por la ciudadanía del país, en medio de una crisis de proporciones. Hoy tan negativa situación del país es efecto, principalmente, de los desastrosos gobiernos populistas del Movimiento al Socialismo (MAS), primero a cargo de Evo Morales Ayma y luego de Luis Arce Catacora, periodo nefasto que duró veinte años.
Un proyecto de reforma constitucional ya fue planteado por la insurrección popular que sacó al el MAS del poder en el año 2019, pero cayó en saco roto por el gobierno transitorio y breve de Jeanine Añez. Igual suerte tuvo después, durante el gobierno de Luis Arce, hasta que, finalmente, en la campaña electoral del año pasado, el candidato presidencial Rodrigo Paz, anunció en dos oportunidades que su gobierno procedería a reformar o cambiar la Carta Magna del año 2019, vigente actualmente.
Desde entonces, la oferta quedó archivada, hasta que el sábado pasado, el presidente Rodrigo Paz ofreció esa medida, ante una selecta audiencia, conformada por gobernadores, alcaldes y líderes de partidos políticos, entre otros, quienes asistieron al denominado Encuentro Nacional. En dicha ocasión, Paz anunció al pueblo boliviano “hacer una reforma parcial” de la Carta Magna, también conocida como Ley de leyes. La actual Constitución Política del Estado, fue estudiada por la Asamblea Constituyente del año 2009, en una sesión realizada en la ciudad de Sucre, capital de Bolivia.
Sin embargo, el documento constitucional fue aumentado y corregido por un organismo extra constituyente, como la Asamblea Legislativa Plurinacional y después fue promulgado por Evo Morales. Por esa característica, esa aprobación fue ilegítima, debido a que no fue aprobada exclusivamente por la Asamblea Constituyente. Enseguida, esa Constitución Política fue aprobada por un referéndum. Logrado su propósito de contar con un texto acorde a sus intereses, el masismo en el poder, afirmó que esta CPE iba a tener vigencia por lo menos durante cien años.
Ahora, la modificación de la Constitución Política debe pasar por las horcas claudinas, es decir, pasar por un trance de dificultades y actitudes deshonrosas, y no se sabe si será por medio de una Asamblea Constituyente o por la declarada en 2009 como “Asamblea Legislativa Constituyente”, que ha sido motivo de numerosas críticas.
En todo caso, los dados han sido echados y falta ver si la reforma se va a realizar, así como los debates y, más aún, si dará los resultados esperados por la población. Al mismo tiempo, queda la incertidumbre sobre que, si la actual Carta Magna se convierta objetivamente en la guía que señale la estrategia para que el país entre, por fin, al camino del progreso sostenido.
