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La dignidad nacional y un impasse oficial

Una vez que el pueblo boliviano empezó a limpiar la sórdida imagen con que dejó al país el nefasto régimen del Movimiento al Socialismo, durante veinte años de desgobierno populista, de inmediato y cuando nacía un nuevo gobierno, fuerzas conservadoras y reaccionarias iniciaron una ofensiva para seguir deteriorando la nueva unidad democrática y nacional.
En efecto, el vicepresidente, electo con el nuevo presidente, empezó a dar signos de poner en vigencia ideas extrañas, propias de actividad política autónoma, para disminuir las atribuciones del primer mandatario. A pesar de críticas surgidas desde la opinión pública, continúan declaraciones del vicepresidente en sentido de oponerse a algunas disposiciones gubernamentales, lo que causa preocupación sobre cómo serán encarados los asuntos de Estado.
Sin embargo, este intento de confrontación, giran alrededor de asuntos que podrían ser encarados de otra manera, debido a causas subterráneas, pasaron a ocupar el primer plano de la política del país, aunque más en tono humorístico que de seriedad. Pero tal conducta adquirió resonancia internacional y hasta se pensó en algunos medios diplomáticos que se trataba de un intento solapado para restaurar el dominio de Evo Morales, quien, además, fue inculpado de una conspiración para actualizar su figura, a pesar de que ya pasó su cuarto de hora.
De todas maneras, la actitud del vicepresidente de rechazar medidas gubernamentales, causó revuelo en medios diplomáticos y en miles de bolivianos que viven exiliados en el extranjero. El desprestigio del país por ese incidente, empero, crece, pues el vicepresidente retorna con frecuencia a estos afanes y, a pesar de los cuestionamientos en su contra, afirmó que “pasó a la oposición al presidente Paz”.
Todos esos detalles son, en realidad, de pequeña monta. Pese a ese aspecto, el asunto de carácter interno siguió flotando, sin que sea considerada la máxima “los trapos sucios se lavan en casa”. Así la imagen del país –ya bastante dañada por el cruce de palabras entre las dos altas autoridades nacionales– queda deteriorada, sin que se trate de alguno de los grandes problemas que padece el país y cuyas soluciones son relegadas, en vez de ser encaradas sin tardanza.
En todo caso, el impasse entre las dos autoridades, si bien causa extrañeza porque la población esperaba un gobierno sólido para encarar graves problemas dejados por gobiernos masistas, también provoca desprestigio internacional, que es muy difícil desmentir. Y no se deja de pensar en qué maniobra estaría embarcado el vicepresidente. Por lo demás, en nuestra historia anecdótica existen episodios de tal naturaleza, con los que se trata de crear en Bolivia un gobierno con dos cabezas.
Mientras tanto, cabe recordar que los dos altos personajes, juraron cumplir lo establecido en la Constitución Política y hacerla cumplir, en el solemne acto de transmisión de mando, hace dos meses. Por otra parte, no se debe dejar pasar un principio político universal, de enorme importancia para todos los países que se respetan, y que sostiene: “la dignidad de los gobernantes, es la dignidad de las naciones”.

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