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La clase política

Eric L. Cárdenas del Castillo

Si bien para la Sociología la clase social está determinada por una serie de condiciones que hacen que los individuos pertenezcan a un determinado nivel dentro de la sociedad (nivel de educación, ingresos, etc.), entre esas condiciones está la actividad a la que se dedican, de donde se señala a la clase médica, la clase militar, etc. Así señalaremos como clase política a los individuos que se dedican a los asuntos del Estado, pues la política es la actividad que busca el poder político.
Toda sociedad requiere de un grupo de individuos que se dediquen a los asuntos del Estado, es decir que estén preparados, que se hayan formado en ciencias sociales, que tengan como experticia el manejo de las cosas públicas. Estos individuos constituyen una élite por su significación social, pues por el rol que desempeñan, les corresponde un estatus, el liderazgo político, es decir el lugar que ocupan dentro la sociedad. Esta actividad suele ser bien considerada o, por el contrario, criticada; los políticos tienen adherentes y detractores.
En nuestro país, la clase política se formaba en las aulas universitarias, es decir que las universidades además de formar profesionalmente a los individuos que cursaban estudios, entregaban a la sociedad un grupo de gente formada para dirigirla. Esos individuos hacían una carrera política, que comenzaba por la dirigencia universitaria, y las formaciones juveniles de los partidos políticos, hasta llegar a los niveles de dirección de los partidos. Además las universidades eran laboratorios de formación de ideas políticas.
El rol de formación de dirigentes e ideas políticas en las universidades, perduró hasta la llegada al poder del populismo al socialismo, el que liquidó las élites políticas, reemplazándolas por los dirigentes de las organizaciones sociales. Debilitó el sistema de partidos políticos e impuso una política hegemónica de gobierno. Esta política de gobierno, dio lugar a la improvisación, el bajo nivel de conocimientos y, por supuesto, la corrupción y bajo desempeño.
En nuestra historia, los dirigentes y gobernantes, en especial desde fines del Siglo XIX fueron individuos que emergieron de una carrera política, en partidos políticos con cierta tradición de postulados ideológicos, como lo fueron los liberales y conservadores. En el Siglo XX, luego de la guerra del Chaco emergieron corrientes nacionalistas con FSB y el MNR, socialistas con el PIR, el POR y otros. En esos partidos sus dirigentes se destacaron por sus altas calificaciones intelectuales, como José Antonio Arze en el PIR, Gustavo Navarro (Tristán Marof) en el POR, Óscar Únzaga de la Vega, Gonzalo Romero, Mario Gutiérrez y otros en FSB, Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Zuazo, Walter Guevara Arce, Juan Lechín y otros en el MNR. En las décadas posteriores, también se dio una pléyade de dirigentes políticos.
En el largo régimen del populismo que nos gobernó casi dos décadas, la dirigencia política, ha sido en general mediocre, salvo algunos individuos, que se destacaron más por sus discursos demagógicos e imposturas, fruto de ello es la aguda crisis que nos agobia, y los altos índices de corrupción. Si echamos una mirada a los asambleístas del reciente pasado populista, nos encontraremos con individuos de escasa formación y peor desempeño.
Los partidos que luego del ciclo militar gobernaron el país, han desparecido o han disminuido su militancia e importancia en el quehacer político, pero a su vez aparecen y desaparecen partidos y grupos electoralistas, que se forman al calor de alguna candidatura, pero qué muy poco aportan al tratamiento de la problemática nacional y sus soluciones.
Luego de las elecciones generales de noviembre del pasado año, y la de la primera elección donde fueron elegidos los más votados, ahora para las elecciones sub nacionales de gobernaciones departamentales y alcaldías municipales, se han organizado más de un centenar de agrupaciones políticas, con miles de candidatos a ocupar las gobernaciones y alcaldías, la mayoría con escaso respaldo, casi desconocidos y con propuestas difusas.
El desarrollo social de nuestro país, requiere, primero, un mayor interés de los jóvenes en los asuntos del Estado, de su problemática y una visión de desarrollo y progreso, luego de las dos décadas de régimen populista, que poco bueno ha dejado al país; una estricta formación cívica en las escuelas y mejora del nivel académico en las universidades; la organización de partidos no solo electoralistas, sino de permanencia en el tiempo, que respondan al momento histórico por su ideología y programas; líderes y dirigentes que tengan credibilidad y respaldo en la opinión pública. Los partidos históricos que aún perviven, deben readecuar sus programas, enfocándolos a estos tiempos de cambios tecnológicos, y perspectiva humana, partiendo precisamente, de su pasado histórico, ensamblando el presente con el pasado y el futuro.

El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.

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