La empresa estatal Mi Teleférico atraviesa uno de sus momentos de mayor cuestionamiento técnico y administrativo. Lo que debería ser un servicio de transporte de vanguardia se ha transformado en una fuente de zozobra para los paceños. Entre las 15:00 y las 15:30 de la jornada de ayer, la línea Verde paralizó sus operaciones dos veces de forma abrupta, dejando a decenas de pasajeros suspendidos a gran altura, en un incidente que ya no se percibe como fortuito, sino como síntoma de un deterioro sistemático.
La interrupción de ayer no es un hecho aislado. En días pasados, la línea Morada —el eje conector más importante entre La Paz y El Alto— también registró cortes en su servicio, evidenciando que la inestabilidad se ha extendido a varios ramales de la red.
Esta recurrencia ha pasado de la simple molestia por el retraso a un sentimiento generalizado de inseguridad; la altura de las cabinas respecto al suelo, que en ciertos tramos de la ciudad alcanza niveles imponentes, convierte cada parada técnica en un episodio de pánico para quienes quedan atrapados en el aire.
Lo más alarmante para la opinión pública es la actitud de la empresa Mi Teleférico. Ante las constantes fallas, la estatal ha optado por el mutismo. Este medio de comunicación intentó contactar a los responsables del área técnica y de comunicación, pero no hubo respuesta alguna a los requerimientos periodísticos.
Ese silencio se replica en sus canales oficiales de redes sociales, donde la empresa se limita a publicar contenido promocional mientras ignora las quejas en tiempo real de los usuarios afectados. No existen reportes de fallas, disculpas públicas ni explicaciones técnicas que justifiquen por qué el sistema de transporte por cable más largo del mundo está fallando con tanta frecuencia.
La crisis de gestión también se hace evidente en tierra firme. En la estación de Irpavi, de la misma línea Verde, la infraestructura básica de accesibilidad es una muestra de la falta de previsión.
El ascensor de dicha estación, vital para personas con discapacidad y adultos mayores, funcionaba de manera regular durante la mañana, pero entrada la tarde quedó fuera de servicio sin previo aviso ni personal que oriente a los usuarios.
Este conjunto de deficiencias, sumado a la falta de transparencia informativa, pone en tela de juicio el plan de mantenimiento preventivo de la empresa. Mientras Mi Teleférico guarda silencio, los ciudadanos suben a las cabinas con la incertidumbre de si llegarán a su destino o si quedarán, una vez más, a merced de una falla técnica a cientos de metros del suelo.

FOTO: EL DIARIO
