La coyuntura se ha tornado compleja. Pese a ello deberíamos seguir trabajando, por una Bolivia progresista y competitiva. Deponiendo actitudes beligerantes y “bloqueadoras”. Asumiendo tareas constructivas. Despojándonos de intereses particulares y mezquinos. Aunando voluntades políticas, para lograr la reconstrucción nacional. A fin de evitar el retorno del pasado funesto, que significó un país quebrado. No debemos permitir el retroceso, que buscan quienes usufructuaron del Poder durante veinte años. Los bolivianos estamos conminados a llevar las aguas al molino de la Patria. No hacerlo significaría traición a ella. Las próximas generaciones cuestionarían duramente ese hecho.
No faltaron quienes paralizaron la economía nacional. Recurriendo, en consecuencia, a medidas intransigentes, contra el DS 5503. Trataron de imponer sus decisiones, en deterioro de la paz social. En tiempos de crisis, nada menos. Cuando se requería trabajar y producir aún más. Obstruyeron las actividades de importación y exportación, que son vitales para solventar el erario nacional. Atentaron contra el comercio y la industria. Contra el turismo, en particular. Y contra a la libre circulación de personas y de motorizados. Cercaron la ciudad de La Paz, evitando que ingresen artículos de consumo. Las pérdidas fueron enormes. Ahuyentaron la llegada de divisas. Agudizaron el elevado costo de vida, que ocasionaron los gobiernos de tinte socialista. En desmedro de sectores menos favorecidos que jamás percibieron ingresos mensuales ni gozaron de seguro social. Generaron zozobra e incertidumbre entre la población. Ni con las dictaduras se había visto situación de esa naturaleza.
¿En qué mundo vivían? ¿Qué consigna obedecían? El mundo que vivimos es Bolivia, que aspira avanzar con desarrollo sostenible, para construir un futuro llevadero, tras un periodo socialista frustrante. La consigna es trabajar para salir de la desastrosa situación económica. La población, en su mayoría, ya asumió el espíritu del nuevo modelo, que conlleva la eliminación de la subvención a los combustibles, el incremento al salario mínimo y a los bonos sociales, para sectores vulnerables. Las organizaciones vivas, apoyan esa postura. Felizmente existen, en este contexto, instituciones internacionales que han ofrecido su asistencia, para que Bolivia avizore días mejores. En los últimos años no hubo señales de esa naturaleza.
La ciudadanía impulsa, en este nuevo ciclo de la democracia, el objetivo de la reconstrucción nacional. Esa renovada alternativa ha incursionado, frente al fracasado esquema estatista de los últimos años. La salvación de Bolivia no surgirá de la politización, sino del entendimiento y de la voluntad política. Las arengas disgregadoras no deben tener cabida en esta cruzada de interés común. Quienes se identifican con Bolivia, deberían trabajar por la paz. Y quienes son enemigos de ella, acopiarán piedras para frenar su bienestar.
En suma: Bolivia requiere paz para superar su postración económica y acreditar su imagen democrática ante la comunidad internacional.
Una realidad compleja
Severo Cruz Selaez
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