Se impone el tiempo de compartir, renunciando a la mezquindad. Renunciando a cierto porcentaje de los elevados salarios mensuales que perciben algunos. En una época de “vacas flacas”. En circunstancias donde se observa cacerolas vacías, como consecuencia de los despropósitos de gobiernos del pasado inmediato. Deberían declinar a sus intereses personales, a favor de los más humildes de la población nacional. Deberían contribuir con actos de desprendimiento. Ello significaría compartir con los estratos sociales menos favorecidos, que representan un elevado número de los once millones de bolivianos. Que poseen escasos recursos para sobrevivir y educar a sus hijos. Habría que interesarse en esa situación. Es necesario que muestren espíritu de hermandad y solidaridad, en un momento como el que estamos atravesando.
Todos deberíamos ajustarnos el cinturón. Es injusto y reprochable que haya gente con elevadísimos salarios mensuales. Entretanto, el 80 por ciento de la población vive del comercio informal. Es injusto y reprochable porque va contra las genuinas aspiraciones de mejores días de las mayorías. Son haberes superiores a los que percibe el presidente de la República, quien es responsable de la conducción del Estado. Que asume medidas, por Bolivia, arriesgándose, inclusive. Lo hace en la histórica perspectiva de construir un país progresista y competitivo. Todo ello por el bien común. Sobre quien recaen las injurias, más hirientes, de aquellos desplazados de ciertos privilegios.
Es injusto y reprochable que haya personas, que apenas tienen para sobrevivir. Trabajadores del subsuelo, incluso, con irrisorios salarios. Una realidad que fue profundizada en los últimos 20 años. A pesar que hubo una época de bonanza económica, como resultado del auge gasífero. Llovían los billetes verdes, por la exportación a países vecinos. Decían, entonces, que nuestra economía estaba blindada. Pero derrocharon es dinero, alegremente. Pensaron que las cosas no iban a cambiar. Que la lluvia de dólares iba a durar. Que nuestros recursos energéticos no se iban a agotar. Ahora hay gente que no tiene empleo. Que no tiene posibilidades, para impulsar emprendimientos. Que vive al día. Si vende algo, tiene para comer. Si no vende, no tiene para comer. Situaciones que provocaron la diáspora de la juventud, hacia países vecinos. En busca de un destino mejor, indudablemente.
Gobernantes y gobernados, deberían ser solidarios. Asumir, en ese contexto, una elevada sensibilidad social, ante el sufrimiento del pueblo boliviano. Tratar de nivelar los salarios, en consecuencia, acorde con la realidad nacional. Que no haya grupos privilegiados ni postergados. La austeridad, en tiempos destinados a la búsqueda de un venidero prometedor, debería recaer sobre todos los estratos sociales. No es permisible que pocos amasen fortuna y los más se mueran de hambre.
En suma: Bolivia con actos de solidaridad y desprendimiento superará la adversidad. Así también con esfuerzo y sacrificio.
El tiempo de compartir
Severo Cruz Selaez
- Advertisment -
