El próximo miércoles 18 de febrero, la Copa Libertadores 2026 pondrá a prueba los nervios del fútbol continental.
Nacional Potosí se estrena en la segunda fase de la Copa CONMEBOL Libertadores, recibiendo a un gigante, Botafogo, en un duelo donde la altitud de la Villa Imperial vuelve a ser el fantasma que desvela a los clubes brasileños.
No es para menos: el historial en el Víctor Agustín Ugarte dicta que el «Rancho Guitarra» es un verdugo de jerarquía, habiendo despachado anteriormente a Fluminense (2-0) y Fortaleza (4-1) en la Sudamericana.
Sin embargo, para el equipo del profesor Leonardo Égüez, la mística de la altura no basta. La reciente eliminación en el Torneo de Verano ante su clásico rival, Real Potosí, ha encendido las alarmas. El cuerpo técnico sabe que la falta de efectividad y definición mostrada en el torneo amistoso es un lujo que no se puede permitir ante un rival de peso internacional. En una llave que se define por puntos y diferencia de gol, cada llegada al arco brasileño debe ser una sentencia.
La estadística es clara y cruel a la vez: Nacional Potosí es imbatible y goleador en casa, pero su talón de Aquiles aparece al bajar al llano, donde ha sufrido duros reveses como el 0-3 ante el «Flu» y el doloroso 0-5 frente a Fortaleza. Por ello, la misión este miércoles es clara: obtener una renta de goles lo suficientemente amplia para blindarse antes de pisar suelo brasileño.
Brasil teme a Potosí y Nacional debe pulir su puntería para que ese miedo se transforme en una ventaja real.
El «Rancho Guitarra» tiene una semana para ajustar sus piezas y demostrar que en la Villa Imperial, más allá del oxígeno, lo que realmente falta es piedad ante el arco rival. La Libertadores no espera y ojalá Potosí esté listo para el desafío.
GHILKA SANABRIA
