En la residencia del embajador de Alemania, José Schulz, lo que sobró fue complicidad y humor para despedir a Ertan Yalçin, embajador de Turquía que, después de tres años y medio en La Paz, retorna a su país. Fue un encuentro auténtico, de esos donde las anécdotas personales pesan más que los discursos oficiales.
En sus palabras de despedida el embajador Schulz fue muy espontáneo. «A los diplomáticos les sale natural hablar de ‘puentes y cooperación’ a cualquier hora, pero despedir a un amigo de verdad cuesta. Recordó que ambos empezaron su misión casi al mismo tiempo (con apenas cinco minutos de diferencia en la entrega de credenciales) y que desde entonces se volvieron inseparables.
Entre risas, Schulz destacó el ingenio sutil de Ertan y su famosa táctica de decir «no entiendo en español solo cuando le conviene, porque en la práctica, el embajador turco ya se mueve como pez en el agua con nuestro idioma».
Otra de las divertidas anécdotas de la noche fue la mención a la esposa de Ertan, que es embajadora en Ecuador. Schulz contó que se pasaron estos años sacándose selfies en cada evento para enviárselas a ella y demostrar que el marido estaba «tranquilo» y bien cuidado. Para cerrar el círculo, Yalcin le entregó al anfitrión un regalo sorpresa. Una recopilación de todas esas fotos, la prueba definitiva de su «buena conducta» en Bolivia.
El embajador Yalçin se mostró muy agradecido y confesó que llegó a Sudamérica sin saber qué esperar y sin hablar una gota de español, pero que se va maravillado con el país.
«Cuanto más viajo por Bolivia, más me encanta. Mi corazón se queda aquí y voy a volver, seguro», prometió, mientras agradecía a su equipo de la embajada, a quienes llamó su «familia poderosa».
Como buen futbolero, el embajador Schulz cerró su discurso con deseos de éxito para el Fenerbahçe (equipo de Ertan en Turquía) y un brindis por la salud, citando el clásico lema de INTI: «Porque con salud todo es posible».
El «adiós» de Ertan Yalçin en la residencia alemana
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