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Un país de conflictos

David Foronda H.

Es cierto que en cualquier lugar del mundo surgen conflictos sociales, pero no con la recurrencia con la que se dan en Bolivia. Un último informe señala que los hechos de conflictividad, en la gestión de 2025, subieron a 841 o sea mucho más que en los años anteriores, constituyendo la mayor cifra respecto a países latinoamericanos. El balance da cuenta que los denominados “estados de emergencia”, bloqueos de vías y marchas de los diversos sectores agremiados, fueron algo constante, que no se vio en otras naciones, por supuesto.
Lo anterior refleja el grado de problemática que es nuestra sociedad, y no porque así lo quiera la gente, sino debido a la falta de atención a sus necesidades, o por los hechos de injusticia que soporta diariamente. Por ejemplo, han subido los precios de los artículos de la canasta familiar, por mala gestión del gobierno pasado en materia económica, lo que dio paso a las protestas. Lo peor es que esos precios no bajan, y no bajarán, según un experto, como en el caso de la carne de res, que ahora es considerado un alimento de lujo, pues dejó de ser alimento cotidiano, ya que hoy tiene precios prohibitivos para las mayorías, y al mismo solo tienen acceso cotidiano los que disponen de altos ingresos monetarios.
Se puede advertir que la in-equidad social está a la vista, lo que tristemente no puede ser solucionado, al igual que la carencia crónica de fuentes de trabajo, por parte de las autoridades de los distintos regímenes gubernamentales que van pasando al mando de la nave del Estado. Es lo que, de un modo u otro, ocasiona conflictos sociales a los que se hace referencia.
Pues, bien, actualmente nuestra población tiene la esperanza de que las cosas negativas puedan ser reducidas con el actual gobierno, lo cual significa que el mismo carga sobre sus hombros una tremenda responsabilidad, sin que esto signifique que la población en su conjunto no dejará de poner el hombro al país, como siempre lo ha hecho. De ahí que no se debe dar paso al desánimo y, por el contrario, fomentar que el espíritu de unidad verdadera cunda en Bolivia, será lo mejor. Pero si gente embozada y agazapada para clavar el puñal por la espalda sigue actuando impunemente, no se podrá quitar ese estigma de “país con mayor grado de conflictividad”. De manera que los gobernantes de hoy tienen una enorme y trascendental obligación con Bolivia y los bolivianos.

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