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Asedio a fábrica de agua de Tarija

Abraham Coaquira Huancollo

El Parque Nacional de Flora y Fauna Tariquía (PNFFT) es un soporte ecológico de suma importancia en la parte sur de Bolivia. Esta zona protegida, que ocupa 246.870 hectáreas y se sitúa entre los 500 y los 3.500 metros sobre el nivel del mar, fue establecida con el propósito de proteger el ecosistema de las Yungas Andinas, conocido también como selva tucumano-boliviano. Su importancia va más allá de la conservación de especies, porque su principal función es ser la fábrica de agua del triángulo sur de Tarija, controlando el régimen hídrico de las cuencas de los ríos Bermejo y Grande, que son arterias esenciales para esa zona. Este servicio ecosistémico capital se basa en un clima de precipitación elevada, que varía entre 900 y 3.000 mm al año, y en la presencia continua de selva nublada en sus áreas superiores; estos elementos juntos dan lugar a un entorno de extraordinaria riqueza biológica.
En una biodiversidad impresionante que justifica completamente su condición de protección, se refleja la siguiente riqueza. El parque tiene un inventario de 609 especies vegetales, 58 de mamíferos (incluyendo el jaguar o el oso andino y jucumari como depredadores tope), 64 de peces y 241 de aves. No obstante, este patrimonio natural no es un lugar deshabitado. Dentro de él, unas 4.000 personas distribuidas en 15 comunidades viven su vida, estableciendo una relación de dependencia e influencia sobre los recursos de la zona. Esta coexistencia caracteriza la complicada dinámica del PNFFT, en la que resulta indispensable que el elemento humano esté incluido en la conservación.
Es necesario situar este territorio dentro del bosque tucumano-boliviano para entender su singularidad. Desde el centro de Bolivia hasta el noroeste de Argentina se distribuye este ecosistema, que es una formación de bosques semihúmedos situada en las laderas del lado oriental de los Andes. En el país, la parte más importante y mejor conservada de éste se ubica exactamente en el departamento de Tarija, dentro del PNFFT. Además, se extiende por fragmentos a Cochabamba, Santa Cruz y Chuquisaca. La notable diferencia en la composición de su vegetación, que se establece por medio de pisos ecológicos diferenciados y especializados (altimontano, montano y submontano), es consecuencia de su extenso gradiente altitudinal, que va desde los 650 hasta los 3.600 metros.
Las cualidades bioclimáticas y estructurales de este bosque son la base de su valor y resiliencia. Su clima es subtropical monzónico, con una marcada estacionalidad de las precipitaciones: alrededor del 80% de las lluvias, que pueden sobrepasar los 1.800 mm, se dan en la época de verano. Esta dinámica ha generado una comunidad vegetal de enorme complejidad y diversidad, en la que especies valiosas de madera como el cedro, el lapacho y el nogal coexisten con un porcentaje significativo de endemismo, calculado entre 16% y 18% de sus plantas vasculares. La madurez ecológica del bosque se refleja en su estructura, que evidencia una regeneración natural continua. No obstante, esta fortaleza intrínseca se ve sometida a presiones externas como la fragmentación del hábitat y la invasión de especies exóticas, que anticipan vulnerabilidades más profundas.
La más importante de estas vulnerabilidades proviene de la actividad humana y ha escalado a una crisis de gobernanza. Una rezonificación interna impulsada por el Estado, que ha alterado los planes de manejo para degradar zonas de protección estricta a categorías que habilitan actividades hidrocarburíferas, pone en grave riesgo la integridad ecológica y jurídica del PNFFT. Este proceso, llevado a cabo de manera poco transparente y con insuficientes consultas previas, no solo socava el marco legal de conservación, sino que también rompe el tejido social de las comunidades al crear desconfianza y división.
Los análisis técnicos de imágenes satelitales demuestran un deterioro severo en la salud de la vegetación a lo largo de unas pocas décadas, lo que pone de manifiesto un ecosistema estresado. A esta declinación se añaden amenazas serias como los incendios forestales recurrentes de gran alcance, que arrasan con miles de hectáreas, y la introducción de especies vegetales invasoras que reemplazan a la flora autóctona. La caza furtiva del jaguar, como represalia por disputas con la ganadería, es un caso documentado que muestra el impacto directo en la fauna emblemática. En conjunto, esta convergencia de amenazas sistémicas socava la función central del PNFFT: su capacidad para regular el ciclo hídrico. La opinión es basada fundamentalmente en estos autores: como Campanini (2022), Peñaranda Barrios et al. (2024), Ayala Bluske (2004), Leaño Sanabria (2022) y Gaite Úzqueda (2019).

El autor es Profesional de Turismo y Relaciones Internacionales.

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