El sector lechero boliviano se encuentra al borde del colapso, luego de una década de precios congelados. Desde 2012, la vigencia de una franja de precios fija ha provocado el cierre de más de 200 lecherías y una caída del 30% en la producción nacional durante los últimos cinco años, una crisis estructural que hoy pone en jaque el abastecimiento de leche blanca en todo el país.
Representantes de la Federación Departamental de Productores de Leche (Fedeple) y la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) sostuvieron un encuentro con los medios para alertar sobre las consecuencias de la intervención estatal. Según las instituciones, la fijación de precios no solo falló en sus objetivos, sino que desmanteló la capacidad operativa de los productores.
El panorama para el sector productivo es alarmante. Klaus Frerking, presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente, advirtió que la producción de leche en el departamento ha sufrido un retroceso histórico, regresando a los volúmenes registrados hace más de una década.
De haber alcanzado un techo de 320.000 litros diarios en sus mejores años, la cifra se ha desplomado hasta los 225.000 litros actuales; una cantidad incluso inferior a los 257.000 litros que se producían en 2013. Esta caída no solo rompe la tendencia de crecimiento, sino que coloca a la industria en una situación de vulnerabilidad extrema.
“Este retroceso es una prueba clara de que las políticas aplicadas no funcionan y, lo que es peor, siguen vigentes a pesar del fracaso evidente”, sostuvo.
La crisis sectorial ha provocado una sangría evidente en Santa Cruz: el 25% de los productores se ha visto obligado a abandonar el rubro. Esta deserción se traduce en cifras alarmantes para la industria, con un censo de ganado en ordeño que se desplomó de 35.000 a apenas 22.000 cabezas diarias.
