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El arte de negociar

Ernesto González Valdés

Sin duda el verbo negociar, procede de la palabra negocio, cuyo significado es: «método de formar u obtener dinero a cambio de productos, servicios, o cualquier actividad que se quiera desarrollar».
Analizando sus acepciones, encontramos que se relaciona con:
«Tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros (*), mercancías o valores para aumentar el caudal».
«Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro».
Por ello identifico que «el arte de la negociación es una estrategia fundamental en la toma de decisiones y un proceso mediante el cual las partes, en todas las áreas de la vida y en todas las disciplinas y profesiones, intentan resolver conflictos y llegar a acuerdos, compatiblemente con sus necesidades e intereses».
Pero, ¿resulta sencillo negociar?, no necesariamente si analizamos que este rol se ve acompañado de un sinnúmero de competencias propias de su entorno, así como socioemocionales, siendo éstas últimas:
– Empatía
– Escucha activa
– Asertividad
– Capacidad argumentativa y persuasiva
– Paciencia
– Confianza en uno mismo
– Flexibilidad
– Tolerancia al riesgo
– Capacidad de adaptación
– Persuasividad
– Saber concretar
A lo anterior se suma que un buen negociador no debe perder, (aunque en ocasiones perdiendo los resultados pueden ser mucho más beneficiosos para los diferentes actores), para lo cual hay determinadas técnicas –por falta de espacio no las profundizaremos–, que al menos nos inducen a otras competencias, siendo éstas la negociación colaborativa (ganar – ganar), competitiva (ganar – perder), flexible (perder – ganar) y evitativa (perder – perder).
¿Y en el caso de los que ejercemos la docencia? Si analizamos las habilidades o competencias socioemocionales antes referidas, apostaría a que son necesarias para la “investidura” de un profesional de la educación.
¿Acaso no solemos establecer reglas o normas de conducta en la clase que impartimos, vinculadas al reglamento institucional e inclusive algunas propias, sin necesidad de leerles el documento como tal?
Les cito un ejemplo, como es la puntualidad –a la que le doy mucho valor- de estudiantes en el aula. Se requiere entrar a la misma 5 minutos antes de su comienzo, lo cual constituye un proceso de crear el hábito y hacerlo costumbre.
Por supuesto, no todos lo cumplirán en un primer momento, pero con mucha paciencia, sin necesidad de ‹cerrar la puerta›, entrará el proceso de negociación, que, apoyándome en una de sus definiciones, es «tratar asuntos… privados procurando su mejor logro», por lo que será necesario conversar.
Para lo cual se requiere mucha paciencia, tolerancia e inclusive exigencia. ¿Y para los casos de estudiantes cuya conducta no es consecuente con sus actos?, sencillo, habrá que hacerles entender que será necesario continuar fortaleciendo su desempeño en valores.

(*) Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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