Cuando Evo Morales asumió la presidencia de la República de Bolivia, afirmó que en 10 o 20 años el país estaría mejor que Suiza. No obstante, ¿después de 20 años qué queda de esa ilusión? Una cloaca, una multimillonaria estafa al pueblo de Bolivia y lo que se viene será aún más descarado y escandaloso, según el mismísimo mandatario actual. Para colmo de males, un reconocido político y abogado cruceño, quien candidateará a la gobernación por dicho departamento, sueña con que Santa Cruz sea la nueva Dubái. Pero, ¿será que al menos conoce el país? O, por último, ¿habrá recorrido su departamento para desear que sea Dubái? ¿Cómo lo logrará?
Es evidente que luego de 20 años de manoseo político a la cosa pública, a sus instituciones y sus órganos de poder, hoy ya veamos o escuchemos con claridad deseos de una Bolivia mejor, más productiva, con mayor desarrollo y progreso. Pero, ¿eso de decir la nueva Dubái? Me recuerda a aquel quien vino del campo, lleno de deseos citadinos, a decir que en 10 o 15 años Bolivia será Suiza o, peor, que estaríamos mejor que Suiza, sin haber conocido nuestras fronteras primero. Es decir, despropósito y deseo contradictorio que jamás pudimos ver realizado. Es más, ni siquiera los ministros, viceministros, por más de pueblo que hayan sido, usaban transporte público, como sí los gobernantes en Suiza hacen. Es decir, ni lo mínimo pudimos imitar, pero para hablar son campeones.
Con relación a Suiza, es más pequeña que Oruro como departamento, pero su cultura, pasado, costumbres y relevancia política en el mundo para nada es similar. Por el contrario, aun así, el deseo era ser igual o mejor que ellos, pero ¿en qué? ¿En banca, carreteras, población, lengua, humildad, sencillez? ¿Al menos neutralidad política tenemos? Nada con que compararnos, y con Dubái, peor.
Primero, en Dubái se tiene un altísimo costo de vida, ¿será que en Santa Cruz su gente lo desee así? Además, existen variadas restricciones culturales y legales (basadas en la ley Sharia, afectando la libertad de expresión y comportamiento público; las críticas políticas o religiosas, las muestras públicas de afecto y las relaciones homosexuales están prohibidas). Por lo que hay allá, me sorprendería que deseen que se les trate igual que en aquel emirato. El tráfico de motorizados y ruido, es significativo, no solo por los atascos o embotellamientos. El alto nivel de ruido afecta indudablemente la tranquilidad, amando los dubaities el claxon o bocina y no sé si sea igual en Santa Cruz. Allí hay un mercado laboral de menos a más, existiendo una gran brecha salarial y de oportunidades entre los trabajadores altamente calificados y los inmigrantes de baja calificación. Y para colmo de males y por ahí que quizá quiera ser comparada y deseada para Bolivia, existe un auge del turismo que ha llevado a desafíos de sobrecarga en la infraestructura, de mucha calidad, de mucho costo, pero que al final solo es visible y no útil como los dubaities desearían. Por lo que, ojo con lo que se desea para Santa Cruz. ¿Que sea la Dubái para Bolivia? Dubái para América del Sur?, es cuento evista y como tal falso y mucha ilusión, pero nada de acción y menos realidad.
Finalmente, grandes sorpresas estamos viendo rumbo a las elecciones subnacionales 2026, pues candidatos renuevan sus aspiraciones de ser nuevamente alcaldes. Vemos caras nuevas pero viejas deseando ser gobernadores, caras nuevas y muy jóvenes deseando tener al menos poder municipal o departamental. Sin embargo, no hemos identificado a algún partido político per se, con nomenclatura política, valores o principios políticos, con discurso político, que se identifique con alguien o algo. Solo vemos caras nuevas, no tan conocidas y otras conocidísimas que desean ser parte de algún cambio, pero, ¿de qué cambio hablamos? Si hasta se animan a ofrecer que Santa Cruz sea la nueva Dubái, pero, ¿con qué dinero? ¿Cuánto se necesitaría? ¿De cuánto será el aporte gubernamental? ¿Del gobierno autonómico? ¿en qué tiempo se tendrá la nueva Dubái? ¿Cuánto del inversor privado del extranjero? y ¿con qué costo? ¿Bajo qué premisas o promesas de inversión?
En fin, muchos creerán que siguen hablando con “levanta manos” o prometiendo a los corderos menos lobos. Pero si hablaran de competencias exclusivas, privativas, compartidas, recurrentes, para hacer esto, aquello, más por acá, menos por allá, etc., escucharíamos claridad en propuestas y quién sabe convenzan así a la prole, incluso convenzan a otros de distintas regiones. Por eso, debiera reflexionarse y tipificar como delito cada falsa promesa política, porque mañana alguien podría decir mejor independencia para todos y así estaremos mejor, y adiós Bolivia.
El autor es abogado.
