La tensión geopolítica vuelve a golpear de lleno al sector tecnológico. En un movimiento inesperado, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (CNDR) de China ha bloqueado la adquisición de Manus, la startup de agentes de inteligencia artificial que Meta había comprado a finales de 2025 por más de 2.000 millones de dólares. La decisión amenaza con dejar a la compañía de Mark Zuckerberg sin una de las herramientas de IA más potentes, apenas unos meses después de haber cerrado la operación.
El veto chino y sus implicaciones
En un comunicado oficial, la CNDR explicó que “ha tomado la decisión de prohibir la inversión extranjera en el proyecto Manus de conformidad con las leyes y reglamentos vigentes, y ha exigido a las partes involucradas que retiren la transacción de adquisición”. El organismo sostiene que, aunque la empresa trasladó su sede a Singapur para operar bajo leyes internacionales, la propiedad intelectual y el talento se gestaron en Pekín, lo que la mantiene bajo jurisdicción china.
La operación, considerada estratégica por Meta, se enfrenta ahora a un bloqueo que se justifica bajo criterios de seguridad nacional y posibles incumplimientos en materia de inversión extranjera y transferencia de tecnología. Según informaciones locales, dos de los fundadores de Manus habrían visto restringida su salida de China mientras avanza la investigación regulatoria, complicando aún más la situación.
Meta responde con cautela
Aunque la compañía estadounidense no ha emitido un comunicado oficial, un portavoz declaró al medio especializado TechCrunch que “la transacción cumplió íntegramente con la legislación aplicable. Prevemos una resolución adecuada de la investigación”. Sin embargo, el silencio corporativo refleja la magnitud del problema: Meta ya había comenzado a integrar la tecnología de Manus en sus plataformas y trasladado a un centenar de empleados a sus oficinas globales.
El fin del “Singapore-washing” tecnológico
El caso Manus marca un precedente en la estrategia de las startups chinas que buscaban trasladar su sede a Singapur para facilitar su venta a gigantes estadounidenses. Pekín ha dejado claro que no aceptará esta maniobra de escape. Para la CNDR, si el código fuente, los fundadores y la formación inicial de la tecnología ocurrieron en suelo chino, la empresa sigue bajo su jurisdicción, independientemente de dónde esté registrada su oficina principal.
La inteligencia artificial como campo de batalla
Este bloqueo se produce en un contexto de crecientes restricciones tecnológicas entre Washington y Pekín. Mientras Estados Unidos limita el acceso de China a chips avanzados, el gigante asiático refuerza el control sobre el talento y las tecnologías consideradas estratégicas. La inteligencia artificial se convierte en un activo de seguridad nacional, comparable a la energía o al armamento.
El desafío de deshacer lo ya integrado
La orden de rescindir la compra plantea un reto técnico y legal de enormes proporciones. Meta ya ha incorporado algoritmos de Manus en su operativa, con sistemas que aprenden de los usuarios y contratos laborales internacionales en marcha. Separar estas integraciones no es como devolver un producto: implica deshacer bases de datos, desconectar conectores y redefinir procesos. El conflicto podría prolongarse durante años, mientras la tecnología permanece en un limbo de propiedad.
Impacto en agencias y anunciantes
El atractivo de Manus residía en su agente de IA general autónomo, capaz de completar tareas complejas de principio a fin: desde investigación de mercado hasta programación y análisis de datos. Su facilidad de integración con servicios como Gmail, Notion, Stripe, HubSpot, Slack, Google Calendar, Google Drive, GitHub o Hugging Face lo convirtió en una herramienta valiosa para agencias y empresas.
Meta había destacado el crecimiento mensual superior al 20% desde la versión Manus 1.5, impulsado por conectores MCP preconstruidos y servidores personalizados. Varias agencias ya habían incorporado Manus en sus procesos de Paid Media, automatizando informes, análisis de competencia en tiempo real y generación de contenido. Si Meta se ve obligada a desconectar estos sistemas para cumplir con Pekín, el impacto será inmediato en la productividad y en la innovación de sus clientes.
